En un cierre de año cargado de reportes, facturas y ajustes de presupuesto, muchas compañías de alimentos se hacen las mismas preguntas: ¿cómo seguir siendo relevantes?, ¿dónde conviene innovar?, ¿qué tipo de producto conectará con un consumidor cada vez más informado y exigente?
A estas dudas intenta responder el reporte “Predicciones 2026 para Alimentos y Bebidas” de Mintel. La consultora de investigación de mercados presentó tres megatendencias que apuntan a cambios de fondo en la manera de entender la nutrición, el placer y la relación cultural con los alimentos en América Latina.
Durante años, buena parte de la innovación se ordenó alrededor de una idea simple: más proteína es mejor. Para 2026, Mintel advierte señales claras de saturación de este discurso en América Latina, similares a las ya observadas en Europa y Estados Unidos.
Según Ana Paula Gilsogamo, Associated Principal de Food and Drinks Insights Latam en Mintel, la proteína seguirá siendo relevante, pero la forma de comunicarla tendrá que cambiar. El clásico claim “alto en proteína” ya no alcanza por sí solo:
“A partir de ahora, los productos con proteína van a tener que diversificarse, dejando de enfocarse únicamente en la cantidad y abordando otros puntos como la calidad, la eficacia y la absorción”, señaló.
El giro es claro: pasar de una lógica cuantitativa a una lógica cualitativa. No se trata únicamente de cuántos gramos aparecen en la etiqueta, sino de qué tipo de proteína se ofrece, para quién está pensada y qué problema fisiológico atiende.
La proteína también abandona el nicho exclusivo del gimnasio. Países de la región ya incorporan mensajes vinculados con menopausia, cambios hormonales, salud muscular en adultos mayores, recuperación funcional y bienestar metabólico, abriendo la categoría a públicos históricamente desatendidos.
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Tendencias para 2026
En este nuevo escenario, la fibra se perfila como el siguiente gran activo funcional. No sustituye de golpe a la proteína, pero sí amplía el foco.
Potencial narrativo: permite construir relatos cercanos y menos médicos.
Un cambio también generacional
En el estudio se destacó que este giro no solo responde a evidencia científica, sino a patrones generacionales distintos:
Adultos jóvenes (18–24 años) siguen impulsando la demanda de proteína, asociada a energía, rendimiento físico y tonificación muscular.
Mayores de 55 años muestran un interés más marcado por la fibra, vinculada a digestión, metabolismo, saciedad y confort alimentario.
Esto abre espacio para innovaciones específicas: proteínas segmentadas por etapa de vida (alta biodisponibilidad para adultos mayores, productos dirigidos a mujeres en menopausia) y fibras con beneficios ampliados en formatos atractivos para generaciones mayores.
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Tendencias 2026
De cara a 2030, Mintel proyecta dietas menos prescriptivas y más diversas, donde cobren importancia los colores, las plantas, las combinaciones y los alimentos culturalmente significativos. La conversación se desplazará de contar calorías a hablar de diversidad y densidad nutricional.
La segunda megatendencia parte de un fenómeno emocional evidente: en un contexto de incertidumbre económica, cambio climático y saturación informativa, los consumidores buscan estabilidad en sabores, técnicas y rituales del pasado.
“Los consumidores no están volviendo a un año específico, sino a la sensación de simplicidad y control que asociamos con el pasado”.
La tradición deja de ser un recurso decorativo y se convierte en un instrumento de resiliencia, tanto para las personas como para los sistemas alimentarios.
Técnicas ancestrales ante el cambio climático
La tendencia también se cruza con las presiones del cambio climático, la inflación y la intermitencia en las cadenas de suministro. Técnicas como la fermentación, el encurtido o la deshidratación se revaloran porque resuelven problemas actuales: ayudan a conservar, alargar temporadas, reducir desperdicio y asegurar disponibilidad.
La tercera megatendencia marca un giro respecto a la era de los productos “instagrameables” sin mayor contenido. Intentionally Sensory plantea que la sensorialidad —color, textura, aroma, sonido— deje de ser adorno para asumir un papel funcional: apoyar el bienestar emocional, la inclusión y la diferenciación de producto.
Mintel presentó cifras contundentes: 49% de los consumidores mexicanos, 45% de los colombianos y 37% de los peruanos consideran que el aroma de un alimento o bebida puede mejorar su bienestar emocional.
Uno de los puntos más disruptivos de esta megatendencia es la idea de sensorialidad adaptada a distintos cuerpos y contextos. Mintel prevé que, hacia 2030, este enfoque será habitual en el desarrollo de nuevos productos.
Hacia 2030, Mintel proyecta que:


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