Cosas que hoy son consenso, muchas veces fueron idea de minorías, que incluso, fueron perseguidas. Hace uno o dos siglos pedir abolir la esclavitud era cosa de Cosas que hoy son consenso, muchas veces fueron idea de minorías, que incluso, fueron perseguidas. Hace uno o dos siglos pedir abolir la esclavitud era cosa de

La siempre necesaria representación de las minorías

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Cosas que hoy son consenso, muchas veces fueron idea de minorías, que incluso, fueron perseguidas. Hace uno o dos siglos pedir abolir la esclavitud era cosa de minorías radical eso antipatriotas y por lo tanto peligrosas; el sufragio efectivo era cosa de minorías; el voto femenino no nació como lo conocemos ahora, sólo avanzó cuando una minoría insistió en ello.

Por eso, cuando se presente la propuesta de reforma electoral del gobierno, los ciudadanos debemos estar atentos a los temas que se aborden. Debemos cuidar que lo conquistado por la democracia mexicana, no disminuya y mucho menos se pretenda desaparecer, ante la narrativa de voluntad de las mayorías.

El tema de los diputados plurinominales va estrechamente ligado con la representación de las minorías .Para que las diversas minorías del país tuvieran acceso a la Cámara de Diputados, el sistema electoral reformado en 1964 con la incorporación de diputados de partido, dio lugar en la reforma electoral de 1977 al sistema mixto: 300 diputados serían elegidos en distritos uninominales y 100 mediante listas regionales divididas en 3 circunscripciones. Con esa representación, se integró la LI Legislatura, 1979-1982. Entre ellos se encontraban por el Partido Acción Nacional, Juan De Dios Castro Lozano, Abel Vicencio Tovar, Juan Landerreche Obregón, Hiram Escudero Álvarez; Gabriel Jiménez Remus y Diego Fernández de Cevallos, eran diputados suplentes.

También formaron parte de esa legislatura Valentín Campa, Arnoldo Martínez Verdugo y Gilberto Rincón Gallardo, del Partido Comunista Mexicano; Graco Ramírez Abreu y Jesús Ortega Martínez por el Partido Socialista de los Trabajadores.

En la sesión de la Cámara de Diputados, instalada como Colegio Electoral, del 29 de agosto de 1979, según consta en el Diario de los Debates, al exponer el dictamen correspondiente, para aprobar la lista de diputados plurinominales, se dijo:

“La historia reciente del país, indica la necesidad, no sólo de avanzar en la solución de los problemas económicos sino también y fundamentalmente de las políticas para enriquecer las bases democráticas en que se sustentan las instituciones nacionales. Por ello en la filosofía política del régimen, que inspira a la Reforma política, se afirma el compromiso de todos para mejorar las instituciones democráticas y aceptar que las minorías deben estar representadas en proporción a su número, no sólo para expresar libremente sus ideas, sino que sus modos de pensar sean sopesados por las mayorías al tomar decisiones, es decir, que el pensamiento de las minorías tenga significado político e influya en las decisiones gubernamentales…”

A partir de esa Legislatura los diputados plurinominales forman parte de nuestro sistema parlamentario; con aciertos y puntos negros evidentes. Esta figura, fue creada para que los partidos pudieran registrar a sus mejores hombres, se diera voz a representantes académicos, investigadores o artistas que difícilmente podrían competir en un distrito electoral, toda vez que la maquinaria del partido en el gobierno hacía imposible una competencia equitativa.

Desafortunadamente los partidos en vez de ocupar los espacios para sus mejores hombres lo fueron reservando para sus compromisos cupulares, amigos o burócratas partidistas que no tenían ni la formación, ni la capacidad o preocupación para ser parlamentarios. Casos de quienes han brillado en la tribuna, en las propuestas o en las denuncias, son muchos. Pero también son varios los que con su actitud han colmado la paciencia ciudadana y el decoro de cualquier democracia.

El debate que se abra en torno a este tema debe ser serio y no dejarse llevar sólo por los bochornosos actos de algunos representantes populares. Debe preservarse la figura de los diputados plurinominales, no por ellos en sí, sino porque representan voces minoritarias, siempre indispensables para cualquier democracia.

A los discursos oficiales, a los acuerdos por unanimidad o las políticas públicas, hay que cuestionarlos, no siempre aceptarlos. Los diputados plurinominales deben garantizar el pluralismo político e ideológico. Deben introducir al debate nacional temas que el gobierno preferiría ignorar como la transparencia o la rendición de cuentas.

En nuestro país, es hasta 1977 que se empezó a reconocer a minorías que antes eran marginadas.. Que esa representatividad no acabe en 2026.

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