La liturgia católica inauguró este domingo un nuevo ciclo anual con la primera jornada de preparación para la celebración del nacimiento de Jesús. Millones de fieles iniciaron la cuenta regresiva espiritual de cuatro semanas que antecede a la Navidad y encendieron la primera vela de la corona como símbolo de vigilia. Este tiempo religioso marca el ritmo de las celebraciones de fin de año y establece el camino hacia la Nochebuena.
La palabra deriva del latín adventus, término que significa “venida” o “llegada”. La Agencia Católica de Informaciones (ACI Prensa) define esta etapa como un momento especial de organización espiritual que marca el comienzo de un nuevo Año Litúrgico para la institución eclesiástica. La fecha de inicio es móvil y depende directamente del calendario santoral.
La tradición dicta que el Adviento comienza siempre el domingo más cercano a la fiesta de San Andrés Apóstol, ubicada en el santoral el 30 de noviembre. La coincidencia exacta ocurrió este 2025, ya que la festividad del santo cayó en domingo.
Esto determinó que el período litúrgico arrancara precisamente en esa jornada. La duración abarca los cuatro domingos previos a la Navidad y finalizará el miércoles 24 de diciembre.
Los sacerdotes utilizan vestimentas de color morado durante las misas de estas semanas. Este tono simboliza la austeridad y evoca un sentido de penitencia necesario para la conversión de los fieles. La decoración de los templos y los hogares acompaña este sentimiento con la corona de ramas verdes.
La Iglesia divide este tiempo en dos partes con enfoques teológicos diferenciados. Las lecturas bíblicas y las oraciones cambian su intención a medida que se acerca la fecha festiva. Los textos del profeta Isaías, San Juan Bautista y la Virgen María sirven como modelos de espera para los creyentes.
La recreación del nacimiento de Jesús de Nazaret acompaña al árbol navideño como uno de los símbolos centrales de la temporada. La costumbre tiene su origen en el siglo XIII. San Francisco de Asís inauguró el primer “Belén” en la Navidad de 1223. El santo católico buscó representar la humildad del escenario donde, según los evangelios de San Mateo y San Lucas, nació el Hijo de Dios.
La ubicación de las figuras responde a una jerarquía específica. La imagen del Niño Jesús ocupa el centro de la escena, aunque muchas familias esperan hasta la medianoche del 24 de diciembre para colocarla. José y María se sitúan a sus costados inmediatos. Los animales y pastores ocupan una tercera línea o los espacios circundantes para completar la representación del establo.
El pesebre requiere componentes específicos para mantener su fidelidad histórica y simbólica. Cada figura cumple un rol narrativo dentro de la tradición cristiana:
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