El Gobierno lanzó una profunda renovación en la conducción de sus Fuerzas Armadas tras el cambio de mando en el Ministerio de Defensa. La decisión, anunciada en la noche del miércoles, implica relevos en los más altos puestos del Ejército, la Armada y el Estado Mayor Conjunto, mientras que la jefatura de la Fuerza Aérea se mantiene.
El relevo se formalizó cuando el nuevo ministro de Defensa, Carlos Presti, el primer militar en asumir ese cargo desde el regreso de la democracia, comunicó los nombramientos a través de sus redes sociales.
El anuncio provocó el desplazamiento de jefes que ocuparon esos cargos poco más de un año. La reconfiguración busca asegurar una cadena de mando alineada con el nuevo Gabinete, y responde además a normas internas de jerarquía militar.
El cambio es amplio: tres de las cuatro fuerzas de armas modifican su conducción. Eso convierte a esta reestructuración en una de las más profundas desde la recuperación democrática.
Según lo informado desde el Gobierno, el reemplazo masivo responde no solo a criterios jerárquicos, sino también a una estrategia de alineamiento institucional. La llegada de Presti, un militar en actividad, al Ministerio de Defensa, marcó un giro respecto de la tradición civil para ese cargo.
Además, se enmarca en una etapa de renovación de material y dotación castrense, como la incorporación reciente de equipamiento terrestre y aéreo, lo que exige una cúpula de mando que esté en sintonía con los nuevos desafíos.
El relevo general tiene también tinte político: quienes asumen son considerados cercanos al gobierno y a los mandos civiles, lo que refuerza la idea de una Fuerza Armada bajo control institucional claro.


