La suba de las exportaciones de carne vacuna abre espacio para el cerdo en el consumo interno.La suba de las exportaciones de carne vacuna abre espacio para el cerdo en el consumo interno.

Opinión: la gran oportunidad para la carne de cerdo

2026/02/08 17:30
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El crecimiento sostenido de la demanda mundial de proteínas animales está redefiniendo equilibrios productivos y comerciales. En ese contexto, la Argentina enfrenta un escenario conocido pero renovado: la carne vacuna vuelve a estar fuertemente traccionada por el mercado internacional, con impacto directo sobre los precios internos. Este proceso, que se profundiza con el aumento de las exportaciones, plantea un desafío para el consumo doméstico, pero también abre una oportunidad concreta para otras proteínas, en particular para la carne de cerdo.

El sector porcino argentino viene creciendo de manera ininterrumpida desde hace más de 15 años a una tasa promedio cercana al 5% anual, impulsado principalmente por el consumo interno. El dato no es menor: pasamos de un consumo marginal, concentrado casi exclusivamente en chacinados, a una presencia cada vez más extendida de carne fresca en carnicerías, supermercados, restaurantes y hogares. Este cambio cultural y productivo explica buena parte del desarrollo alcanzado y sienta las bases para una nueva etapa de expansión.

El crecimiento del consumo de cerdo acompaña un cambio estructural en la demanda de proteínas.

Hoy el cerdo ocupa un lugar estratégico en la mesa de los argentinos. Es una carne de excelente calidad, magra, sabrosa y segura. A eso se suman un par de factores clave en el escenario actual: el cambio en la pirámide nutricional donde las proteínas animales están en la base y el precio para el consumo interno. En términos relativos, el cerdo se ubica muy por debajo de la carne vacuna, lo que lo convierte en una alternativa accesible sin resignar valor nutritivo. Ante la presión sobre el bolsillo de los consumidores, esta combinación resulta decisiva.

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Complementariedad, no competencia

Desde el punto de vista nutricional, la carne de cerdo aporta proteínas de alta calidad, vitaminas del complejo B y minerales esenciales. Desde lo gastronómico, ofrece una versatilidad difícil de igualar: puede prepararse a la parrilla, al horno, en milanesas, salteados, guisos o platos de alta cocina. La diversificación de cortes, muchos de ellos homologables a los de la carne vacuna, facilitó su incorporación a hábitos de consumo ya instalados y amplió su aceptación en todos los segmentos.

El aumento del consumo de cerdo no compite con la carne vacuna: la complementa. En la medida en que la carne bovina encuentre mejores condiciones para exportar y capturar mayor valor en los mercados externos, el cerdo puede ocupar un rol central en el abastecimiento interno de proteínas animales. De hecho, este proceso ya está en marcha y explica parte del equilibrio logrado en los últimos años entre producción, precios y consumo.

La producción porcina, además, presenta ventajas estructurales. Es una actividad con alta eficiencia de conversión, fuerte incorporación de tecnología, mejora continua de la productividad y generación de empleo a lo largo de toda la cadena. Cada nueva inversión implica construcción, equipamiento, mano de obra calificada y desarrollo local, especialmente en el interior del país. Se trata de un sector intensivo en trabajo y con fuerte arraigo territorial.

Valor agregado y soluciones

A esto se suma una creciente integración con los principios de la bioeconomía y la economía circular. La valorización de efluentes, la generación de energía a partir de biogás y el uso de subproductos como fertilizantes permiten reducir impactos ambientales, sustituir insumos importados y mejorar la sostenibilidad del sistema productivo. El cerdo, en este sentido, no solo produce alimentos: genera valor agregado y soluciones.

Tecnología, eficiencia y arraigo territorial explican el crecimiento sostenido del sector porcino.

El desafío hacia adelante es consolidar y profundizar este camino. Para que el sector pueda aprovechar plenamente la oportunidad que se abre en el mercado interno, es necesario un marco que acompañe las inversiones, mejore las condiciones de financiamiento y elimine distorsiones que hoy encarecen el crecimiento. La dinámica productiva ya demostró su potencial incluso en contextos adversos. Con reglas más previsibles, el aporte podría ser aún mayor.

La demanda global de proteínas seguirá creciendo. La carne vacuna argentina tiene allí un lugar privilegiado. El cerdo, por su parte, está llamado a desempeñar un rol cada vez más relevante en el consumo interno, ofreciendo una opción accesible, nutritiva y versátil. Aprovechar esta complementariedad no es una consigna: es una estrategia inteligente para el desarrollo del agro y de la economía en su conjunto.

El autor es presidente de la Federación Porcina Argentina (FPA)

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