China no compite por titulares, sino por control de las infraestructuras tecnológicas invisibles que definirán el poder global. Mientras Occidente debate narratChina no compite por titulares, sino por control de las infraestructuras tecnológicas invisibles que definirán el poder global. Mientras Occidente debate narrat

La consolidación de la perdurable hegemonía China en el mundo, según Foreign Affairs

Durante años, en Occidente preferimos contar la historia de China como si fuera una carrera puntual: quién fabrica más chips, quién copia a quién, quién subsidia más. Pero mientras discutíamos síntomas, Beijing estaba construyendo la estructura. No el producto, sino el terreno. No la app, sino el sistema operativo del poder tecnológico.

El artículo reciente “How China Wins the Future” de Foreign Affairs[1] Elizabeth Exonomy subraya justo ahí: China no está obsesionada con ganar titulares, sino con dominar las infraestructuras invisibles que definirán el poder económico, tecnológico y geopolítico de las próximas décadas.

Fondo marino, polos, espacio, estándares digitales, sistema financiero. Son dominios donde el que llega primero no solo compite: define las reglas.

Lo vi temprano, quizá demasiado temprano para que sonara razonable. Desde 2012, en mis viajes recurrentes a Shenzhen, era evidente que algo distinto estaba ocurriendo. No se trataba solo de fábricas más grandes o costos más bajos. Era una estrategia industrial coherente: robótica, automatización, instrumentación avanzada, sensores, control, manufactura de precisión. Ecosistemas completos, no soluciones aisladas. Hoy, cuando algunos se sorprenden por el avance chino en robótica industrial o humanoide, la sorpresa habla más de nuestra miopía que de su ambición.

Esa realidad lo vislumbraba desde años atrás (2006) cuando participamos en el diseño de un megaproyecto de robótica submarina orientado a exploración en aguas profundas. Ahí la diferencia fue brutal. Mientras en muchos países todavía discutíamos viabilidad, presupuestos o marcos regulatorios, China ya tenía vehículos autónomos submarinos operando, instrumentación probada, flotas civiles con capacidades duales, centros de entrenamiento, y - quizá lo más importante - presencia constante en los foros donde se discuten permisos, estándares y reglas del juego. No llegaban a preguntar qué se podía hacer; llegaban a mostrar lo que ya estaban haciendo.

El artículo de Elizabeth explica precisamente ese patrón: China invierte primero en capacidades técnicas reales y luego usa esa ventaja para influir en instituciones internacionales. En el caso del fondo marino, no se trata solo de minerales críticos. Se trata de cartografiar el océano, dominar sensores (the edge), comunicaciones submarinas y robótica de profundidad, tecnologías que sirven tanto para ciencia como para ciberseguridad. En robótica submarina, como en la industrial, quien controla la plataforma controla el futuro.

Para América Latina, esta lección es incómoda pero urgente. La región posee vastas zonas económicas exclusivas, recursos marinos y potencial científico, pero carece de capacidades propias en robótica submarina, instrumentación avanzada y operación en aguas profundas. Eso nos coloca en una posición estructuralmente débil: dependemos de quien sí invirtió, desarrolló y operó primero.

Lo mismo ocurre en otros frentes que el artículo detalla con precisión. En el espacio, China entendió que los satélites no son solo ciencia, sino agricultura, logística, telecomunicaciones y soberanía. En el ciberespacio, no se vende solo infraestructura digital, sino los modelos de gobernanza tecnológica. En el sistema financiero, no ha reemplazado al dólar, pero sí ha erosionado su monopolio, algo atractivo para economías latinoamericanas cansadas de volatilidad y dependencia.

Aquí es donde la experiencia en robótica vuelve a ser útil como metáfora. En robótica no gana quien hace el mejor demo, sino quien controla el stack completo: hardware, software, sensores, mantenimiento, datos y formación de talento. China juega exactamente ese juego a escala geopolítica. No ofrece piezas sueltas; ofrece ecosistemas funcionales, cerrados pero operativos.

DeepSeek no es una anomalía. Es una señal más de esa acumulación silenciosa. Lo sorprendente no es que China avance; lo sorprendente es que todavía nos sorprenda.

América Latina no está obligada a elegir entre Estados Unidos o China, pero sí está obligada a dejar de improvisar. El artículo es una advertencia elegante pero contundente: el futuro no se define por discursos ni alineamientos retóricos, sino por capacidades técnicas, industriales e institucionales.

La pregunta incómoda para la región no es con quién comerciamos, sino qué sabemos construir, qué podemos operar y en qué mesas estamos cuando se escriben las reglas. Porque mientras algunos seguimos debatiendo narrativas, otros llevan décadas construyendo el tablero.

Y el tablero, una vez armado, rara vez se negocia.

[1] Economy, Elizabeth. “How China Wins the Future: Beijing’s Strategy to Seize the New Frontiers of Power.” Foreign Affairs, vol. 105, no. 1, January/February 2026.

Oportunidad de mercado
Logo de Lagrange
Precio de Lagrange(LA)
$0,29986
$0,29986$0,29986
-4,09%
USD
Gráfico de precios en vivo de Lagrange (LA)
Aviso legal: Los artículos republicados en este sitio provienen de plataformas públicas y se ofrecen únicamente con fines informativos. No reflejan necesariamente la opinión de MEXC. Todos los derechos pertenecen a los autores originales. Si consideras que algún contenido infringe derechos de terceros, comunícate a la dirección service@support.mexc.com para solicitar su eliminación. MEXC no garantiza la exactitud, la integridad ni la actualidad del contenido y no se responsabiliza por acciones tomadas en función de la información proporcionada. El contenido no constituye asesoría financiera, legal ni profesional, ni debe interpretarse como recomendación o respaldo por parte de MEXC.