Un reconocido oncólogo de Harvard reveló cuáles son los verdaderos secretos para vivir más tiempo, con mejor salud y bienestar prolongado, y aseguró que no se logran siguiendo modas alimentarias como el ayuno intermitente u otras dietas milagro, sino mediante hábitos sostenibles a largo plazo.
Ezequiel J. Emanuel, oncólogo de Harvard y colaborador de CNBC, afirmó que la clave de una vida sana es adoptar hábitos alimenticios que puedan mantenerse durante años, no solo por semanas. Estos son los principales errores que recomienda evitar:
La mayoría de los adultos consume más de 500 calorías diarias en refrigerios, principalmente de alimentos ultraprocesados como papas fritas, dulces y postres. Un estudio mostró que quienes consumieron este tipo de snacks aumentaron alrededor de un kilo en solo dos semanas, en comparación con quienes comieron alimentos integrales.
Aunque las proteínas son esenciales, las proteínas en polvo no son la mejor opción. Un análisis reveló que dos tercios de estos productos contienen niveles peligrosos de plomo. Además, el consumo excesivo de carnes rojas tampoco es recomendable.
La fibra es clave para la salud intestinal, pero los suplementos no sustituyen a los alimentos reales, ya que suelen contener un solo tipo de fibra y ofrecen beneficios clínicos limitados frente a la variedad que aportan los alimentos integrales.
Se deben evitar los alimentos ultraprocesados, altos en azúcar y bajos en fibra, ya que están directamente relacionados con el sobrepeso y las enfermedades metabólicas.
Hacer mucho ejercicio no compensa una mala alimentación. Según Emanuel, lo que se come y la cantidad ingerida tienen un impacto decisivo en el peso corporal y la salud general.
Así como hay hábitos que se deben evitar para tener una vida Así como existen prácticas que deben evitarse, el especialista destaca hábitos positivos que pueden mejorar significativamente la calidad de vida.
En lugar de comida chatarra, se recomiendan frutos secos, fruta, yogur, hummus y verduras, ya que aportan fibra y proteínas que ayudan a controlar el apetito sin generar picos de azúcar.
La ingesta diaria recomendada es de 0,75 a 1 gramo de proteína por kilo de peso corporal, lo que equivale aproximadamente a:
Estas proteínas deben provenir de fuentes naturales como lentejas, frijoles, yogur y pescado.
Consumir frutas, verduras, legumbres y cereales integrales ayuda a reducir el riesgo de cáncer colorrectal, disminuye la incidencia de diabetes tipo 2 y se asocia con un 31% menos de riesgo de muerte por enfermedad coronaria.
Los lácteos bajos en grasa se relacionan con un menor riesgo de diabetes tipo 2 y un mejor crecimiento en niños. Estudios también indican que los lácteos enteros no aumentan el riesgo de sobrepeso, tanto en niños como en adultos.
No todas las grasas son perjudiciales. Alimentos como aceite de oliva, aguacate, frutos secos y chocolate amargo se asocian con menor aumento de peso y mejor salud metabólica.
La actividad física es fundamental, ya que mejora el sueño, el estado de ánimo, la función cognitiva, la densidad ósea y la conexión social.
La kombucha, una bebida fermentada a base de té, azúcar y un cultivo simbiótico de bacterias y levaduras, ha sido consumida durante siglos en Oriente y puede fortalecer la microbiota intestinal, mejorar la digestión y potenciar el sistema inmunológico.
La bebida, conocida como el “oro líquido”, se obtiene al fermentar té negro o verde con azúcar y un cultivo llamado Scoby (Symbiotic Culture of Bacteria and Yeast), lo que da como resultado una bebida rica en vitaminas, magnesio, calcio y potasio.


