La Navidad es una de las fechas más importantes en Estados Unidos y el mundo para las familias, ya que se activan las tradiciones y se comienza a decorar el hogar con el clásico árbol navideño. Y pese a que no existe una fecha exacta para el armado, muchas personas se guían por las creencias religiosas y culturales.
La fecha ideal para colocar el árbol de Navidad es el primer Domingo de Adviento, es decir, cuatro semanas antes de la celebración del 25 de diciembre, que este 2025 será el 30 de noviembre, de acuerdo con Telemundo.
De igual manera, otra tradición religiosa estipula que el árbol navideño se debe armar el 8 de diciembre, cuando se celebra el día de la Virgen Inmaculada o Virgen de la Purísima Concepción. En ambas fechas, la Iglesia católica considera que es una ocasión idónea para comenzar a decorarlo, ya que simboliza la preparación para el nacimiento del Niño Jesús.
Esta última fecha es la más común entre los países latinos donde predomina la religión católica, ya que representa pureza y disposición para la llegada del Salvador, por lo que la decoración del árbol adquiere un significado de fe y esperanza, con la oportunidad de bendecir los hogares y a sus residentes.
Asimismo, durante este periodo, las comunidades religiosas, especialmente la cristiana, reflexionan sobre la importancia de la esperanza y la paz interior, que se refleja en la decoración de los hogares.
De acuerdo con las diversas creencias y tradiciones populares en Estados Unidos y otras partes del mundo, estas son algunas de las fechas en que se acostumbra colocar el árbol de Navidad.
De acuerdo con National Geographic, el origen del árbol de Navidad tiene sus antecedentes desde antes de Cristo, ya que desde entonces los romanos adornaban las puertas de las casas con laureles y encendían luminarias durante los festivales de invierno.
También, los Celtas fueron los primeros que comenzaron a adornar los troncos y ramas de los robles con frutas y velas durante los solsticios de invierno, como una forma de “reanimar” el árbol y asegurar así el regreso del Sol y la vegetación, el siguiente año.
Posteriormente, el cristianismo adoptó y transformó estas prácticas paganas. Muestra de ello fue cuando un misionero llamado Bonifacio taló un árbol frente a unos lugareños, para comenzar a leer el Evangelio y después ofrecerles un abeto, un árbol que representa la vida eterna porque “sus hojas siempre están verdes”.
A partir de este suceso, se comenzaron a talar abetos en Navidad y, por alguna extraña razón, se colgaban de los techos de las casas. Fue Martín Lutero el primero que puso velas sobre las ramas del moderno árbol de Navidad, porque “centelleaban como estrellas en la noche”.


