Por Marisol Escárcega Hace un par de meses vino a despedirse una compañera de trabajo; era su último día. Cuando le pregunté por qué se iba, me respondió que su suegra ya no podía cuidarle a su hija de cuatro años mientras ella trabajaba por la tarde-noche, así que se vio orillada a renunciar. Otra compañera renunció a su trabajo porque la distancia que recorría ya no le redituaba, pues tenía que pagar constantemente taxis por aplicación, lo que al final mermaba mucho su quincena. Ambas siguen desempleadas, con pareja, pero sin ahorros propios. Esta situación es cada vez más cotidiana, ya que de acuerdo con datos del Inegi, sólo 17% de las mexicanas tiene una cuenta bancaria, esto pese a que 55% de las mujeres tienden a ahorrar más, aunque sólo 28% de éstas ahorran para su retiro, y no porque no quieran, sino porque no cuentan con una entrada personal. Tener recursos propios le da a la mujer la posibilidad de contribuir a la estabilidad económica de su familia; la capacidad de tomar decisiones financieras informadas, ya sea en ahorro, gastos o inversión; de aumentar las oportunidades de emprendimiento; le otorga herramientas para afrontar crisis; la ayuda a cerrar la brecha de género en el mercado laboral, pero sobre todo, le regala algo que nada ni nadie puede darle: seguridad en sí misma. Como señalamos en la entrega anterior, una mujer que no tiene recursos propios está condenada a envejecer en la pobreza, y para que esto no ocurra se requiere que trabaje, sin embargo, seamos honest@s, ¿cuántos centros de trabajo tienen la posibilidad de flexibilizar sus horarios de entrada o salida?, ¿cuántos pueden aceptar que una madre o una hija que cuida a sus padres enfermos pueda hacer home office? o ¿cuántos tienen guardería o, cuántas guarderías hay con turno diurno? Muchas veces no se trata de no tener la intención de trabajar y/o ahorrar, es que las condiciones en el mercado laboral para las mujeres y más si tienen hij@s o situaciones especiales que no son las idóneas. Volteemos a ver a las mujeres que conocemos, ¿cuántas de ellas, al convertirse en madres, interrumpieron sus carreras profesionales o tuvieron que renunciar para dedicarse a su maternidad?, ¿cuántas de ellas trabajan las mismas horas que los hombres, pero su sueldo es menor?, ¿cuántas no tuvieron la posibilidad de estudiar o prepararse más?, todas estas circunstancias desfavorecen su calidad de vida y por ende, su futuro, ya que, subrayemos, no generan recursos propios o éstos son insuficientes como para que puedan ahorrar. Además, no sólo es el hecho de tener recursos propios para salir adelante, lograr una independencia financiera y tener la capacidad de ahorrar para el retiro; tener trabajo le da la posibilidad a las mujeres de confiar en sí mismas, la certeza de que pueden valerse por su cuenta y que no necesitan a nadie para garantizar sus necesidades. Todo es un engranaje que hace funcionar la máquina de la independencia: tener trabajo genera recursos propios, eso nos da seguridad y herramientas para administrar mejor ese dinero, pasamos de pagar los gastos diarios a ahorrar y, después, quizá, con las circunstancias adecuadas, disciplina y mejor empleo, invertir para una vejez digna. Porque, el Inegi también estima que esas mujeres que no trabajan o que laboran en la informalidad dependen de la pensión de su pareja (56%), mientras que 32% depende de otro familiar (hij@s, sobrin@s, niet@s o herman@s). Por ello, sin importar si tenemos o no pareja o algún familiar que nos auxilie, contar con dinero propio es fundamental, ya que éste es el primer paso para lograr nuestra libertad.   Columnista: Imagen de la MujerImágen Portada: Imágen Principal: Send to NewsML Feed: 0Por Marisol Escárcega Hace un par de meses vino a despedirse una compañera de trabajo; era su último día. Cuando le pregunté por qué se iba, me respondió que su suegra ya no podía cuidarle a su hija de cuatro años mientras ella trabajaba por la tarde-noche, así que se vio orillada a renunciar. Otra compañera renunció a su trabajo porque la distancia que recorría ya no le redituaba, pues tenía que pagar constantemente taxis por aplicación, lo que al final mermaba mucho su quincena. Ambas siguen desempleadas, con pareja, pero sin ahorros propios. Esta situación es cada vez más cotidiana, ya que de acuerdo con datos del Inegi, sólo 17% de las mexicanas tiene una cuenta bancaria, esto pese a que 55% de las mujeres tienden a ahorrar más, aunque sólo 28% de éstas ahorran para su retiro, y no porque no quieran, sino porque no cuentan con una entrada personal. Tener recursos propios le da a la mujer la posibilidad de contribuir a la estabilidad económica de su familia; la capacidad de tomar decisiones financieras informadas, ya sea en ahorro, gastos o inversión; de aumentar las oportunidades de emprendimiento; le otorga herramientas para afrontar crisis; la ayuda a cerrar la brecha de género en el mercado laboral, pero sobre todo, le regala algo que nada ni nadie puede darle: seguridad en sí misma. Como señalamos en la entrega anterior, una mujer que no tiene recursos propios está condenada a envejecer en la pobreza, y para que esto no ocurra se requiere que trabaje, sin embargo, seamos honest@s, ¿cuántos centros de trabajo tienen la posibilidad de flexibilizar sus horarios de entrada o salida?, ¿cuántos pueden aceptar que una madre o una hija que cuida a sus padres enfermos pueda hacer home office? o ¿cuántos tienen guardería o, cuántas guarderías hay con turno diurno? Muchas veces no se trata de no tener la intención de trabajar y/o ahorrar, es que las condiciones en el mercado laboral para las mujeres y más si tienen hij@s o situaciones especiales que no son las idóneas. Volteemos a ver a las mujeres que conocemos, ¿cuántas de ellas, al convertirse en madres, interrumpieron sus carreras profesionales o tuvieron que renunciar para dedicarse a su maternidad?, ¿cuántas de ellas trabajan las mismas horas que los hombres, pero su sueldo es menor?, ¿cuántas no tuvieron la posibilidad de estudiar o prepararse más?, todas estas circunstancias desfavorecen su calidad de vida y por ende, su futuro, ya que, subrayemos, no generan recursos propios o éstos son insuficientes como para que puedan ahorrar. Además, no sólo es el hecho de tener recursos propios para salir adelante, lograr una independencia financiera y tener la capacidad de ahorrar para el retiro; tener trabajo le da la posibilidad a las mujeres de confiar en sí mismas, la certeza de que pueden valerse por su cuenta y que no necesitan a nadie para garantizar sus necesidades. Todo es un engranaje que hace funcionar la máquina de la independencia: tener trabajo genera recursos propios, eso nos da seguridad y herramientas para administrar mejor ese dinero, pasamos de pagar los gastos diarios a ahorrar y, después, quizá, con las circunstancias adecuadas, disciplina y mejor empleo, invertir para una vejez digna. Porque, el Inegi también estima que esas mujeres que no trabajan o que laboran en la informalidad dependen de la pensión de su pareja (56%), mientras que 32% depende de otro familiar (hij@s, sobrin@s, niet@s o herman@s). Por ello, sin importar si tenemos o no pareja o algún familiar que nos auxilie, contar con dinero propio es fundamental, ya que éste es el primer paso para lograr nuestra libertad.   Columnista: Imagen de la MujerImágen Portada: Imágen Principal: Send to NewsML Feed: 0

Dinero, independencia y futuro

2025/12/07 15:09
Lectura de 4 min
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Por Marisol Escárcega

Hace un par de meses vino a despedirse una compañera de trabajo; era su último día. Cuando le pregunté por qué se iba, me respondió que su suegra ya no podía cuidarle a su hija de cuatro años mientras ella trabajaba por la tarde-noche, así que se vio orillada a renunciar.

Otra compañera renunció a su trabajo porque la distancia que recorría ya no le redituaba, pues tenía que pagar constantemente taxis por aplicación, lo que al final mermaba mucho su quincena.

Ambas siguen desempleadas, con pareja, pero sin ahorros propios. Esta situación es cada vez más cotidiana, ya que de acuerdo con datos del Inegi, sólo 17% de las mexicanas tiene una cuenta bancaria, esto pese a que 55% de las mujeres tienden a ahorrar más, aunque sólo 28% de éstas ahorran para su retiro, y no porque no quieran, sino porque no cuentan con una entrada personal.

Tener recursos propios le da a la mujer la posibilidad de contribuir a la estabilidad económica de su familia; la capacidad de tomar decisiones financieras informadas, ya sea en ahorro, gastos o inversión; de aumentar las oportunidades de emprendimiento; le otorga herramientas para afrontar crisis; la ayuda a cerrar la brecha de género en el mercado laboral, pero sobre todo, le regala algo que nada ni nadie puede darle: seguridad en sí misma.

Como señalamos en la entrega anterior, una mujer que no tiene recursos propios está condenada a envejecer en la pobreza, y para que esto no ocurra se requiere que trabaje, sin embargo, seamos honest@s, ¿cuántos centros de trabajo tienen la posibilidad de flexibilizar sus horarios de entrada o salida?, ¿cuántos pueden aceptar que una madre o una hija que cuida a sus padres enfermos pueda hacer home office? o ¿cuántos tienen guardería o, cuántas guarderías hay con turno diurno?

Muchas veces no se trata de no tener la intención de trabajar y/o ahorrar, es que las condiciones en el mercado laboral para las mujeres y más si tienen hij@s o situaciones especiales que no son las idóneas.

Volteemos a ver a las mujeres que conocemos, ¿cuántas de ellas, al convertirse en madres, interrumpieron sus carreras profesionales o tuvieron que renunciar para dedicarse a su maternidad?, ¿cuántas de ellas trabajan las mismas horas que los hombres, pero su sueldo es menor?, ¿cuántas no tuvieron la posibilidad de estudiar o prepararse más?, todas estas circunstancias desfavorecen su calidad de vida y por ende, su futuro, ya que, subrayemos, no generan recursos propios o éstos son insuficientes como para que puedan ahorrar.

Además, no sólo es el hecho de tener recursos propios para salir adelante, lograr una independencia financiera y tener la capacidad de ahorrar para el retiro; tener trabajo le da la posibilidad a las mujeres de confiar en sí mismas, la certeza de que pueden valerse por su cuenta y que no necesitan a nadie para garantizar sus necesidades.

Todo es un engranaje que hace funcionar la máquina de la independencia: tener trabajo genera recursos propios, eso nos da seguridad y herramientas para administrar mejor ese dinero, pasamos de pagar los gastos diarios a ahorrar y, después, quizá, con las circunstancias adecuadas, disciplina y mejor empleo, invertir para una vejez digna.

Porque, el Inegi también estima que esas mujeres que no trabajan o que laboran en la informalidad dependen de la pensión de su pareja (56%), mientras que 32% depende de otro familiar (hij@s, sobrin@s, niet@s o herman@s).

Por ello, sin importar si tenemos o no pareja o algún familiar que nos auxilie, contar con dinero propio es fundamental, ya que éste es el primer paso para lograr nuestra libertad.

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