El 21 de enero falleció en Montevideo la gran pintora uruguayo-italiana, Linda Olivetti Kohen. Había nacido en 1924 en Milán, Italia, como Linda Olivetti ColombEl 21 de enero falleció en Montevideo la gran pintora uruguayo-italiana, Linda Olivetti Kohen. Había nacido en 1924 en Milán, Italia, como Linda Olivetti Colomb

Linda Olivetti Kohen, una artista extraordinaria

2026/02/12 11:15
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El 21 de enero falleció en Montevideo la gran pintora uruguayo-italiana, Linda Olivetti Kohen. Había nacido en 1924 en Milán, Italia, como Linda Olivetti Colombo, hija de Rina Colombo y de Guido Olivetti. Conservó su lucidez hasta el último día de su vida. En su personalidad se destacaban la humanidad, la ternura junto a una inmensa cultura que había forjado desde su infancia en un hogar donde se amaba la cultura en todas sus vertientes. Solía visitar con su padre la célebre Pinacoteca de Breda, donde encontraba telas y esculturas magníficas, no solo italianas. Admiraba a Bonnard, Vuillard, Morandi, Brancusi, Marinetti y, por supuesto, a Giorgio De Chirico el creador del movimiento metafísico. Junto a su familia abandona Italia en 1939 por las leyes raciales del fascismo que ordenaban la persecución de los judíos.

En su formación se reúnen varias corrientes estéticas. Comienza con el academicismo de Fossey y de Vernazza. Su determinante paso por el taller de Joaquín Torres García. La Escuela del Sur junto a José Gurvich, entrañable amigo de Linda. Cabe destacar la labor conjunta con su cuñada Eva Olivetti y sus amigas Hilda López, Elsa Andrada y mi madre Sofía Sabsay, nacida Olivesky, tres días antes que Linda. A estas notables artistas también las atraía la pintura, la literatura, la música. Aunque Uruguay se ha destacado también por el teatro. El Teatro Solís ha recibido a Federico García Lorca, a Margarita Xirgu, entre tantas otras destacadas personalidades. Sin olvidar a China Zorrilla, que también fue amiga de Linda. Imposible, por otra parte, no pensar en los pintores uruguayos; Blanes, por ejemplo, en cuyo museo también se expusieron las obras de Linda. O Figari, Barradas. Lia Mainero Berro, Orestes Acquarone y tantos otros.

Linda escribió un libro bilingüe de cocina italiana a pedido de la secretaria de Cultura de Italia. Recorrerlo es un deleite por las ilustraciones y por el modo como explica cada una de las recetas. Era una gran cocinera. Sus melanzane alla parmiggiana eran exquisitas, como los involtini que hacía su madre, Rina. Los Olivetti llegan en 1940 a Buenos Aires. Linda fue alumna de Horacio Butler, quien no enseñaba pintura, pero por pedido de Rafael Kohen, marido de Linda, accedió a darle clases.

A los 15 años y sin hablar castellano, Linda es inscripta en el Liceo N° 1. El primer día de clase se le acercan tres chicas: Inés Lapacó, Beatriz Ventura y mi madre. Ven una joven muy bien vestida y le preguntan: “¿Sos judía?”. La respuesta es afirmativa, la abrazan y le manifiestan que quieren ser sus amigas. A partir de entonces la relación entre Linda y Sofía no se interrumpió. Sofía muere en 2008, a los 83 años. Linda estuvo a su lado hasta su partida.

Linda recibió una gran cantidad de premios. En cada oportunidad me crucé a Montevideo. Tanto cuando le dieron el Figari con una exposición magnífica curada por Federico Arnaud, quien reemplaza a Sara Guerra. Como cuando recibe el título de ciudadana ilustre de Montevideo. También, en la última Bienal de Venecia, adonde por selección del curador de la muestra se exhibió El sillón, uno de sus cuadros representativos del período intimista.

Luego de la Bienal viaja a Milán. Allí, en el Liceo Classico Statale Cesare Beccaria, del que había sido alumna y al que debió dejar, le hacen un homenaje de desagravio. Con la ministra de Cultura de la Región a su derecha, dicta una clase dirigida a los alumnos, que la aplauden emocionados. Concluye expresando: “Yo perdono, pero no olvido”. Reflexión notable por su sabiduría, agudeza y generosidad. Al día siguiente, el acto aparece reflejado en la primera página de los diarios.

Entre sus pensamientos, que volcaba en un anotador: “En todo momento tenemos que decidir qué camino tomar. A veces encontramos caminos muy difíciles y otras veces se aplanan”; suerte de haiku, que decía con su característica voz calma y un pequeño acento italiano que le daban un aire elegante a esta bella mujer. Durante la dictadura en Uruguay, los Kohen emigran a San Pablo, Brasil, adonde se vinculan con la colectividad italiana. Hace una exposición en el extraordinario museo Assis Chateubriand que adquiere obra de Linda. Otra página importante fue su relación con el escultor Pablo Atchugarry y su esposa Silvana en su magnífico museo de Manantiales, donde expuso en varias ocasiones.

El Peñasco es una estanzuela ubicada entre Maldonado y San Carlos. Se trata de una magnífica mansión de color ocre que recuerda la de Alberto Moravia que conocimos a través de la película El desprecio, de Jean-Luc Godard. Es un sitio muy bello que se convirtió en el lugar de reunión de personalidades de las más diversas ramas, no solo uruguayas. Mi madre pasaba todos los años parte de los veranos, oportunidad en que pintaban juntas, leían y compartían la vida. Rafael armó criaderos de especies raras, entre las que se destacaban los esturiones. Linda reunía el rigor del trabajo de una gran artista con el amor y la dedicación a sus hijos, Martha, gran arquitecta, nietos y bisnietos. Guardo recuerdos entrañables de ese lugar mágico, y también de la generosidad con la que Linda solía ponderar mi trabajo académico.

Su memoria siempre estará cerca.

Profesor titular y Director de la Carrera de Posgrado de Derecho Constitucional (UBA)

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