Así decían las mantas: “¡Córrele que ahí viene tu ex!” Y otra: “¡Apúrate para ir a desayunar!”.Así decían las mantas: “¡Córrele que ahí viene tu ex!” Y otra: “¡Apúrate para ir a desayunar!”.

¿Vienen días buenos?

2026/02/23 12:48
Lectura de 4 min

Así decían las mantas: “¡Córrele que ahí viene tu ex!” Y otra: “¡Apúrate para ir a desayunar!”.

Las sostenían mujeres sonrientes, paradas sobre un camellón en la madrugada fría de este domingo en Guadalajara. Animaban a quienes corrían el Medio Maratón de la ciudad.

Tres horas después, delincuentes paralizaron la capital jalisciense, presuntamente en respuesta a la muerte de Nemesio Oseguera, el criminal mexicano de más alto perfil.

Los días inmediatos serán de reacomodos y tensiones. Los de la primavera pintan mejor.

Por supuesto, nadie puede predecir el futuro. Pero hace años vi escenas violentas similares —o peores— en Monterrey. Después, la ciudad terminó consolidándose económicamente como la segunda más relevante del país.

“México es el país más surrealista del mundo”, dijo André Bretón, quien se codeaba con Dalí.

Yo había planeado que esta columna explicara únicamente nuestra posición frente al nuevo lío que enfrenta el presidente Donald Trump. También, cómo el revés que recibió de la Suprema Corte estadounidense —que frenó su estrategia de usar aranceles— colocó a México en una situación privilegiada. Y eso es cierto. Pero hay que añadir algo más.

“Mexican Security Forces Kill Drug Kingpin Nemesio ‘Mencho’ Oseguera”, publicó ayer el Wall Street Journal.

¿Cómo podría defender hoy el mandatario una nueva campaña contra sus vecinos del sur, acusándolos de no combatir al narcotráfico?

¿Cómo sonarían nuevos discursos en ese tono, mientras otra figura central de la narrativa antimexicana —Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán— ya está en prisión?

No digo que el problema del Estado de derecho en México esté resuelto.

Pero Trump no opera sobre hechos, sino sobre narrativas. Y hoy su reacción ante la Corte de su país muestra que su adversario no es un solo país, sino el mundo. Va por nuevos aranceles.

Expertos señalan que incluso esos nuevos gravámenes —del 15 por ciento—, bajo la normativa vigente, serían temporales y durarían como máximo 150 días, salvo que el presidente decida violentar las reglas.

México no está aún completamente libre de impuestos a la importación en Estados Unidos. Persisten medidas como las relacionadas con el acero y el aluminio, justificadas bajo el argumento de “seguridad nacional”.

Sin embargo, sobre México pesa sobre todo la acusación de ser un país que tolera a cárteles.

Eso no desaparece con la muerte de Oseguera. Pero hoy resulta difícil sostener, en términos narrativos, que México actúa con desdén. Hoy esa herramienta de distracción se desdibuja.

En los negocios reales y legales, la situación marcha bien. Al menos para los exportadores que no dependen del sector automotriz.

Estados Unidos envejece y se digitaliza. Coincidentemente, México incrementa sus exportaciones de dispositivos médicos y electrónicos que atienden ambas demandas.

El norte del país estaba preparado para esa manufactura de componentes menores: cables, mangueras, arneses e incluso algunos semiconductores que a los millennials y centennials estadounidenses no les entusiasma producir.

En la práctica, México vende a su vecino con un arancel promedio menor al 8 por ciento, significativamente inferior al de casi cualquier otro país, en particular China, que se convirtió en el competidor más fuerte en esa actividad. Ahora debe de ser menor.

Hoy la narrativa arancelaria de Trump no solo enfrenta a su país con europeos y asiáticos, sino también a uno de sus actores internos más poderosos: la US Chamber of Commerce, que agrupa a las principales empresas del país y cuyos miembros esperaban un crecimiento de 3 por ciento para 2025.

Las políticas económicas de Trump redujeron esa expectativa a 2.2 por ciento. No les gusta.

La organización financia campañas políticas, y Estados Unidos se encamina a elecciones legislativas. La Chamber ya mostró en el pasado que puede oponerse al Señor Trump.

La suma y resta de estos hechos genera, por ahora, un efecto neto favorable para México. Al menos para el norte nacional. Esta semana será difícil, pero luego sí pueden venir días buenos.

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