“Cuando me contactó el dueño, el departamento estaba totalmente vacío. Como no vive en la ciudad, quería un espacio confortable y sofisticado como una suite de hotel, para usar cada vez que estuviera de visita”, señala la arquitecta Aldana Albo, dueña de Estudio Aldo, sobre este particular monoambiente de 45 m2 en pleno Palermo.
“Los principales lineamientos fueron que sea un espacio cómodo, funcional y estético”, cuenta Aldana, que aprovechó cada m2 para darle vida a este monoambiente sin alma.
“Los materiales y las texturas también se trabajaron en función de la comodidad”, explica Albo. Para darle fluidez a la circulación, la arquitecta partió de dos divisiones estratégicas: una, que separa la cocina del área del living; y otra, para el dormitorio.
“El espacio de la cocina era muy pequeño, tenía una bacha y una mesada chica. La idea de la barra fue una muy buena solución para generar una separación con el resto del ambiente y para ganar espacio de guardado”.
El monoambiente cuenta con un pequeño patio que aporta circulación de aire y mucha luz natural. “A pesar de que el departamento era muy luminoso desde el comienzo, trabajamos mucho en su iluminación: hicimos instalaciones nuevas, colocamos rieles, colgantes en la barra y tiras LED”.
Para replicar la atmósfera de un hotel, Albo optó por textiles suaves y mobiliario minimalista. “Las mesas de luz son redondeadas y sin cajones: queríamos algo que tenga su impronta pero que no sea muy cargado”.

La gran sorpresa de este monoambiente es un pequeño patio que, en su versión original, no tenía nada de gracia.
Para ampliar la sensación de espacio, la arquitecta diseñó un banco de cemento con fogonero, que genera apertura y continuidad visual. “Como el área era reducida, la mejor forma de extender las vistas fue incorporar este banco con canteros para sumar verde”.



