El intercambio de regalos en el trabajo o con compañeros de la escuela, amigos y familia es una tradición que acompaña las festividades de Navidad y Año Nuevo. ¿Se debe decir sí a todos o se vale ser selectivos para cuidar el bolsillo?
Parecería inofensivo gastar 300, 400 0 500 pesos en el intercambio Godín o en dinámicas de oficina como el amigo secreto. El primer reto está en encontrar algo bonito, útil y de calidad con ese monto y evitar que el jefe o cualquier otro colega quede con mal sabor de boca.
Lo más probable es que el presupuesto acordado quede rebasado y se deba incurrir en un mayor gasto. Además, es posible que se sumen otros desembolsos, como la envoltura, el moño y la tarjeta. Y por qué no, para quedar bien y brillar en la celebración, hasta unos chocolates o unas flores.
“A primera vista parecería que no cuestan mucho, pero estos pequeños extras pueden sumarle una cantidad significativa al gasto total (...) y pueden convertirse en un golpe directo a tu cartera”, señala Nu México.
Eso es solo un intercambio, pero si la persona acepta entrar al que organizan en la universidad, en la escuela de inglés, en la casa de la pareja, el mejor amigo y la familia, el gasto se puede salir de control.
Por pequeñas que sean las cantidades acordadas, el monto terminará por ser elevado y, quizá, con un impacto importante en las cuentas de los próximos meses.
Sofía Macías, autora del libro Pequeño Cerdo Capitalista, comenta que la primera regla es ser selectivo en este tipo de dinámicas y sólo elegir aquellos que tienen un significado especial.
Si en la oficina hay una mala relación con la mitad de los compañeros, para qué arriesgarse a pasar un mal momento, siempre será mejor no aceptar la invitación y dar las gracias.
El segundo punto a considerar es un presupuesto para no sufrir la cuesta de enero, febrero y marzo. Si hay disponible 500 pesos y tres intercambios de 250 pesos cada uno, sólo es posible entrar a uno o dos, pero tres ya implica dar el tarjetazo o dejar de gastar en algo que probablemente sí se necesita.
En el presupuesto se puede incluir una parte del aguinaldo, por ejemplo. Rodrigo Vargas, consultor patrimonial, recomienda usar 20% de este beneficio laboral para regalos navideños e intercambios. Si hay otros ingresos extra, como bonos y fondos de ahorro, es posible dar un pellizco, pero no mayor a 10%, el objetivo es sólo complementar el gasto, no acabarse el fruto de un año de trabajo.
“Si el aguinaldo se va en gastos de corto alcance —cenas, regalos, posadas, compras impulsivas—, enero se convierte en un mes de angustia”, dice el presidente de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec), Cuauhtémoc Rivera.
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