En el diálogo con la doctora Elvira Soto Hoffmann, brillante otorrinolaringóloga a quien le tengo especial admiración y cariño, surgió una idea que me llamó la atención. Ella me dijo que la vida la había “obligado” a ser feminista; al pedirle que me explicara un poco, me fue quedando claro que el devenir histórico de sus acontecimientos personales la orillaron hacia algo que no tenía programado: asumir todas las responsabilidades derivadas de su propia existencia y la de sus hijas. La formación y educación tradicionales de las que muchas y muchos fuimos víctimas en la infancia y adolescencia, incluyó una serie de valores en los cuales el varón tenía la responsabilidad de ser el sostén económico de la pareja y las mujeres del funcionamiento de la casa, así como de la educación de los vástagos, pero simultáneamente muchas mujeres comenzaron a estudiar carreras universitarias incorporándose a la economía nacional. Quizá ese solo hecho provocó tensión dentro de las parejas por la simple razón de que la situación era contraria a aquellos valores tradicionales. Bajo el nuevo esquema, la voz de la mujer tiene igual valor que la del varón y ese hecho les resultó difícil de entender a muchos hombres. Incluso si dejamos de lado las parejas en las que ocurre maltrato físico a la mujer (que por desgracia sigue existiendo) aún en parejas sanas, la tensión que provocó por lo menos fue un facilitador de las separaciones y divorcios que aparecieron como epidemia desde hace relativamente pocos años. Por fortuna, la reflexión y los valores han cambiado rápidamente, incorporando hoy perspectivas a favor de las mujeres, tanto que hoy podemos presumir que tenemos una Presidenta mujer, y las vemos actuantes y muy exitosas prácticamente en todos los ámbitos de las actividades productivas; lo cual sin duda enriquece al país. A pesar del vertiginoso progreso, se siguen reportando mujeres maltratadas e incluso asesinadas por su condición de mujeres, ésa es la definición del feminicidio con el que estoy profundamente de acuerdo porque para combatir un fenómeno es necesario primero visibilizarlo, pero es uno de los dilemas que aparecen, yo creo, frente a cambios bruscos en las sociedades. El ejemplo de nuestro vecino del norte, en el que tuvieron un presidente negro y el día de hoy a un supremacista blanco en extremo racista es otro ejemplo de las tensiones contenidas en una sociedad que cambia. Entonces hoy entiendo el argumento de haber sido “obligada” a ser feminista, es la concreción de un cambio de valores sustantivo en nuestro México, y que creo que no tiene vuelta atrás. También contiene un cuestionamiento mucho más profundo: poner en tela de juicio si los seres humanos con la longevidad que tenemos hoy, estamos “programados” para ser monógamos de por vida. Hacia mi interior tiendo a pensar que sí, a pesar de que mi vida personal se ha encargado de darme golpes en ese ámbito, pero de cualquier forma es una pregunta válida. Columnista: Raymundo Canales de la FuenteImágen Portada: Imágen Principal: Send to NewsML Feed: 0En el diálogo con la doctora Elvira Soto Hoffmann, brillante otorrinolaringóloga a quien le tengo especial admiración y cariño, surgió una idea que me llamó la atención. Ella me dijo que la vida la había “obligado” a ser feminista; al pedirle que me explicara un poco, me fue quedando claro que el devenir histórico de sus acontecimientos personales la orillaron hacia algo que no tenía programado: asumir todas las responsabilidades derivadas de su propia existencia y la de sus hijas. La formación y educación tradicionales de las que muchas y muchos fuimos víctimas en la infancia y adolescencia, incluyó una serie de valores en los cuales el varón tenía la responsabilidad de ser el sostén económico de la pareja y las mujeres del funcionamiento de la casa, así como de la educación de los vástagos, pero simultáneamente muchas mujeres comenzaron a estudiar carreras universitarias incorporándose a la economía nacional. Quizá ese solo hecho provocó tensión dentro de las parejas por la simple razón de que la situación era contraria a aquellos valores tradicionales. Bajo el nuevo esquema, la voz de la mujer tiene igual valor que la del varón y ese hecho les resultó difícil de entender a muchos hombres. Incluso si dejamos de lado las parejas en las que ocurre maltrato físico a la mujer (que por desgracia sigue existiendo) aún en parejas sanas, la tensión que provocó por lo menos fue un facilitador de las separaciones y divorcios que aparecieron como epidemia desde hace relativamente pocos años. Por fortuna, la reflexión y los valores han cambiado rápidamente, incorporando hoy perspectivas a favor de las mujeres, tanto que hoy podemos presumir que tenemos una Presidenta mujer, y las vemos actuantes y muy exitosas prácticamente en todos los ámbitos de las actividades productivas; lo cual sin duda enriquece al país. A pesar del vertiginoso progreso, se siguen reportando mujeres maltratadas e incluso asesinadas por su condición de mujeres, ésa es la definición del feminicidio con el que estoy profundamente de acuerdo porque para combatir un fenómeno es necesario primero visibilizarlo, pero es uno de los dilemas que aparecen, yo creo, frente a cambios bruscos en las sociedades. El ejemplo de nuestro vecino del norte, en el que tuvieron un presidente negro y el día de hoy a un supremacista blanco en extremo racista es otro ejemplo de las tensiones contenidas en una sociedad que cambia. Entonces hoy entiendo el argumento de haber sido “obligada” a ser feminista, es la concreción de un cambio de valores sustantivo en nuestro México, y que creo que no tiene vuelta atrás. También contiene un cuestionamiento mucho más profundo: poner en tela de juicio si los seres humanos con la longevidad que tenemos hoy, estamos “programados” para ser monógamos de por vida. Hacia mi interior tiendo a pensar que sí, a pesar de que mi vida personal se ha encargado de darme golpes en ese ámbito, pero de cualquier forma es una pregunta válida. Columnista: Raymundo Canales de la FuenteImágen Portada: Imágen Principal: Send to NewsML Feed: 0

Obligada a ser feminista

2025/12/07 16:24
Lectura de 3 min
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En el diálogo con la doctora Elvira Soto Hoffmann, brillante otorrinolaringóloga a quien le tengo especial admiración y cariño, surgió una idea que me llamó la atención. Ella me dijo que la vida la había “obligado” a ser feminista; al pedirle que me explicara un poco, me fue quedando claro que el devenir histórico de sus acontecimientos personales la orillaron hacia algo que no tenía programado: asumir todas las responsabilidades derivadas de su propia existencia y la de sus hijas.

La formación y educación tradicionales de las que muchas y muchos fuimos víctimas en la infancia y adolescencia, incluyó una serie de valores en los cuales el varón tenía la responsabilidad de ser el sostén económico de la pareja y las mujeres del funcionamiento de la casa, así como de la educación de los vástagos, pero simultáneamente muchas mujeres comenzaron a estudiar carreras universitarias incorporándose a la economía nacional.

Quizá ese solo hecho provocó tensión dentro de las parejas por la simple razón de que la situación era contraria a aquellos valores tradicionales.

Bajo el nuevo esquema, la voz de la mujer tiene igual valor que la del varón y ese hecho les resultó difícil de entender a muchos hombres. Incluso si dejamos de lado las parejas en las que ocurre maltrato físico a la mujer (que por desgracia sigue existiendo) aún en parejas sanas, la tensión que provocó por lo menos fue un facilitador de las separaciones y divorcios que aparecieron como epidemia desde hace relativamente pocos años.

Por fortuna, la reflexión y los valores han cambiado rápidamente, incorporando hoy perspectivas a favor de las mujeres, tanto que hoy podemos presumir que tenemos una Presidenta mujer, y las vemos actuantes y muy exitosas prácticamente en todos los ámbitos de las actividades productivas; lo cual sin duda enriquece al país.

A pesar del vertiginoso progreso, se siguen reportando mujeres maltratadas e incluso asesinadas por su condición de mujeres, ésa es la definición del feminicidio con el que estoy profundamente de acuerdo porque para combatir un fenómeno es necesario primero visibilizarlo, pero es uno de los dilemas que aparecen, yo creo, frente a cambios bruscos en las sociedades.

El ejemplo de nuestro vecino del norte, en el que tuvieron un presidente negro y el día de hoy a un supremacista blanco en extremo racista es otro ejemplo de las tensiones contenidas en una sociedad que cambia.

Entonces hoy entiendo el argumento de haber sido “obligada” a ser feminista, es la concreción de un cambio de valores sustantivo en nuestro México, y que creo que no tiene vuelta atrás.

También contiene un cuestionamiento mucho más profundo: poner en tela de juicio si los seres humanos con la longevidad que tenemos hoy, estamos “programados” para ser monógamos de por vida.

Hacia mi interior tiendo a pensar que sí, a pesar de que mi vida personal se ha encargado de darme golpes en ese ámbito, pero de cualquier forma es una pregunta válida.

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