Que alguien presuma de quedarse dormido apenas apaga la luz puede sonar como una ventaja en un mundo donde abunda el insomnio. Sin embargo, expertos advierten que dormirse en menos de cinco minutos puede ser una señal de alarma sobre la salud del cerebro y el cuerpo. ¿Cuáles son los riegos de conciliar el sueño rápido y de manera profunda?
Según la Sleep Foundation , organización dedicada a la investigación del sueño, existe un parámetro llamado Latencia del Inicio del Sueño (SOL): el tiempo que tarda una persona desde que decide dormir hasta que realmente entra en la primera fase del sueño. En adultos sanos, este periodo oscila entre 10 y 15 minutos.
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Estudios citados por la Sleep Foundation y explicados en análisis recientes señalan que:
Lejos de ser una habilidad envidiable, este fenómeno puede reflejar que el cuerpo está tan exhausto que no puede sostener mecanismos normales de vigilia. La privación continua puede desencadenar procesos de hiperexcitabilidad homeostática en el sistema nervioso central, según han documentado investigaciones especializadas.
Dormirse instantáneamente no solo indica cansancio extremo, sino que también puede estar relacionado con:
Expertos señalan que esta latencia ultracorta del sueño se ha asociado en estudios con alteraciones metabólicas y deterioro del rendimiento mental, lo que desmonta la creencia popular de que quedarse dormido rápido es sinónimo de dormir mejor.
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