Una pelea interna del PJ de Jujuy amenaza con dinamitar la estrategia peronista en el Senado. Cristina Fernández de Kirchner, presidenta del PJ Nacional, mandó a suspender por “inconducta partidaria” a la senadora Carolina Moisés y más de 300 afiliados jujeños, y reavivó una guerra con los gobernadores –y la propia Moisés– que amenaza con implosionar la bancada peronista a una semana de la votación de la reforma laboral.
Gobernadores en pie de guerra: interna peronista, amenazas de ruptura y una negociación con Villarruel
Moisés está furiosa. “La Cámpora es lo peor que nos pudo pasar”, escupió la senadora jujeña en declaraciones radiales, horas después de que los interventores del PJ jujeño, Aníbal Fernández y Gustavo “Tano” Menéndez, hubieran publicado la resolución en la que dispusieron la suspensión preventiva de 300 afiliados que, en las elecciones de 2025, participaron en listas que compitieron con el frente oficial del PJ local. En el caso de Moisés, además, la acusaron de votar “en contra de los principios justicialistas” cuando acompañó la sanción del RIGI (Régimen de Incentivo de las Grandes Inversiones) en la Ley Bases y, luego, el Presupuesto 2026 de Javier Milei.
La novela del PJ jujeño comenzó en 2023, cuando Alberto Fernández mandó a intervenir el partido luego de que Ruben Rivarola, histórico titular del PJ local, hubiera acompañado la reforma constitucional del entonces gobernador radical Gerardo Morales. La disputa por el poder del partido, sin embargo, se extiende hace muchos años y terminó de explotar en 2025, cuando el peronismo jugó por separado y terminó quedándose, por primera vez en su historia, sin una banca en la Cámara de Diputados.
La dirigenta de La Cámpora, Leila Chaher, se reunió, entonces, con una Cristina Fernández de Kirchner ya detenida con prisión domiciliaria en San José 1111, y le pidió que interviniera para expulsar a los dirigentes que no habían acompañado la lista oficial del PJ, que era la que ella había encabezado (y terminó perdiendo con el 15% de los votos). En esa lista estaba Moisés, pero también Rivarola, que tras cerrar un acuerdo con La Cámpora en 2025 se peleó y terminó cerrando con Moisés.
La novela jujeña tuvo su último capítulo la semana pasada, cuando CFK terminó de aceptar el planteo de Chaher y solicitó el pedido de suspensión de Moisés. La senadora jujeña impugnó la resolución el lunes, y le solicitó a la Justicia que interviniera el partido.
Las consecuencias, sin embargo, van mucho más allá del PJ local y afectan al poder de fuego del peronismo en el Senado: Moisés quiere romper el bloque y llevarse, con ella, a sus cuatro compañeros de Convicción Federal. Una decisión que dejaría al peronismo con 23 votos y sin poder de negociación para los pliegos de la Corte Suprema.
“Estuvo mal. Ella (por Moisés) es una libertaria que está infiltrada en el bloque, pero es un momento inoportuno. Le vas a dar la excusa perfecta”, masculló un senador cercano a CFK que, sin embargo, es muy crítico a la decisión que tomó la ex presidenta. No es el único: en el bloque, en donde predomina una mayoría cristinista, no generó mucho entusiasmo la decisión de la presidenta del PJ.
Ni siquiera José Mayans, el jefe de la bancada y vicepresidente del PJ Nacional, estaba muy conforme con la decisión: ya el año pasado había boicoteado un intento similar para evitar lo que, sabía, tendría un efecto catastrófico en el interbloque que conduce.
Carolina Moises, Fernando Salino, Guillermo Andrada y Fernando Rejal, los senadores de Convicción FederalEl primer dolor de cabeza es a corto plazo. Moisés recibió, en público y privado, el apoyo de casi todos los gobernadores peronistas –en el entorno de la senadora aseguran que hubo hasta una funcionaria de Axel Kicillof que se solidarizó con ella– y amenaza con romper el interbloque esta semana.
La jujeña integra Convicción Federal, un subbloque peronista que se separó hace un par de años de la bancada que preside Mayans por sus diferencias con la conducción de CFK. Está integrado por otros 4 senadores: el puntano Fernando Salino, el riojano Fernando Rejal, la tucumana Sandra Mendoza y el catamarqueño Guillermo Andrada. El jueves pasado mantuvieron un zoom en el que discutieron la posibilidad de romper pero se definió aplazar la decisión para el miércoles, que es cuando se reunirán en el Senado. Luego de reunirse con algunos de los gobernadores a los que responden, como Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Gustavo Sáenz.
El jefe del bloque peronista, José MayansExisten dos posibles salidas. Una, es que el bloque continúe participando del interbloque oficial del peronismo pero con un llamado de atención y una excusa para diferenciarse en las votaciones futuras. Eso es lo que teme el kirchnerismo: que la expulsión de Moisés del PJ jujeño funcione como excusa perfecta para diferenciarse en la votación de la reforma laboral, en donde necesitan tener 28 votos negativos de base para poder voltear algunos de los artículos del proyecto.
Otra posibilidad es que Moisés decida romper y se lleve consigo a una parte de Convicción Federal, aunque no a todos (ya que hay algunos, como Rejal o Salino, que no están tan cómodos con la idea de romper definitivamente con el interbloque que conduce Mayans). Esta posibilidad sería letal para el peronismo en el Senado. No solo porque abriría el juego al Gobierno a negociar más fácilmente con algunos senadores peronistas –como ya hizo, por ejemplo, con la sanción del Presupuesto–, sino porque rompería algo más crucial: el tercio de 28 votos con el que el kirchnerismo pretende negociar los pliegos de la Corte Suprema.
La discusión se dilató, pero CFK todavía tiene interés en negociar, durante 2026, las dos vacantes que quedaron en la Corte Suprema de Justicia. Tras el rechazo de los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, las conversaciones con el Gobierno se empantanaron. Pero el cristinismo nunca dejó de tener la expectativa de cerrar un acuerdo con La Libertad Avanza para cubrir las vacantes: entre los 28 peronistas y los 20 libertarios, CFK y Karina Milei tienen los dos tercios necesarios para aprobar cualquier pliego. Sin necesidad de acordar con Mauricio Macri o el radicalismo.
Una ruptura del interbloque dejaría a CFK sin poder de fuego para negociar con la hermana presidencial. Por lo que la amenaza de una ruptura representa no solo un dolor de cabeza de cara a la reforma laboral, sino más allá: sería un duro golpe al poder de fuego de la ex presidenta en el Senado.
MCM/CRM


