Lo que comen perros y gatos durante sus primeros años de vida no solo influye en su energía o apariencia, sino que puede marcar la diferencia entre un envejecimiento saludable o la aparición temprana de enfermedades crónicas.
Así lo advirtieron especialistas en salud animal durante una entrevista centrada en medicina preventiva, donde se subrayó que una nutrición inadecuada en etapas tempranas suele pasar factura cuando las mascotas llegan a la vejez.
De acuerdo con Emilia Tobías, médico veterinario zootecnista y gerente técnica del segmento de mascotas de Boehringer Ingelheim Animal Health en México, muchos de los problemas que se diagnostican en perros y gatos adultos mayores tienen su origen años atrás, cuando la dieta no cubrió adecuadamente sus necesidades nutricionales.
Durante los primeros años de vida, perros y gatos se encuentran en una etapa de desarrollo acelerado. Una dieta desequilibrada —ya sea por deficiencias o excesos— puede alterar procesos metabólicos que más adelante se traducen en enfermedades renales, hepáticas, articulares o endócrinas.
Según la especialista, uno de los errores más frecuentes es pensar que mientras la mascota “coma bien” o mantenga un peso aparente normal, no existe riesgo. Sin embargo, explicó que un animal puede estar clínicamente estable y aun así desarrollar de forma silenciosa alteraciones que solo se manifestarán en la adultez o en la etapa geronte.
El impacto de la alimentación no se limita a la obesidad, una de las condiciones más evidentes. Existen padecimientos que avanzan de forma silenciosa y que, en muchos casos, se relacionan con años de una nutrición inadecuada:
Estas enfermedades no aparecen de un día para otro. Por el contrario, suelen desarrollarse lentamente, sin signos claros para el tutor, hasta que el daño ya está avanzado.
Uno de los puntos clave abordados por la especialista es que no existe una sola dieta válida para toda la vida de la mascota. Las necesidades nutricionales cambian conforme el animal crece y envejece.
En cachorros y gatitos, la alimentación debe priorizar el crecimiento, el desarrollo del sistema inmunológico y la formación adecuada de huesos y músculos. En la etapa adulta, el objetivo cambia hacia el mantenimiento de órganos y tejidos, así como la prevención del sobrepeso. En la vejez, la dieta suele ajustarse para proteger riñones, hígado, corazón y articulaciones.
La nutrición, enfatizó la especialista, no puede evaluarse de forma aislada. Debe ir acompañada de revisiones veterinarias periódicas que permitan detectar de manera temprana alteraciones metabólicas.
Durante las consultas de rutina, el médico veterinario puede recomendar estudios de laboratorio como biometrías hemáticas, químicas sanguíneas o análisis de orina, que ayudan a identificar problemas antes de que se manifiesten clínicamente.
Estos resultados también permiten ajustar la dieta de forma personalizada, dependiendo de la edad, el tamaño, la raza y el estado de salud del animal.
Otro punto relevante es el uso de dietas improvisadas o caseras sin asesoría profesional. Aunque en algunos casos pueden ser una opción, deben estar diseñadas por especialistas en nutrición animal para evitar deficiencias o excesos de nutrientes esenciales.
La especialista subrayó que hoy existen múltiples opciones de alimentos comerciales de buena calidad, así como dietas terapéuticas formuladas específicamente para prevenir o manejar enfermedades crónicas en mascotas adultas y viejitas.
Gracias a los avances en la medicina veterinaria, perros y gatos viven cada vez más años. Mientras que hace algunas décadas un perro de ocho años se consideraba viejo, hoy muchas mascotas superan los 12 o incluso 15 años de edad. Ese aumento en la esperanza de vida hace aún más relevante la prevención desde etapas tempranas.
Invertir hoy en una buena alimentación no garantiza que una mascota nunca enferme, pero sí puede mejorar significativamente su calidad de vida en la vejez, reducir la severidad de enfermedades crónicas y facilitar su manejo cuando aparecen.
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