Una semana especial, merece un título especial:
La semana del 17 al 21 de noviembre fue una de esas en las que Wall Street muestra que no es un mecanismo frío y predecible, sino un organismo emocional, cambiante, capaz de oscilar entre la euforia y la inquietud en cuestión de minutos. La volatilidad explotó justo después de que Nvidia presentara uno de los mejores informes corporativos del año—y, sin embargo, los mercados reaccionaron haciendo exactamente lo contrario de lo esperado. “Nadie esperaba esto. Absolutamente nadie”, resumió un operador ese jueves, condensando el desconcierto de una semana que ofreció más preguntas que respuestas.
Renta variable
Comencemos por hacer el balance de los principales índices norteamericanos, que cerraron la semana en rojo, sin excepción:
¿Las razones? A continuación.
Pocas empresas cargan hoy con tanto simbolismo como Nvidia. No solo es la cara visible de la revolución de la IA, sino el termómetro emocional del mercado. Esta semana, ese termómetro estalló en tres secuencias perfectamente delineadas.
Tragedia en tres actos
ACTO I — La construcción de la expectativa
Los días previos al informe estuvieron cargados de tensión. El mercado de opciones anticipaba un movimiento extremo de ±7 % inmediatamente después de los resultados, un signo inequívoco de ansiedad. A esto se sumaron advertencias que no ayudaron: 19 Michael Burry redujo exposición a empresas del ecosistema IA; 2) Peter Thiel liquidó la totalidad de su posición en Nvidia; y 3) los medios repetían que “lo que diga Nvidia será visto como un indicador de vida o muerte para el sector tecnológico”. El clima estaba electrificado: no se esperaba un simple reporte, sino un veredicto sobre el destino del boom de la inteligencia artificial.
ACTO II — La euforia: todo parecía perfecto
El miércoles, Nvidia presentó cifras que parecían diseñadas para despejar cualquier duda:
Fue un golpe de luz en las tinieblas. La acción subió 4 % en minutos, y el jueves por la mañana se respiraba un aire de celebración. Todo sugería una validación plena: la IA era real, profunda y rentable. Los operadores hablaban de ciclos expansivos, demanda insaciable y crecimiento sostenido…
ACTO III — El giro: cuando la narración se ensombreció
Pero pasado el mediodía del jueves, la historia cambió sin un solo titular que lo justificara. Un estudio más detallado de los resultados de Nvidia y de sus proyecciones comenzó a inyectar temores:
En una hora, las ganancias se evaporaron: el +5 % de Nvidia, el +2 % del S&P 500 y el +2,5 % del Nasdaq se transformaron en pérdidas. “Forbes” lo sintetizó así: “La reacción del mercado revela nuevos niveles de ansiedad sobre la burbuja de IA.”
El mercado terminó distinguiendo entre dos verdades simultáneas: Nvidia produjo un informe extraordinario, pero lo hizo en un entorno saturado de expectativas, con múltiples señales de fragilidad indirecta—cadenas de pago extendidas, clientes endeudados, inversiones cruzadas poco claras y un nivel de emoción colectivo que rozaba la euforia irracional.
En un ecosistema cargado de apalancamiento, esa mezcla fue suficiente para convertir una victoria corporativa en una jornada de turbulencia histórica.
El crédito privado: el gigante silencioso que empieza a crujir
Mientras la atención se centraba en la tecnología, un riesgo más profundo se insinuaba desde otro frente: el crédito privado. El colapso de First Brands, con 11.000 millones de dólares de deuda, expuso el dilema que ya preocupa a muchos gestores: empresas que tomaron préstamos al 2–3 % hace pocos años enfrentan ahora refinanciaciones al 8–10 %. No todas tienen margen para absorber ese salto.
Este sector, menos regulado y más opaco, se ha transformado en un sistema bancario paralelo cuyo estrés podría trasladarse al resto del mercado de maneras difíciles de anticipar. Para varios operadores, se está convirtiendo en el próximo “eslabón débil” del sistema financiero.
Lo que en la renta variable fue un sobresalto mayúsculo, en el mundo cripto se convirtió directamente en un terremoto. Bitcoin cayó 7,6 % hasta los 80.553 USD; Ethereum perdió casi 9 %; y el valor total del ecosistema descendió por debajo de los 3 billones, algo no visto desde abril.
En lo que va de noviembre, Bitcoin retrocedió cerca del 25 %, su peor desempeño mensual desde el 2022. Las razones son múltiples y se refuerzan entre sí:
Bitcoin encadenó once “lower lows” consecutivos, la racha bajista más prolongada desde 2010. Más que un colapso estructural, la semana fue un gigantesco proceso de desapalancamiento.
A la par del nerviosismo financiero, la moral del consumidor también cedió. El índice de confianza de la Universidad de Michigan está en 51 puntos, su segundo registro más bajo históricamente (apenas por encima del piso de junio del 2022).
La encuesta revela una grieta creciente entre quienes poseen grandes carteras, aún beneficiados por subas previas, y quienes viven más ajustados y sienten el peso del costo de vida.
Los motivos sobran:
La única buena noticia: las expectativas de inflación a largo plazo cayeron de 3,9 % a 3,4 %. Para la Fed es un alivio. Para el consumidor, insuficiente.
Mientras Nvidia capturaba toda la atención, Oracle protagonizó una caída igual de significativa, aunque menos comentada. Convertida hasta hace poco en una de las grandes promesas de la infraestructura para IA, la empresa sufrió un desplome cercano al 40 %, borrando de un plumazo cientos de miles de millones en valor.
El motivo es simple y nada novedoso: demasiada deuda para perseguir un sueño demasiado caro. Oracle ha financiado grandes proyectos para clientes como OpenAI, que todavía no son rentables; su deuda supera los 100.000 millones de dólares; y sus CDS se triplicaron en tres meses. El mercado teme que gran parte de su historia de crecimiento esté apoyada más en emisiones de bonos que en beneficios reales.
El resultado: Oracle pasó de ser aspirante a protagonista del boom de la IA a convertirse en su advertencia más elocuente.
Tras cada episodio de la semana aparece un mismo culpable estructural: el apalancamiento.
El apalancamiento convierte cualquier chispa en incendio. La semana no fue una crisis fundamental, sino una purga de excesos.
Aun en medio del caos, hubo señales positivas que deben destacarse.
Alphabet (Google) superó a Microsoft: un rayo de sol
Alphabet superó a Microsoft en valor de mercado por primera vez desde 2018, alcanzando los 3,62 billones USD. La acción subió 58 % en 2025 gracias a la solidez de Gemini, buenos resultados y una particular resolución regulatoria en su favor. En un mercado dominado por la ansiedad, Alphabet demostró que aún hay compañías capaces de crear valor sin depender exclusivamente del entusiasmo por la IA.
Eli Lilly: el primer laboratorio en alcanzar el billón
Eli Lilly se convirtió en el primer laboratorio farmacéutico en alcanzar una capitalización de un billón de dólares (USD $ 1 trillion). La demanda explosiva por los fármacos del adelgazamiento, Mounjaro y Zepbound, impulsó a la compañía más de 35 % este año, y 75 % desde el lanzamiento del último. En una semana llena de dudas sobre la tecnología, la farmacología ofreció una historia de crecimiento real y tangible.
Walmart: un respiro entre tanta incertidumbre
La semana dejó claro que Wall Street no sufre por falta de información, sino por exceso de contradicciones:
La volatilidad no surge de la nada: es la señal de las tensiones acumuladas bajo la alfombra. Y de repente, la alfombra comenzó a correrse.
La entrada ¿Qué está pasando en Wall Street? Semana del 17 al 21 de noviembre de 2025 se publicó primero en Revista Mercado.


