¿Te ha pasado que olvidas dónde dejaste el celular hace cinco minutos, pero aún puedes recitar de memoria el número de tu mejor amigo de la primaria? No es un fallo del sistema. Es tu cerebro operando tal como fue diseñado.
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El especialista en tecnología Santiago Bilinkis lo plantea con claridad: la memoria humana no funciona como un disco duro que almacena datos idénticos por años. Opera más bien como una aduana: filtra, selecciona y decide qué merece cruzar hacia el almacenamiento de largo plazo. "El cerebro no está para guardarlo todo, sino para decidir qué vale la pena conservar", señala Bilinkis en su canal de YouTube.
¿Cómo toma esa decisión? Principalmente por dos mecanismos:
Hoy la ciencia explora tres caminos que hace una década parecían sacados de una película.
Bilinkis también llama la atención sobre un fenómeno cotidiano: en la era de la selfie, documentar cada momento con el celular podría estar debilitando nuestra memoria. Un experimento con obras de arte mostró que, entre más fotos tomaban las personas, menos recordaban de lo observado. Como si el cerebro delegara: "Ya está guardado en el teléfono, yo no lo guardo". La propuesta no es dejar de usar la tecnología, sino elegir cuándo grabar y cuándo simplemente estar. Porque al final, lo que más vamos a valorar no es cómo se vio un momento, sino cómo se sintió vivirlo. Y eso, ningún celular lo puede capturar.
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