“Nuestra casa no se impone, sino que se deja descubrir. Es una historia de amor por los detalles, las texturas, los colores, las luces y la experimentación”, nos contaron los arquitectos Santiago Vittar y Natalia Giménez, de Etéreo Arquitectos, los dueños de casa que además lideraron este proyecto de 10 meses.
El exterior de la casa actúa como un caparazón que protege la vida interior. El volumen compacto se percibe hermético pero, al cruzar la puerta amarilla, se revela su verdadera naturaleza: abierta, permeable y viva.
Su arquitectura se expresa con materiales nobles y en su estado más puro. El hormigón, sin límites, se despliega como una piel continua que envuelve pisos, muros y cielos rasos, con un toque sobrio y contundente.
Por su parte, el ladrillo cribado introduce textura, calidez y movimiento. Lo vemos en múltiples configuraciones macizo, celosía y bóveda, en tramas que filtran la luz y a su vez dan privacidad y protegen la casa de las fuertes lluvias y del viento.
Santiago disfruta mucho de cocinar y de recibir en casa, por eso el espacio de la cocina, comedor y living tiene grandes dimensiones y está vinculado con la galería, para entrar y salir cómodamente sin atravesar el resto de la casa.
“Al principio sentí un bloqueo creativo. Cuando diseñás tu propia casa, todo se borra y olvidás cualquier proceso, por eso hacer equipo con Nati fue fundamental”, nos confesó Santiago Vittar de la experiencia de hacer su propio hogar de cero.
“Lo que más impacta a todo aquel que la visita es su interior, que no te lo esperas para nada. Muchos entienden el hilo conductor amarillo y buscan la presencia de ese color en cada ambiente, casi como un juego”, nos dijeron los dueños de casa entre risas.


