"Netflix mató el cine". Desde el anuncio de que la compañía de streaming compró Warner Bros., una de las casas cinematográficas más importantes de la historia, la conversación alrededor se ha tornado en cómo se vivirá el consumo del séptimo arte a futuro. Quedan en el aire dudas sobre si los estrenos en pantalla grande serán aún más limitados en prioridad a lanzamientos directos en la plataforma, pero el problema no se queda ahí, sino en la misma forma de hacer películas.
La magia del cine. Este refrán nos recuerda la experiencia de ver un filme desde la butaca. Una sala con luces apagadas, un combo de palomitas, los adelantos para entrar en calor y un grupo de desconocidos en un mismo lugar para disfrutar de una misma historia. Risas, sustos, emoción, gritos o éxtasis. Una catarsis colectiva digna del séptimo arte. Pero ¿qué pasa cuando ese mismo arte se traslada a la sala de tu casa? La película pasa a segundo plano.
Cine en pantalla chica. Con la llegada de las plataformas de streaming, el cine ha pasado por una evolución a ritmo frenético. Desde el negocio a base de suscripciones, un algoritmo que beneficia a ciertas propiedades intelectuales, la sobre oferta de contenido y la creación de títulos originales. Éstos últimos son el tema que nos aqueja en esta ocasión al hablar sobre cómo es que la compañía realiza sus propios productos. En otras palabras: cómo quieren que se hagan sus películas.
El ejemplo. Para hablar de ello nos basaremos en las declaraciones de uno de los actores más reconocidos de Hollywood: Matt Damon. Durante una entrevista para el podcast Joe Rogan Experience, Damon platicó que la misma compañía es consciente de los hábitos de consumo de los usuarios y en consecuencia recurren a ciertas técnicas para beneficiar la retención de la audiencia. A grandes rasgos, la forma en que el servicio de ha cambiado la fórmula para realizar filmes.
El streaming no es lo mismo que una sala. Para empezar, Demon explicó la experiencia de ver una película: es muy distinto en un cine que desde tu casa. Y claro, los espectadores prestan un nivel de atención muy diferente en ambos casos. Mientras que en un cine te concentras de lleno por lo que sucede en pantalla, en el hogar suelen haber diversos estímulos que provocan distracciones. Simplemente dejas de ver la película. El gran problema: los teléfonos.
Una trama sobreexplicada. Según nos explica la Poética de Aristóteles, existen tres puntos importantes para el desarrollo de una narrativa: inicio, nudo y desenlace. Desde el punto de vista de la estrella de la saga Bourne, esta técnica se aplica en el género de acción con tres escenas intensas en cada uno de los actos. La última debe figurar como aquella que "se lleva todas las explosiones". Ahora, lo que Netflix pide es que esa secuencia se ajuste al inicio y la trama sea explicada varias veces en diálogo para que la gente entienda. Porque no ven la película, sino sus smartphones.
Nuevas fórmulas. Queramos o no, ese ajuste es una gran problema ya que los cineastas -en este caso Damon y Ben Affleck con la película El Botín- no narran una película a como ellos quieren, sino como los hábitos del espectador lo exigen. La tendencia ya no es plasmar un estilo propio. En su lugar se ha derivado en una fórmula similar a las redes sociales donde se debe enganchar en el inicio y con la trama demasiado clara para que el espectador no se pierda. Y en el mejor de los casos, aprecie la obra.
La generación TikTok. Otra de las grandes desventajas es que a las nuevas generaciones les cuesta retener su atención por periodos prolongados de tiempo. Esto, respaldado por diversos análisis y estudios, se debe a que el consumo excesivo de videos en formato corto ha hecho que quieran todo de manera inmediata. Una dinámica que les brinde impulsos en los primeros 3 segundos. Mejor dicho: baja tolerancia a la tardanza a cambio de una gratificación artificial impulsiva.
Entonces, a resumidas cuentas, atravesamos una era donde el mundo del entretenimiento tiene que funcionar de manera similar a los patrones de reels o shorts. Con ello, el publico masivo pueda seguir el hilo y engancharse por al menos dos horas de metraje. Un golpe bajo para aquellos que destinamos nuestro tiempo y atención dado que tendremos que ver cómo se nos dice lo mismo una y otra vez, además de dejarnos lo mejor al inicio. Si bien nos va, con un clímax decente.
Como explica, paradójicamente, desde sus redes sociales el canal Pelis de la semana, la nueva normalidad del cine se basa en "películas que se planean y se ejecutan como piezas de contenido digital".

