El sistema, cualquier sistema, a lo largo de la historia, favorece a las parejas unidas por alguna forma de contrato.
“Hasta finales del siglo XVIII, la mayoría de las sociedades en todo el mundo consideraban el matrimonio una institución política y social demasiado importante como para dejarla en manos de las apetencias de dos individuos”, dice Stephanie Coontz en su ‘Marriage, a History’, no traducida aún, creo, al español.


