Los romeritos no son un antojo improvisado. Son un plato ritual. Aparecen cada diciembre —especialmente el 24 y el 25— en mesas donde la tradición pesa más. Su sabor es complejo y, para muchos, adquirido: verde mineral del quelite, mole especiado, papa suave y el toque marino del camarón seco.
Su presencia está ligada a la cocina de vigilia y a una herencia que se remonta al periodo virreinal, cuando los quelites formaban parte esencial de la dieta cotidiana. Prepararlos exige paciencia y técnica; hacerlo bien es una forma de respeto a la memoria familiar.
Qué son los romeritos (y qué no)
Aunque su nombre confunda, los romeritos no tienen relación con el romero. Se trata de un quelite mexicano de sabor ligeramente amargo y textura delicada. El error más común es tratarlos como espinaca: sobrecocerlos o no limpiarlos correctamente.
El secreto está en blanquearlos lo justo y escurrirlos con cuidado para conservar su color, su estructura y su identidad vegetal.


