La Navidad se puede considerar un suceso urbano, y muchas ciudades del mundo se preparan para recibirla desde noviembre (una verdadera agenda de marketing municipal). Eso incluye un despliegue de luces y mercados navideños que ayudan a visitantes y locales a preparar el cuerpo y el alma para esta fecha tan especial.
Este es el caso de Viena, ciudad imperial cuya historia, arquitectura y esencia se funden con el espíritu navideño que inunda sus parques y calles y la convierten en un auténtico escenario de cuento. “Auténtico” es acá la palabra clave, ya que la tradición de los mercados navideños nace en esta parte del mundo.
A eso de las cuatro de la tarde, se encienden las luces de las calles y la magia navideña brilla en contraste a un cielo azul profundo que va armando el clima festivo.
No alcanzan las horas para mirar con detalle las vidrieras. Es impactante la cantidad de calendarios de Adviento que ofrecen las marcas y las delicias con envoltorios navideños dignos de colección, todo pensado para renovar el entusiasmo (y el consumo) propio de la fecha. Alerta constante para quien se tienta…
Los mercados navideños no se concentran en un solo barrio, sino que se extienden por toda la ciudad. Uno de los más impresionantes es el Christkindlmarkt Rathausplatz, ubicado frente al imponente Ayuntamiento, que se convierte en un espectáculo de luces al caer la tarde. Los puestos de artesanía y comida tradicional conviven con atracciones como patinaje sobre hielo o inmensas calesitas de época que, desde luego, nos hacen sentir como un niño inmerso en un cuento de Navidad.

Mi mercado favorito es el Altwiener Christkindlmarkt en Freyung, que funciona desde el 1700. Chiquito y emplazado entre edificios históricos (obviamente), mantiene un carácter nostálgico y tradicional, menos estridente, un remanso para seguir recorriendo esta ciudad que luce increible en estas fechas.
Viena en Navidad.mp4

