La búsqueda de un hogar propio en Brooklyn, Nueva York, parecía casi imposible para Crissy Spivey y John Richie. Sin embargo, tras semanas de recorridas y ajustes de expectativas, la pareja encontró una propiedad amplia, funcional y por debajo de su presupuesto de 1 millón de dólares.
El proceso fue largo y exigente, con visitas a propiedades con distintos niveles de deterioro. Así, hallaron opciones que, aun dentro de los límites del mercado inmobiliario de Nueva York, cumplían con los requisitos de la familia.
El presupuesto marcó los límites desde el inicio. Querían permanecer cerca de Ditmas Park, de la escuela de su hija y del tren Q, aunque sabían que las casas victorianas de la zona estaban fuera de su alcance.
La búsqueda de una nueva propiedad en Nueva York comenzó con una división de tareas: Spivey exploraba opciones en línea y Richie caminaba por distintos barrios en busca de carteles de venta.
Según su agente, Rachel Skumanich, algunas viviendas parecían detenidas en el tiempo: “Vimos cosas que eran como cápsulas del tiempo”.
Por otra parte, la pareja debía mantener impecable su propio departamento para cada visita de potenciales compradores, algo que describieron como agotador. “Tuvimos que sacar la vida de nuestra vida”, dijo Spivey en diálogo con The New York Times.
Durante el recorrido aparecieron tres alternativas que cumplían con las condiciones que buscaban:
Finalmente, se decidieron por la segunda opción, la casa en West Midwood. Pero el proceso no concluyó ahí, debieron hacer trabajos de electricidad, plomería y mejoras en la cocina.
Ahora, ya instalados, aseguran que la diferencia en calidad de vida es evidente: “Antes, teníamos que disfrutar de las mismas cosas al mismo tiempo”, recordó Spivey. “Tener más de un baño ha sido un cambio absoluto”, agregó.
En la nueva propiedad planean cultivar vegetales en el jardín y sumar una parrilla. Lo único que no lograron fue conseguir una propiedad con estacionamiento, por lo que ahora dejan el auto sobre la avenida. Tampoco les molesta el ruido del tren elevado, cuyas vías pasan detrás de la casa, y gracias al que su hija llega fácilmente a la escuela.
Además, los antiguos dueños continúan en el barrio y aun los ayudan cuando surge alguna duda, como el funcionamiento de la caldera.
“Es genial saber que tenemos un coach que conoce la casa muy bien”, contó Spivey. “Nos mostraron todas las rarezas, cómo funcionaban las luces, y parecía una sitcom de los años 80”, concluyó.
