En la IX edición del Premio a la Resiliencia Femenina, participaron 130 relatos. La mayoría, violencia familiar. El maltratador casi siempre, el cónyuge. Las edades, de los 18 hasta los 70 años. Generación tras generación, se repiten patrones de sometimiento y dominación. Muchas historias de superación personal. Constante, el abandono paterno y la oposición a que ellas estudiaran. Otras, una cadena de obstáculos, donde hay que valorar su capacidad para sobreponerse. Los que mostraron resiliencia fueron reconocidos por ciertas líneas que rebelan el proceso interno vivido por una mujer ante una violencia extrema. Destrucción de la confianza básica en sí misma; trauma, en amplio sentido del término. Escribirlo, describe, contagia el dolor, la confusión, la incredulidad. Para sobrevivir se requiere fortaleza interna. No surge de repente. Es producto del pasado, de vínculos afectivos fuertes. Una compañía significativa que deja huellas en el relato. Recuerdos, frases, momentos entrañables. Quien relata, los reconoce agradecida de manera profunda. Significativo, alzar la voz. Buscar alianzas, crear colectivos, redes u otras formas de generar acciones a favor de otras. Que lo vivido no se repita. Liderazgo surgido de su fuerza, de su indignación, de su dolor. No la vencieron y está persuadida. Nadie en la indignidad e injusticia. La persona se transforma por una reconstrucción emocional. La resiliencia puede revelarse con apoyo terapéutico. Pocas veces surge espontáneamente. Quienes viven una “desconfiguración” personal, no ven la luz por las tinieblas del intenso dolor. Un reconocimiento fue para quien vivió violencia sexual laboral extrema. Hoy, impulsa la “Red de Mujeres Líderes del Sur”. Logró un laudo de un Tribunal que reconoció que las mujeres violentadas no pueden interponer una denuncia en los tiempos legales exigidos. Para hacerlo, primero, curar su dolor. “Las reglas importan, sí, pero importa más quién decide si las reglas siguen rigiendo”. El segundo, para una mujer de San Luis Potosí, que tras el divorcio luego de un calvario de violencia, el juez le concedió medidas cautelares, mismas que el exmarido violó una y otra vez. Preguntó a sus abogadas qué hacer. La respuesta la dejó aturdida: nada. Supo que su vida corría peligro. Angustiada, reflexionó y junto con las abogadas, interpusieron modificaciones a la Ley para el Acceso a una Vida Libre de Violencia hacia las Mujeres, y al Código Penal del Estado, creando un nuevo tipo penal: incumplimiento a una orden de protección. El Derecho también debe ser eficaz. El tercero, para una mujer que sufrió violencia vicaria. El exmarido sustrajo a sus dos menores hijos e impidió por dos años, que ella tuviera contacto con ellos. Lo primero que hizo fue subir su versión de los hechos a redes, con el fin de que sus hijos supieran su verdad. El exmarido les dijo que estaba internada en un psiquiátrico. Poco a poco, otras que vivían el mismo infierno, se comunicaron con ella. Decidieron crear un colectivo para legislar contra la violencia vicaria y han avanzado en diversos estados del país. Siguen con su causa. La violencia vicaria no opera de manera aislada, sino en concatenación con otras violencias: psicológica, física, económica y patrimonial. La violencia vicaria no ha llegado a las leyes y códigos penales de todos los estados por falta de voluntad política. Nombrar es un acto político: implica reconocer el daño y desmontar la normalización. El derecho es sistema, requiere un aparato institucional que decida y actúe. Necesita jueces que declaren lo exigible, legisladores que lo desarrollen y burocracias que lo gestionen. Importa que ellas recuperen paz interna, luego, su futuro. Resistir es primordial. Victoria será cuando el Derecho sirva a tod@s para hacer justicia. ¿Falsa esperanza? Columnista: Clara SchererImágen Portada: Imágen Principal: Send to NewsML Feed: 0En la IX edición del Premio a la Resiliencia Femenina, participaron 130 relatos. La mayoría, violencia familiar. El maltratador casi siempre, el cónyuge. Las edades, de los 18 hasta los 70 años. Generación tras generación, se repiten patrones de sometimiento y dominación. Muchas historias de superación personal. Constante, el abandono paterno y la oposición a que ellas estudiaran. Otras, una cadena de obstáculos, donde hay que valorar su capacidad para sobreponerse. Los que mostraron resiliencia fueron reconocidos por ciertas líneas que rebelan el proceso interno vivido por una mujer ante una violencia extrema. Destrucción de la confianza básica en sí misma; trauma, en amplio sentido del término. Escribirlo, describe, contagia el dolor, la confusión, la incredulidad. Para sobrevivir se requiere fortaleza interna. No surge de repente. Es producto del pasado, de vínculos afectivos fuertes. Una compañía significativa que deja huellas en el relato. Recuerdos, frases, momentos entrañables. Quien relata, los reconoce agradecida de manera profunda. Significativo, alzar la voz. Buscar alianzas, crear colectivos, redes u otras formas de generar acciones a favor de otras. Que lo vivido no se repita. Liderazgo surgido de su fuerza, de su indignación, de su dolor. No la vencieron y está persuadida. Nadie en la indignidad e injusticia. La persona se transforma por una reconstrucción emocional. La resiliencia puede revelarse con apoyo terapéutico. Pocas veces surge espontáneamente. Quienes viven una “desconfiguración” personal, no ven la luz por las tinieblas del intenso dolor. Un reconocimiento fue para quien vivió violencia sexual laboral extrema. Hoy, impulsa la “Red de Mujeres Líderes del Sur”. Logró un laudo de un Tribunal que reconoció que las mujeres violentadas no pueden interponer una denuncia en los tiempos legales exigidos. Para hacerlo, primero, curar su dolor. “Las reglas importan, sí, pero importa más quién decide si las reglas siguen rigiendo”. El segundo, para una mujer de San Luis Potosí, que tras el divorcio luego de un calvario de violencia, el juez le concedió medidas cautelares, mismas que el exmarido violó una y otra vez. Preguntó a sus abogadas qué hacer. La respuesta la dejó aturdida: nada. Supo que su vida corría peligro. Angustiada, reflexionó y junto con las abogadas, interpusieron modificaciones a la Ley para el Acceso a una Vida Libre de Violencia hacia las Mujeres, y al Código Penal del Estado, creando un nuevo tipo penal: incumplimiento a una orden de protección. El Derecho también debe ser eficaz. El tercero, para una mujer que sufrió violencia vicaria. El exmarido sustrajo a sus dos menores hijos e impidió por dos años, que ella tuviera contacto con ellos. Lo primero que hizo fue subir su versión de los hechos a redes, con el fin de que sus hijos supieran su verdad. El exmarido les dijo que estaba internada en un psiquiátrico. Poco a poco, otras que vivían el mismo infierno, se comunicaron con ella. Decidieron crear un colectivo para legislar contra la violencia vicaria y han avanzado en diversos estados del país. Siguen con su causa. La violencia vicaria no opera de manera aislada, sino en concatenación con otras violencias: psicológica, física, económica y patrimonial. La violencia vicaria no ha llegado a las leyes y códigos penales de todos los estados por falta de voluntad política. Nombrar es un acto político: implica reconocer el daño y desmontar la normalización. El derecho es sistema, requiere un aparato institucional que decida y actúe. Necesita jueces que declaren lo exigible, legisladores que lo desarrollen y burocracias que lo gestionen. Importa que ellas recuperen paz interna, luego, su futuro. Resistir es primordial. Victoria será cuando el Derecho sirva a tod@s para hacer justicia. ¿Falsa esperanza? Columnista: Clara SchererImágen Portada: Imágen Principal: Send to NewsML Feed: 0
En la IX edición del Premio a la Resiliencia Femenina, participaron 130 relatos. La mayoría, violencia familiar. El maltratador casi siempre, el cónyuge. Las edades, de los 18 hasta los 70 años. Generación tras generación, se repiten patrones de sometimiento y dominación.
Muchas historias de superación personal. Constante, el abandono paterno y la oposición a que ellas estudiaran. Otras, una cadena de obstáculos, donde hay que valorar su capacidad para sobreponerse.
- Los que mostraron resiliencia fueron reconocidos por ciertas líneas que rebelan el proceso interno vivido por una mujer ante una violencia extrema. Destrucción de la confianza básica en sí misma; trauma, en amplio sentido del término. Escribirlo, describe, contagia el dolor, la confusión, la incredulidad.
Para sobrevivir se requiere fortaleza interna. No surge de repente. Es producto del pasado, de vínculos afectivos fuertes. Una compañía significativa que deja huellas en el relato. Recuerdos, frases, momentos entrañables. Quien relata, los reconoce agradecida de manera profunda.
Significativo, alzar la voz. Buscar alianzas, crear colectivos, redes u otras formas de generar acciones a favor de otras. Que lo vivido no se repita. Liderazgo surgido de su fuerza, de su indignación, de su dolor. No la vencieron y está persuadida. Nadie en la indignidad e injusticia. La persona se transforma por una reconstrucción emocional.
La resiliencia puede revelarse con apoyo terapéutico. Pocas veces surge espontáneamente. Quienes viven una “desconfiguración” personal, no ven la luz por las tinieblas del intenso dolor.
Un reconocimiento fue para quien vivió violencia sexual laboral extrema. Hoy, impulsa la “Red de Mujeres Líderes del Sur”. Logró un laudo de un Tribunal que reconoció que las mujeres violentadas no pueden interponer una denuncia en los tiempos legales exigidos. Para hacerlo, primero, curar su dolor. “Las reglas importan, sí, pero importa más quién decide si las reglas siguen rigiendo”.
El segundo, para una mujer de San Luis Potosí, que tras el divorcio luego de un calvario de violencia, el juez le concedió medidas cautelares, mismas que el exmarido violó una y otra vez. Preguntó a sus abogadas qué hacer. La respuesta la dejó aturdida: nada. Supo que su vida corría peligro. Angustiada, reflexionó y junto con las abogadas, interpusieron modificaciones a la Ley para el Acceso a una Vida Libre de Violencia hacia las Mujeres, y al Código Penal del Estado, creando un nuevo tipo penal: incumplimiento a una orden de protección. El Derecho también debe ser eficaz.
El tercero, para una mujer que sufrió violencia vicaria. El exmarido sustrajo a sus dos menores hijos e impidió por dos años, que ella tuviera contacto con ellos. Lo primero que hizo fue subir su versión de los hechos a redes, con el fin de que sus hijos supieran su verdad. El exmarido les dijo que estaba internada en un psiquiátrico. Poco a poco, otras que vivían el mismo infierno, se comunicaron con ella. Decidieron crear un colectivo para legislar contra la violencia vicaria y han avanzado en diversos estados del país. Siguen con su causa.
La violencia vicaria no opera de manera aislada, sino en concatenación con otras violencias: psicológica, física, económica y patrimonial. La violencia vicaria no ha llegado a las leyes y códigos penales de todos los estados por falta de voluntad política.
- Nombrar es un acto político: implica reconocer el daño y desmontar la normalización. El derecho es sistema, requiere un aparato institucional que decida y actúe. Necesita jueces que declaren lo exigible, legisladores que lo desarrollen y burocracias que lo gestionen. Importa que ellas recuperen paz interna, luego, su futuro. Resistir es primordial. Victoria será cuando el Derecho sirva a tod@s para hacer justicia. ¿Falsa esperanza?
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