Aunque el plan económico de la gestión de Javier Milei logró calmar las variables financieras y estabilizar el tipo de cambio, el impacto en la economía real comienza a encender luces amarillas en el mercado.
Para el economista Miguel Kiguel, la rigidez del Gobierno para priorizar casi exclusivamente la baja de la inflación está generando un escenario de alta complejidad para la industria nacional, que esta semana se vio sacudida por el cierre de FATE, en medio de un proceso de apertura comercial acelerado y la falta de crédito.
En diálogo con Ahora Play, el especialista reconoció que la primera etapa de estabilización “resultó mejor de lo esperado” y que el oficialismo logró en las últimas semanas una tranquilidad cambiaria envidiable, “sin intervenir de la misma manera en que lo hacía el año pasado”.
Sin embargo, advirtió por varios factores que agudizan el estrés de los sectores productivos frente a la competencia externa, como la vigencia del cepo cambiario.
“En mi opinión, es un buen momento para sacar las restricciones cambiarias, pensando en el otro objetivo que es mejorar la actividad, porque hay muchos sectores que han encontrado un shock demasiado rápido para poder ajustarse. Cuando las economías se abren, en general lo hacen con previsibilidad”, analizó el ex secretario de Finanzas.
Al trazar un paralelismo histórico, el economista marcó grandes diferencias con el modelo de apertura de la década de 1990. Si bien en aquella época muchas firmas locales cerraron, existía una fuerte corriente compensatoria impulsada por la entrada masiva de capitales que hoy brilla por su ausencia, en parte porque la Argentina sigue sin tener acceso al mercado voluntario de deuda, remarcó.
“En los ´90 hubo muchas empresas que cayeron pero hubo una industrialización fuerte, hubo inversión y la industria creció en otros sectores. La Argentina se modernizó muy rápido. No es lo que está sucediendo ahora”, contrastó Kiguel, marcando la falta de aquel dinamismo que supo derramar sobre las telecomunicaciones, la energía y el sector bancario.
En ese sentido, lanzó una fuerte advertencia sobre el rumbo comercial y productivo de los próximos meses: “Este proceso puede ser más duro que el que tuvimos en aquellos años. Hoy me preocupa lo que estoy viendo, porque en un mercado donde el consumo interno está parado y hay sectores que siguen cayendo, es más difícil que alguien se entusiasme con venir a invertir o que los locales encuentren marco para seguir creciendo”.
El segundo factor que, según su visión, atenta contra la recuperación es la sequía financiera. Sin un horizonte claro para la inversión extranjera, las empresas nacionales se quedan sin el combustible necesario para atravesar la transición.
“La única forma para que la economía crezca es darle oxígeno, el oxígeno tendría que venir de la inversión extranjera, pero no llega o va a sectores que no derraman”, diagnosticó. En esta línea, recordó que el repunte que se dio en los primeros meses de la gestión de Milei estuvo traccionado por una fuerte expansión crediticia, hoy frenada por la necesidad de estabilizar los precios.
Si bien Kiguel aclaró que no es partidario de volver a la vieja receta de políticas sectoriales, sí remarcó la urgencia de relajar el “torniquete monetario” para darle vida al sector privado.
“Hay una política crediticia que es bastante errática, un día la suben, otro día la bajan, algo podrían hacer por ese lado, tratando de orientar el crédito a través de instrumentos monetarios”.
Lo más preocupante, a su entender, es que la falta de una red de contención para la economía real no es un accidente, sino una consecuencia directa del plan oficial. “El problema es que el Gobierno no cree en políticas de estímulo, porque podrían hacer políticas macro de ese estilo, como hacen todos los países del mundo, pero eso chocaría con el objetivo número uno: el de bajar la inflación”, concluyó.


