El inicio de diciembre siempre trae consigo una necesidad casi instintiva de volver a los postres que evocan hogar. Entre ellos, el pay de manzana ocupa un lugar especial: cálido, especiado, familiar.
Aunque su origen suele rastrearse a Inglaterra y posteriormente a Estados Unidos —donde se convirtió en un símbolo nacional desde el siglo XVII—, en México la manzana tiene una historia propia.
Llegó con los españoles, se adaptó al clima del norte y dio pie a una de las industrias frutícolas más importantes del país. Hoy es la base de empanadas, panes dulces y pays presentes en cualquier mesa decembrina.
En la Edad Media, los “pies” no eran como los conocemos hoy. Eran envueltos en costras tan gruesas que solo servían como contenedor del relleno, no como parte del postre. Su función era preservar alimentos durante largos periodos. Con el tiempo, esa costra se refinó hasta volverse protagonista.


