Thiago, el joven golpeado en PinamarThiago, el joven golpeado en Pinamar

Drástico giro. El propio adolescente víctima de golpes intentó encubrir con un relato al amigo que le pegó en Pinamar

2026/02/01 08:49

PINAMAR.- Un joven de 16 años está internado en terapia intensiva luego de sufrir una golpiza que provocó fractura de cráneo y un hematoma que, si bien no generaría riesgo de vida es motivo de preocupación para los médicos, según explicaron fuentes que conocen muy bien una historia que tuvo un drástico giro: del ataque de una patota a tres amigos pasó al arresto de uno de esos adolescentes tras quebrarse emocionalmente y confesar que fue el autor de los golpes que lesionaron al chico identificado por su familia como Thiago.

El ataque en manada que habían denunciado ante las autoridades policiales y judiciales fue una mentira para cubrir esa pelea entre amigos que terminó mal. Y la situación más conmocionante es que la propia víctima señaló a desconocidos como autores de la agresión en un intento de proteger a su amigo, al que conoce de toda la vida y al que su familia alojaba para compartir unos días des descanso frente al mar.

“No tengo palabras, me mintió. Estoy decepcionado, ahora solo quiero que mi hijo esté bien”, dijo el padre del menor internado, que llegó anoche a un hospital en Esteban Echeverría para seguir la evolución de la lesión en la cabeza. “Estaban jugando de manos, se calentó y le pegó mal”, agregó en diálogo con Crónica TV minutos después de que el chico de 17 años que había albergado en su casa de veraneo salía esposado de la seccional de Pinamar.

De acuerdo con fuentes cercanas a la investigación, todo empezó poco después de las 6.30, cuando la familia oriunda de Temperley llegó con su auto al muelle. Los padres de Thiago ingresaron en espigón para pescar, mientras que los adolescentes, la víctima de los golpes, el ahora detenido y un chico de 14 años, testigo del hecho, se quedaron en el vehículo en el estacionamiento del muelle. Según la reconstrucción de los hechos realizada a LA NACION, Thiago se quedó en ese lugar, mientras que los otros dos jóvenes caminaron hasta el cercano centro de Pinamar y regresaron unos treinta minutos después al vehículo. Por motivos que los investigadores no tienen aún en claro, dentro del auto comenzó una pelea que derivó en las graves lesiones sufridas por la víctima.

Tras los golpes, empezó otra parte de la historia. El adolescente agredido fue a buscar a sus padres al muelle, con sangre en su rostro. Brindó la primera explicación que asustó a su familia, los tres habían sido víctimas de un ataque de una patota compuesta por al menos ocho jóvenes que los atacaron sin razón.

Esa versión fue sostenida por los otros menores, que relataron incluso ante la policía y la Justicia una agresión en desproporción numérica y física que remitió a la acción de la patota que asesinó a golpes a Fernando Báez Sosa hace seis años en Villa Gesell. Se encendieron todas las alarmas y las autoridades empezaron a buscar pistas para hallar a los violentos señalados por Thiago y sus amigos como jóvenes que vestían jeans y camisas blancas, como si formasen parte de un equipo al compartir el mismo look. Pero algo no estaba bien en ese relato.

La víctima fue trasladada al hospital local donde se comprobó que sus lesiones eran más graves que lo supuesto en un primer momento y quedó internado. Los investigadores buscaron rastros de la pelea en las imágenes de cámaras de seguridad instaladas en el muelle, que son varia y tienen muy buena definición, al punto que forman parte del menú abierto de cámaras de seguridad municipales que cualquier turista puede observar en televisión mediante el cable local. Los detectives no podían encontrar pistas sobre esos atacantes, que supuestamente habían salido de un boliche de playa que está situado a unos seiscientos metros al sur del muelle. Y las versiones del chico de 14 años y de su amigo de 17 empezaron a tambalear.

Cuando todavía era creíble el relato de los amigos atacados por una patota, los dos menores que no habían sufrido heridas fueron llevados al centro de monitoreo para que reconociesen a potenciales sospechosos que habían sido grabados en las cámaras en la zona del hecho. Pero allí todo cambió. Los dos adolescentes discutieron sobre lo ocurrido y la coartada finalmente se derrumbó. Ya no había una manada de violentos como habían contado incluso a los padres de Thiago, sino una pelea entre amigos de toda la vida por razones que se desconocen y que llegó a tener la potencia de provocar la fractura de cráneo del chico de 16 años.

Uno de los amigos está entonces internado en terapia intensiva, el otro detenido en la causa que investiga la fiscal de menores Mónica Ferré, y el más joven de ellos, volvió con el padre de Thiago a la casa donde compartían las vacaciones que terminó en una tragedia física y emocional.

“No tengo palabras”, dijo el padre de la víctima al confirmarse que la mecánica de los hechos no era cómo la habían contado los jóvenes. Contó consternado que el chico detenido vive al lado de su casa en Temperley, que no solo lo llevó a Pinamar en esta vacaciones, sino que acostumbraba a ir con él y su hijo ver partidos de fútbol. Una amistad de toda la vida que llevó incluso a la propia víctima a mentir para encubrir lo sucedido.

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