A comienzos de los años 2000, un artista plástico trazó el proyecto con el que nació esta casa de Colegiales. Ubicada en el centro de la manzana y con una planta de 150m2, se caracterizaba por sus líneas puras y rectas, el protagonismo del hormigón visto y el cemento alisado. Esa propiedad fue el punto de partida para las arquitectas Andrea Real y Amy Martelli, de Estudio Trama, que la reformaron para adaptarla a una familia con chicos.
“Otro elemento importante fue el uso de las diagonales, que tienen un papel determinante generando tensiones espaciales y perspectivas dinámicas propias del lenguaje contemporáneo”, cuentan las arquitectas.
En dos meses de proyecto y nueve de obra, desmontaron un ascensor para convertirlo en hall, el antiguo taller pasó a ser playroom y ampliaron y renovaron un viejo depósito para alojar la máster suite. Abrieron nuevas ventanas y le dieron vida al jardín. El resultado: una vivienda que mantiene vivo su ADN artístico y moderno, renovada con una sensibilidad actual que realza la fuerza expresiva de sus espacios.
“Este espacio, que alguna vez fue un taller, nos reveló su verdadera vocación: transformarse en un playroom, un lugar de encuentro familiar.Es la parte más divertida de la casa”, cuentan las arquitectas. Aprovechando la doble altura de este sector, sumaron un tobogán.
Renovaron el mobiliario de la cocina, con bajomesada y estantes nuevos, pero conservaron la mesada original. Además, agregaron una despensa cerrada y un módulo para acomodar la heladera y el microondas.
“El cliente nos presentó un gran desafío: en el jardín, crear un espacio para una mesa exterior y una pileta. Nos sedujo la idea de concebirla como un estanque elevado, con un borde que funciona como un banco continuo donde poder sentarse junto al agua”.
El toilette conservó su forma original, pero fue renovado. “Queríamos un baño con personalidad, en sintonía con el espíritu vibrante de la casa”, detalla la arquitecta.
“Donde antes había un depósito, ahora está la suite principal de la casa. Creamos un pequeño espacio de recepción y, al trazar una diagonal −un guiño a las líneas oblicuas que aparecen en distintos rincones− nació un pasillo hacia la suite, acompañada por su vestidor y su baño”
Donde antes había un antiguo cubículo de ascensores hoy está el recibidor.


