No hace falta una excusa para poner una canción, pero si existe, mejor tenerla a mano. Escuchar música de forma habitual podría reducir de manera significativa el riesgo de desarrollar demencia y ayudar a mantener la memoria en la vejez. No es una intuición romántica ni un eslogan de bienestar: es la conclusión de un estudio con más de 10.000 personas mayores, liderado por la Universidad de Monash, en Australia.
Memoria: ¿por qué recordamos algunos momentos de nuestra vida y otros no?
La música, más allá del ocio y la cultura, empieza a consolidarse como un factor relevante en la salud cerebral.
La investigación, publicada en la revista científica International Journal of Geriatric Psychiatry, analizó durante años los hábitos musicales y el estado cognitivo de 10.867 personas mayores de 70 años.
El trabajo estuvo dirigido por la investigadora Emma Jaffa y la profesora Joanne Ryan, y forma parte del ASPREE study, uno de los mayores proyectos internacionales sobre envejecimiento saludable.
Los resultados son claros:
No se trata solo de prevenir una enfermedad futura. Los participantes que escuchaban música con frecuencia obtenían mejores puntuaciones en memoria episódica, la que usamos para recordar hechos cotidianos: conversaciones, citas o lo que hicimos ayer.
La ciencia lleva tiempo señalando que la música activa múltiples áreas cerebrales al mismo tiempo: memoria, emoción, atención y coordinación. Además, tocar un instrumento implica aprendizaje continuo, disciplina y estimulación sensorial.
Estudios previos han demostrado que la actividad musical puede favorecer la plasticidad cerebral, incluso en edades avanzadas.
La demencia es uno de los grandes retos sanitarios del siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 55 millones de personas viven actualmente con demencia en el mundo, y no existe una cura. En este contexto, retrasar su aparición o reducir el riesgo es una prioridad. Y ahí entran los hábitos cotidianos: accesibles, baratos y sostenibles.
Como resume la profesora Joanne Ryan, el envejecimiento cerebral no depende solo de la genética o la edad, sino también del entorno y del estilo de vida. Escuchar música (y mejor aún, hacerla) no garantiza una mente inmune, pero sí puede convertirse en una aliada inesperada para cuidar la memoria. Porque a veces, proteger el cerebro empieza con algo tan simple como darle al play.


