Con mucho cuidado debemos de leer lo que ocurrió el fin de semana en la Conferencia de Seguridad de Múnich, creo no podemos de caer en el simplismo de observarla como una reunión europea de los integrantes de la OTAN, con su aliado Estados Unidos, sino como lo que realmente significa para el momento global que se está viviendo con esta segunda presidencia de Trump. Asistimos a un cambio geopolítico en el que día a día vemos cómo cae el viejo orden internacional formado posterior a la Segunda Guerra Mundial, pero que a la vez, no queda claro ni mucho menos cómo será el nuevo que nacerá, un futuro de mucha incertidumbre es lo único que podemos vislumbrar. La relectura de la Estrategia de Seguridad Nacional que en diciembre pasado la administración de Trump presentó es la única guía que puede ofrecer algunos elementos de cuál sería la ruta que Estados Unidos está pensando seguir, pero sin que olvidemos lo que tanto China, como Rusia y la India están haciendo ya también en ese diseño de la nueva arquitectura global.
Es preocupante ver cómo el gobierno morenista no alcanza a mirar lo que está ocurriendo o ¿será que de plano está dejándose arrastrar en la inercia de los acontecimientos globales y su único objetivo es permanecer a costa de lo que sea el mayor tiempo en el poder?, porque ante, no solo los embates del gobierno de Trump, sino además de los eventos internacionales, no se ve por ningún lado al gobierno, ni se percibe por parte del régimen morenista una estrategia de lo que se está pensando acerca de estos grandes cambios que se vienen dando, y donde se quiere que esté México, ni qué rol nuestro país podría y debería jugar en la nueva configuración internacional.
México ha mostrado en el pasado la capacidad de lecturas oportunas acerca de los cambios globales, y de esa manera ha podido inscribirse para sus intereses en esos procesos, de manera rápida por el espacio lo resumo de la forma siguiente: En 1988, en el contexto de una erosión de legitimidad del régimen surgido de la Revolución y con una crisis de deuda, el presidente Salinas planteó la urgencia de la Reforma del Estado; casi simultáneamente esta se vio impulsada por el contexto que significó las líneas económicas del llamado Consenso de Washington en 1989, que de manera rápida se instaló a nivel global; pero además la caída del muro de Berlín, y la disolución de la URSS en diciembre de 1991 y su significado de la derrota del socialismo realmente existente que abría a la economía de mercado toda la Europa oriental y lo que era la URSS, le urgió a México acelerar sus reformas, sabedor de que llegaba a un momento de fuerte competencia para las inversiones por el capital extranjero; pero, además, la formalización de la Unión Europea a fines de 1993 era el otro elemento que daba el contexto de los grandes cambios estructurales que se estaban viviendo, y México lo supo plantear y operar para lograr a partir del primero de enero de 1994, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el mercado más grande del mundo en su momento y que gracias a ello la economía mexicana se transformó y que aún hoy se sostiene por ese instrumento.
En la reunión de Múnich este fin de semana, el secretario de Estado, Marco Rubio, fue muy claro con Europa al señalarles que aunque la relación trasatlántica sigue vigente no volverá a ser como lo había sido anteriormente, y que ese orden internacional de la posguerra ha dejado de existir, y añadió “esta es la vía en la que el presidente Trump y Estados Unidos se han embarcado. Es la vía a la pedimos que los europeos se unan”. El documento de la Estrategia de Seguridad, recordemos, expresamente señala que los Estados Unidos reivindica “la soberanía” sobre el hemisferio occidental, lo que ya se llama ahora la “Doctrina Donroe”. En la misma reunión de Múnich, el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer expresó: “ya no somos la Gran Bretaña de los años del Brexit”, con un abierto guiño para revertir lo que se dio ese año de 2016, por cierto, el mismo donde ganó Trump la primera vez, y año donde podemos ubicar el giro político global de la llegada del nacionalpopulismo. Así es que no podemos decir que no hay todas las señales de los cambios que se están dando y de la demolición del orden internacional que conocíamos y la pregunta es: ¿México está trabajando para ocupar un lugar en esa mesa o está en la inacción y será parte del menú?, como dijo Mark Carney, el primer ministro de Canadá en la reciente reunión de Davos.
México este año deberá con sus socios del Tratado Comercial (Estados Unidos y Canadá) renegociar dicho instrumento, pero en el nuevo contexto internacional que vivimos, además con una fuerte presión por parte de la administración de Trump con temas de seguridad, narcotrafico y migración; amén de que internamente el país vive una grave crisis de seguridad, una economía estancada y una fuerte polarización política y fuertes fisuras dentro del bloque en el poder, que cuestionan seriamente el liderazgo de la presidenta, lo que se resume en una debilidad al sentarse a negociar con Trump, que por cierto, en unos de los exabruptos incluso ha dicho que el tratado ya no debería de existir, pero lo importante para nosotros es: ¿quienes hoy detentan el poder tienen una estrategia y una visión para México en el futuro que se está construyendo en el mundo?, o ¿quieren seguir picándole las costillas al tigre con sus alianzas con las dictaduras de Cuba y Venezuela?, no se hagan bolas, diría el clásico, es la hora de revitalizar la alianza con los Estados Unidos de América con todo lo que eso significa.
