Llegó el momento de partir para Gordo y Florencia, los dos osos pardos de 17 y 18 años, respectivamente, que llegaron de cachorros al exzoológico de Luján, provenientes del zoológico de Batán, provincia de Buenos Aires. El destino final será Bulgaria, más exactamente Belitsa, a 167 kilómetros de la ciudad de Sofía y donde la organización Four Paws creó un santuario en colaboración con la Fundación Brigitte Bardot.
Volarán en un largo y complejo viaje en la línea Lufthansa. Además de ellos, partirá también en otra aerolínea, directo hacia Ámsterdam, la tigresa Flora.
El avión con Gordo y Florencia partirá desde Ezeiza aproximadamente a las 15.10 de este lunes 23 de febrero, con llegada a Sofía a las 22.40 del martes 24. Alrededor de las 9.30 del miércoles 25, saldrán desde allí por vía terrestre rumbo al santuario de Belitsa; allí tendrán que hacer una cuarentena, debido a las condiciones sanitarias para proteger a los demás osos que allí residen.
En ese período, podrán ir olfateando y escuchando al resto de los ejemplares. Una vez terminada la cuarentena, empezará la rehabilitación que dependerá de la manera en que vaya reaccionando cada uno. Llevan 18 años de cautiverio y, de alguna manera, deberán volver a conectarse con su vida de osos. El tiempo y el clima son ideales para el viaje, ya que en breve los otros individuos del santuario irán despertándose de los casi tres meses de hibernación.
En el universo animal, un santuario es un espacio en el que se recrea el hábitat original de los ejemplares que alguna vez fueron sacados de la naturaleza y ya no sabrían vivir en libertad total. Gordo y Florencia deberán lentamente empezar a buscar su propia comida, caminar e interactuar con otros de su especie, aunque los osos pardos son bastante solitarios.
Con los traslados de los osos y de la tigresa Flora, comienza la segunda parte de la misión de la organización Four Paws en Argentina. La primera consistió en chequear el estado de salud de cada uno de los 62 animales –60 felinos y los dos osos– que sobreviven en el predio clausurado hace cinco años y darles la atención veterinaria correspondiente.
Gordo y Florencia fueron operados: tenían problemas en los dientes de tanto morder los alambres. El macho tiene un problemas de obesidad debido a la falta de movimiento y a la dieta con demasiados hidratos de carbono. Mientras estaban anestesiados, se les hicieron ecografías y radiografías, y otras prácticas veterinarias.
Durante diciembre y enero pasados, una caja metálica –en la que viajarán– fue instalada a la salida de sus recintos y lentamente se fueron acostumbrando a comer dentro de ella y a perderle la desconfianza.
Marina Ivanova es búlgara y veterinaria, y durante muchos años dirigió el santuario de Bulgaria junto a su colega egipcio Amir Khalil, hoy jefe de la misión en la Argentina. Ambos acompañarán a los osos durante el viaje. “Cuando me gradué, me di cuenta de que no era el tipo de persona que iba a ejercer mi carrera para ganar dinero, sino que quería terminar con el sufrimiento de los animales. Ya antes era voluntaria en una clínica privada. Apenas me recibí, apliqué para trabajar con Four Paws en el santuario que habían abierto en el año 2000”, cuenta Marina, quien llegó para asistir la última etapa de los osos en Luján.
Ese santuario en Belitsa fue creado inicialmente para recibir a los osos bailarines de los Balcanes. “La tradición de los osos bailarines viene de Asia, de los Balcanes. En Pakistán era muy popular y los pakistaníes que se movían hacia el oeste, a Albania, Serbia, Rumania, Bulgaria, los hacían actuar. Durante el verano estaban en las playas o en las grandes ciudades. Los recuerdo perfectamente”, agrega.
Los osos eran entrenados desde bebes colocándolos por encima de una plancha caliente, con fuego debajo, y se les colocaba un aro con una correa en la nariz –la parte más sensible de los osos– para poder dominarlos. Una vez encima de la plancha caliente, el oso empezaba a saltar en dos patas porque se quemaba, mientras empezaba a sonar música. Muchas veces eran gitanos quienes vivían de esto y era una tradición para ellos. Entonces la gente creía que “danzaban” al ritmo de las melodías, porque no sabían que la plancha ardía. Una vez que los osos fueron rescatados uno por uno, ayudados por las autoridades, se prohibió esta tradición en Bulgaria en 2007.
Que todos esos países entraran en la Comunidad Europea ayudó mucho a poner fin a esa práctica. En Pakistán todavía existe, pero están trabajando en Islamabad para terminar con esto. “Muchísimos de los osos que llegaban al santuario tenían severos traumas en las narices porque eran manejados con los aros y las cadenas desde allí. Pero fue muy interesante ver cómo, a pesar de los traumas severísimos con los que llegaban, aplicábamos los programas para que se volvieran a conectar con la naturaleza y eso sucedía bastante rápido con algunos. La prueba más fehaciente del bienestar es cuando empiezan a hibernar”, detalla Marina.
Hoy ella vive en Viena y se ocupa de rescates alrededor del mundo. Lugares como Sudán, Pakistán y otros cientos donde hay catástrofes o urgencias con animales. Si todo sale bien, lo que va a suceder es que el invierno próximo Gordo y Florencia ya van a hibernar aunque no lo hayan hecho nunca en la vida.
En el santuario, los diferentes sectores tienen túneles y ellos se pueden mover a través de todos. Está pensado de la manera en que lo harían naturalmente. Los osos hibernan en invierno porque es el momento en el que no encuentran comida, solamente frutillas, entonces es una protección para ellos. Todo su metabolismo se pone muy, muy lento, y casi no consumen esa comida. Mientras hibernan, dan a luz a los cachorros que pesan 500 gramos y directamente comienzan a mamar con sus madres hibernando. Milagros de la naturaleza.
“Tenemos muchísima expectativa en cómo van a reaccionar Gordo y Florencia. Lo primero que hicimos aquí fue cambiarles la dieta, sacarles los hidratos de carbono y alimentarlos con fruta, verdura y algo de pescado. Necesitamos que él camine y pierda peso”, concluye Marina.


