“Nos llovió una semana entera. La casa era viejita y le entraba agua por todos lados, pero estábamos encantadas y mamá se veía tan feliz...”. Cala Zavaleta es actriz, artista y gestora cultural, y le sobran los recursos para narrar esta historia como se debe, pues se trata de la materialización de un sueño. La artista plástica y pionera en Palermo con la tienda Cat Ballou, Alicia Goñi, había conocido La Pedrera a los 18 años y se había prometido, alguna vez, vivir en este pueblo costero.
El día llegó con ese febrero lluvioso y con su hija adolescente como parte de un universo que aquí se desplegó en grande. Tras una reforma en la que generó cuartos para sus dos hijos, espacios generosos para compartir en familia y un taller, Alicia se instaló definitivamente. “Fue un antes y un después”, asegura Cala, quien hoy vive en Madrid y, desde el espacio que lleva su nombre, produce muestras y promueve artistas, además de exponer obra propia. “Encontré un equilibrio”, dice pero asegura que este rincón uruguayo donde quedó el hogar familiar es su lugar en el mundo, allí adonde siempre quiere volver.
El piso de ladrillos se conservó en el exterior, pero resultaba frío y húmedo para el interior, donde se reemplazó por madera.
Como el resto de los ambientes, el baño principal está revestido en machimbre y tiene una ventana azul que lo inunda de luz natural.
Cruzando el jardín, está el antiguo garage que Alicia había transformado en su taller. Con el tiempo, Cala se animó a intervenir el espacio más representativo de su mamá y generó allí un segundo living.
La impronta de Cala se traduce en interiores despojados que conservan los rasgos característicos de la primera reforma, como las aberturas en azul Klein y las luminarias de colores vibrantes.


