Como por arte de magia, ni vallas ni granaderos ni el llamado Bloque Negro aparecieron en el mitin a que llamó la Presidenta el sábado pasado, al que, asegura, asistieron 600 mil personas a apoyar su administración. A nadie importa si al mitin morenista fueron 100 mil, 600 mil o un millón de personas, pues hubo cientos de autobuses, micros y camiones alquilados para el acarreo de manifestantes. Por supuesto, también decenas de ambulantes que saben que cuando hay acarreo, hay ventas. Lo interesantes es que, a diferencia de las otras ocasiones, donde blindan Palacio Nacional y su periferia por temor a los manifestantes, esta vez no se vio ninguna valla ni cierre de acceso al Zócalo; de los anarquistas, ni sus luces. Por supuesto que los acarreos ni son nuevos ni los inventó Morena; son una práctica puesta en marcha por el viejo PRI para halagar a sus gobernantes y hacerles creer no sólo que son queridos, sino idolatrados; Morena copió el modelo. Aunque todo es falso, a los gobernantes les encanta creer que son idolatrados y olvidan que lo que importa es el cargo, no quién lo ocupa; no es el nombre, es el puesto. Así hubieran sido presidentes Adán Augusto López o incluso El Changoleón, el Zócalo se habría llenado. Los organizadores no pudieron ocultar los huecos en la plancha del Zócalo, apenas empezó el discurso oficial. Tampoco el pase de lista de acarreados, que se hizo desde muy temprano en las calles aledañas a Palacio Nacional, donde los uniformaron. Si el gobierno quiere compararse con la Generación Z —de la que, dicen, sólo convocó a 17 mil personas en el llamado N15—, hay que recordar que ese día no hubo un camión, autobús o lunch; los que sí abundaron fueron embozados de negro a quienes el gobierno dice no poder identificar. Curioso que cuando el evento lo convoca Morena —lo cual significaría una oportunidad para echarle a perder la fiesta al gobierno—, los violentos no aparecen. Y eso que el anarquismo se basa en el desconocimiento total de cualquier autoridad o ley. Pero los morenos estaban tan seguros de que el Bloque Negro no asomaría las narices, que ni siquiera pusieron vallas. ¿Cómo sabían que el PRI —al que acusan de financiar la violencia— no mandaría golpeadores? A estas alturas, nadie tiene duda de quién mueve a los embozados, ¿o sí?     CENTAVITOS Por cierto, ahora que los morenistas andan necios con que una comisión especial investigue en Donceles los hechos violentos del N15, quizá la oposición haría bien en apoyarlos para que se llegue al fondo del caso y se castigue a los responsables. Porque los guindas quisieron culpar primero a los alcaldes Mauricio Tabe y a Alessandra Rojo de la Vega de ser quienes estaban detrás de la violencia, y hasta amenazan con destituirlos. Cuando ni sus chairos les creyeron, quisieron culpar entonces a Alejandro Alito Moreno, líder nacional del PRI, de financiar esa violencia. La oposición debería aceptar para que se investiguen no sólo a Alessandra, Tabe y Alito, sino a Martí Batres, identificado con el Bloque Negro, y a la ombudsperson capitalina, Dolores González Saravia, quien, casualmente, ese día no chambeó. Y ya encarrerados, a Pablo Vázquez, jefe de los granaderos que reprimieron a los manifestantes; a la fiscal Bertha Alcalde, que tiene a varios jóvenes en la cárcel, y hasta a Clara Brugada, jefa de Gobierno, quien finalmente es la responsable política de la capital. Todos coludos o todos rabones, ¿no? Para que, al final, todo esté parejo y no chipotudo. Columnista: Adrián RuedaImágen Portada: Imágen Principal: Send to NewsML Feed: 0Como por arte de magia, ni vallas ni granaderos ni el llamado Bloque Negro aparecieron en el mitin a que llamó la Presidenta el sábado pasado, al que, asegura, asistieron 600 mil personas a apoyar su administración. A nadie importa si al mitin morenista fueron 100 mil, 600 mil o un millón de personas, pues hubo cientos de autobuses, micros y camiones alquilados para el acarreo de manifestantes. Por supuesto, también decenas de ambulantes que saben que cuando hay acarreo, hay ventas. Lo interesantes es que, a diferencia de las otras ocasiones, donde blindan Palacio Nacional y su periferia por temor a los manifestantes, esta vez no se vio ninguna valla ni cierre de acceso al Zócalo; de los anarquistas, ni sus luces. Por supuesto que los acarreos ni son nuevos ni los inventó Morena; son una práctica puesta en marcha por el viejo PRI para halagar a sus gobernantes y hacerles creer no sólo que son queridos, sino idolatrados; Morena copió el modelo. Aunque todo es falso, a los gobernantes les encanta creer que son idolatrados y olvidan que lo que importa es el cargo, no quién lo ocupa; no es el nombre, es el puesto. Así hubieran sido presidentes Adán Augusto López o incluso El Changoleón, el Zócalo se habría llenado. Los organizadores no pudieron ocultar los huecos en la plancha del Zócalo, apenas empezó el discurso oficial. Tampoco el pase de lista de acarreados, que se hizo desde muy temprano en las calles aledañas a Palacio Nacional, donde los uniformaron. Si el gobierno quiere compararse con la Generación Z —de la que, dicen, sólo convocó a 17 mil personas en el llamado N15—, hay que recordar que ese día no hubo un camión, autobús o lunch; los que sí abundaron fueron embozados de negro a quienes el gobierno dice no poder identificar. Curioso que cuando el evento lo convoca Morena —lo cual significaría una oportunidad para echarle a perder la fiesta al gobierno—, los violentos no aparecen. Y eso que el anarquismo se basa en el desconocimiento total de cualquier autoridad o ley. Pero los morenos estaban tan seguros de que el Bloque Negro no asomaría las narices, que ni siquiera pusieron vallas. ¿Cómo sabían que el PRI —al que acusan de financiar la violencia— no mandaría golpeadores? A estas alturas, nadie tiene duda de quién mueve a los embozados, ¿o sí?     CENTAVITOS Por cierto, ahora que los morenistas andan necios con que una comisión especial investigue en Donceles los hechos violentos del N15, quizá la oposición haría bien en apoyarlos para que se llegue al fondo del caso y se castigue a los responsables. Porque los guindas quisieron culpar primero a los alcaldes Mauricio Tabe y a Alessandra Rojo de la Vega de ser quienes estaban detrás de la violencia, y hasta amenazan con destituirlos. Cuando ni sus chairos les creyeron, quisieron culpar entonces a Alejandro Alito Moreno, líder nacional del PRI, de financiar esa violencia. La oposición debería aceptar para que se investiguen no sólo a Alessandra, Tabe y Alito, sino a Martí Batres, identificado con el Bloque Negro, y a la ombudsperson capitalina, Dolores González Saravia, quien, casualmente, ese día no chambeó. Y ya encarrerados, a Pablo Vázquez, jefe de los granaderos que reprimieron a los manifestantes; a la fiscal Bertha Alcalde, que tiene a varios jóvenes en la cárcel, y hasta a Clara Brugada, jefa de Gobierno, quien finalmente es la responsable política de la capital. Todos coludos o todos rabones, ¿no? Para que, al final, todo esté parejo y no chipotudo. Columnista: Adrián RuedaImágen Portada: Imágen Principal: Send to NewsML Feed: 0

Se hace de humo el Bloque Negro

2025/12/08 16:21
Lectura de 3 min
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Como por arte de magia, ni vallas ni granaderos ni el llamado Bloque Negro aparecieron en el mitin a que llamó la Presidenta el sábado pasado, al que, asegura, asistieron 600 mil personas a apoyar su administración.

A nadie importa si al mitin morenista fueron 100 mil, 600 mil o un millón de personas, pues hubo cientos de autobuses, micros y camiones alquilados para el acarreo de manifestantes. Por supuesto, también decenas de ambulantes que saben que cuando hay acarreo, hay ventas.

Lo interesantes es que, a diferencia de las otras ocasiones, donde blindan Palacio Nacional y su periferia por temor a los manifestantes, esta vez no se vio ninguna valla ni cierre de acceso al Zócalo; de los anarquistas, ni sus luces.

Por supuesto que los acarreos ni son nuevos ni los inventó Morena; son una práctica puesta en marcha por el viejo PRI para halagar a sus gobernantes y hacerles creer no sólo que son queridos, sino idolatrados; Morena copió el modelo.

Aunque todo es falso, a los gobernantes les encanta creer que son idolatrados y olvidan que lo que importa es el cargo, no quién lo ocupa; no es el nombre, es el puesto. Así hubieran sido presidentes Adán Augusto López o incluso El Changoleón, el Zócalo se habría llenado.

Los organizadores no pudieron ocultar los huecos en la plancha del Zócalo, apenas empezó el discurso oficial. Tampoco el pase de lista de acarreados, que se hizo desde muy temprano en las calles aledañas a Palacio Nacional, donde los uniformaron.

Si el gobierno quiere compararse con la Generación Z —de la que, dicen, sólo convocó a 17 mil personas en el llamado N15—, hay que recordar que ese día no hubo un camión, autobús o lunch; los que sí abundaron fueron embozados de negro a quienes el gobierno dice no poder identificar.

Curioso que cuando el evento lo convoca Morena —lo cual significaría una oportunidad para echarle a perder la fiesta al gobierno—, los violentos no aparecen. Y eso que el anarquismo se basa en el desconocimiento total de cualquier autoridad o ley.

Pero los morenos estaban tan seguros de que el Bloque Negro no asomaría las narices, que ni siquiera pusieron vallas. ¿Cómo sabían que el PRI —al que acusan de financiar la violencia— no mandaría golpeadores?

A estas alturas, nadie tiene duda de quién mueve a los embozados, ¿o sí?

CENTAVITOS

Por cierto, ahora que los morenistas andan necios con que una comisión especial investigue en Donceles los hechos violentos del N15, quizá la oposición haría bien en apoyarlos para que se llegue al fondo del caso y se castigue a los responsables. Porque los guindas quisieron culpar primero a los alcaldes Mauricio Tabe y a Alessandra Rojo de la Vega de ser quienes estaban detrás de la violencia, y hasta amenazan con destituirlos. Cuando ni sus chairos les creyeron, quisieron culpar entonces a Alejandro Alito Moreno, líder nacional del PRI, de financiar esa violencia. La oposición debería aceptar para que se investiguen no sólo a AlessandraTabe y Alito, sino a Martí Batres, identificado con el Bloque Negro, y a la ombudsperson capitalina, Dolores González Saravia, quien, casualmente, ese día no chambeó. Y ya encarrerados, a Pablo Vázquez, jefe de los granaderos que reprimieron a los manifestantes; a la fiscal Bertha Alcalde, que tiene a varios jóvenes en la cárcel, y hasta a Clara Brugada, jefa de Gobierno, quien finalmente es la responsable política de la capital. Todos coludos o todos rabones, ¿no? Para que, al final, todo esté parejo y no chipotudo.

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