Joaquín LazzariJoaquín Lazzari

Una cirugía lo dejó en reposo y le hizo replantear su modelo de trabajo: “No me gustaba esto de la gente mirándose en el espejo”

2026/01/21 14:00

Joaquín Lazzari (40), fue de los primeros en abrir un gimnasio de crossfit en nuestro país pero con una particularidad: no puso espejos para que los clientes no estuvieran pendientes de su estética. Casado y con cinco hijos, un sorpresivo tumor en la cabeza lo hizo replantearse su entrenamiento y lo llevó a abrir uno de los pocos centros de entrenamiento integral e individual para mayores de 40 años bajo la premisa de vivir una adultez y longevidad que permita disfrutar del juego con los hijos y nietos, viajar sin un pastillero y hacer las pequeñas actividades de cada día sin dolores musculares. “La medicina como fuerza”, asegura Joaquín.

Su vínculo con el deporte y la medicina

Joaquín es de Bella Vista, de chico siempre le gustó el deporte, en especial si tenía una pelota en el medio. Se dedicó al rugby porque le pareció el más profesional, incluso estuvo preseleccionado en Buenos Aires y en los Pumitas. Al terminar el colegio, y siendo séptima generación de médicos, decidió estudiar Medicina del deporte.

Empezó con un gimnasio de crossfit y hoy tiene un centro de entrenamiento para mayores de 40 años

Pero a medida que avanzaba con la carrera se daba cuenta de que estar adentro de un consultorio no era lo que lo hacía feliz, él se imaginaba un trabajo de campo, poner el cuerpo. Además, su noviazgo reciente y el sueño de formar una familia no los veía compatibles con los años de estudio de medicina, más la residencia y luego la especialización. La idea de dejar una carrera que estaba dentro del legado familiar no era tan sencilla de tomar, y empezó de a poco a investigar nuevos rumbos. Hizo un curso de personal trainer, empezó primero a entrenar amigos y luego a gente del club y ahí se dio cuenta de que sí, ese era el camino que quería tomar y dejó la carrera de medicina.

O casi, porque de alguna manera sentía que seguía vinculado a la medicina pero desde el lado de la prevención, preparar a la persona para que esté con la mejor condición física posible para mantenerla alejada de lesiones y de situaciones que le fueran sucediendo en la vida, que si bien muchas veces no se pueden evitar, se puede tener el cuerpo mejor preparado para dar respuesta.

“No me gustaba esto de la gente mirándose en el espejo”

Después de algunos años teniendo un grupo de entrenamiento en plazas y casas, surgió la posibilidad de tener con un amigo un centro de entrenamiento para futbolistas amateurs dentro de la cancha de un colegio. Tenía unas 60 personas entrenando, pero el problema es que era una actividad que dependía del clima y de organizar agendas, y su economía no podía depender del clima. Sabiendo que tenía un buen volumen de gente empezó a buscar locales para abrir su propio gimnasio y en una formación de entrenamiento con un amigo conoció el crossfit y así Joaquín, a sus 27 años, se convirtió en una de las primeras cinco personas en abrir un sitio de crossfit en nuestro país.

El entrenamiento como base para la calidad de vida

“Arranqué de a poquito, el modelo que armé era más de entrenamiento funcional, arranqué con un par de barras, un par de discos, pelotas y poquitos elementos con los que se podía hacer un muy buen entrenamiento”, recuerda Joaquín. “Creo que me gustó también por el hecho de que era lo más parecido al entrenamiento de rugby que yo había tenido, ese que se realiza en equipo, la sensación de dejarlo todo, en ese momento era chico, tenía 27 y estaba en esa actitud de entrenar fuerte”, recuerda.

Joaquín siempre pensó su gimnasio desde el lado de la salud y desde el rendimiento, nunca desde algo estético, por eso decidió no poner espejos: “Había ido a entrenar antes a algunos centros más comerciales y no me gustaba nada esto de la gente mirándose al espejo, levantándose la remera para ver cómo se le veían los abdominales. Creo que era un entrenamiento mucho más individualista, y esto de no tener espejos, compartir con los otros y estar en comunidad me gustaba más”, explica Joaquín que siempre pensó que lo estético venía como consecuencia de ser constante, consistente, hacer un buen plan de entrenamiento, alimentándose y durmiendo bien. Pero en su gimnasio el foco nunca estuvo puesto en lo estético, sino en la salud, en mantenerse lo más alejado posible de las lesiones y enfermedades, y siendo más consciente de la manera y tipo de entrenamiento que del espejo.

Nunca apuntó a vender soluciones mágicas ni planes para el verano, siempre fue una cuestión de salud. “Creo que cuando tenés veintipico no pensás en cómo vas a estar dentro de 30 años, lo ves lejano, no sos tan consciente. Siempre lo pensé desde el lado del rendimiento, cuanto más preparado estás físicamente más podés disfrutar del deporte”, analiza.

“Estuve en cama casi un mes y medio, fue revelador”

Junto a su mujer luego de la cirugía por un tumor en la cabeza

Hace tres años Joaquín empezó a ver doble, al principio mucho no le llamó la atención porque a los 20 años recibió un golpe que lo dejó con la visión periférica doble. Pero esa visión que al principio era de lejos se fue agravando y tuvo que empezar a taparse un ojo para poder ver bien. Los problemas de visión comenzaron a acompañarse por dolores de cabeza y una presión cada vez que se agachaba para levantar los elementos del piso en el gimnasio. Realizó unas seis o siete consultas médicas y decidieron operarlo, pero previo le pidieron una resonancia de cabeza y encontraron que tenía un tumor.

“Tenía como una pelotita de golf que estaba apretando el cerebelo. Me operaron y fue un momento de revelación porque viví en carne propia lo que es estar débil, ser una persona frágil, perder la independencia. Estuve en cama casi un mes y medio, dependía de otros para que me den de comer, me costaba caminar, nunca me había pasado. Me ponía muy mal pensando en no poder cuidar de mi familia y que ellos me tengan que cuidar a mí cuando siempre fui yo el que estaba cuidando a los demás, fue bastante revelador en ese sentido, y trato de trasmitir mucho eso, no es solamente por vos, hacelo por tus hijos, por tu familia”, reflexiona Joaquín.

Su tumor fue algo inesperado, no tuvo que ver con malos hábitos, tal vez lo haya tenido de nacimiento y fue creciendo, no supieron decirle, pero es por lo que le tocó atravesar y lo que lo hizo ser más consciente de lo que es sentirse frágil.

Sintió en su propio cuerpo cómo uno empieza a perder masa muscular y fuerza. “Yendo al caso más extremo empezás a depender de un bastón. Hemos tenido casos de personas que han entrenado porque tuvieron que cambiar el auto porque no se podían agachar del dolor de rodillas que tenían; o tenía que sacar algo de la alacena y debía esperar a que llegara el marido o los hijos para ayudar; o dejar de ir al supermercado por no poder cargar las bolsas”, cuenta Joaquín

Junto a su familia

Joaquín es tajante, como llegues depende lo que hayas hecho antes, y por eso el momento para entrenar el cuerpo es ahora. “Si ya llegaste y estas con dolor todavía se puede hacer un montón. Hay transformaciones de personas que han empezado a entrenar a los 70 años y unos años después están mejor que incluso a los 50”, cuenta Joaquín de algunos de sus clientes.

“La fuerza como medicina”

Este año Joaquín cerró su gimnasio porque lo transformó: ahora, junto a su equipo de especialistas, realizan entrenamiento personalizado con un plan individual para hombres y mujeres mayores de 40 años.

“Primero tenemos una entrevista inicial, armamos la ficha clínica y hacemos una evaluación física y funcional para ver como está la modalidad y fuerza de la persona, así sabemos bien cuál es el punto de partida de cada persona para armar el plan y vamos reevaluando cada tanto tiempo”, explica de su nuevo centro al que llamó Iron Lab, para salir del concepto de gimnasio y pensarlo más como un laboratorio bajo el lema “La fuerza como medicina”. Junto a Joaquín trabaja un equipo de kinesiólogos y nutricionistas, en sus planes está sumar algún psicólogo o coach para que ayude con los procesos de cambios de hábitos.

Joaquín entrena desde chico

“No hay entrenamiento que le gane a una mala dieta, por eso también es importante saber los hábitos de alimentación. Nosotros proponemos por ejemplo entrenar tres veces por semana acá, pero todo lo que la persona haga por fuera es igual de importante”, aclara Joaquín. A diferencia de los grandes gimnasios donde la gente paga una membresía que luego no usa, ellos buscan hacer un seguimiento telefónico a quien por algunos días no aparece, saludar en cumpleaños y lograr un trato humano y personalizado. “Yo prefiero tener menos gente pero que esté mucho mejor atendida. Hasta con el equipamiento, tener menos cosas pero mejores, levantar el nivel, menos es más. Quiero tener la mitad de clientes pero saber la vida de cada uno, mandarle un mensajito. A nosotros nos importa que vengas”, asegura Joaquín.

Hoy lo ve más por el lado de pensar en la longevidad, en una buena calidad de vida hasta el último minuto, de poder seguir jugando con los hijos, de poder viajar y disfrutar sin necesidad de tomar pastillas para los dolores. También empezó a especializarse en golfistas mayores de 40 años, para que puedan jugar sin dolores y mejorar su swing.

Joaquín concluye con la historia de Patricia, una docente jubilada que tiente prótesis en ambas rodillas, operación en la espalda, caminaba dos cuadras y le dolía, quería viajar y no se aguantaba una hora de auto. Tenía 62 años, muy joven. “Hoy es impresionante, ya no le duelen las rodillas, se pudo agachar después de dos años, está planificando un viaje a Europa, le cambió la cabeza, no solo a nivel dolor sino en el ánimo, su confianza, su autoestima”, relata Joaquín, un hombre convencido de que no es magia, es entrenamiento, es esfuerzo, es paciencia y los resultados grandes pueden verse tal vez dos años después, pero valen la pena.

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