Donald Trump, discute opciones que incluyen una acción militar para tomar el control de Groenlandia, lo que aumenta las tensiones que Dinamarca advierte que podDonald Trump, discute opciones que incluyen una acción militar para tomar el control de Groenlandia, lo que aumenta las tensiones que Dinamarca advierte que pod

“Es estratégica desde más de una perspectiva”: por qué Groenlandia es tan codiciada por Trump

2026/01/11 05:48

Groenlandia volvió al centro de la escena internacional por el renovado interés del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en anexar la isla –incluso sin descartar el uso de la fuerza–, una idea que reavivó tensiones diplomáticas con Dinamarca y sus aliados europeos. Más allá del impacto político inmediato, la propuesta dejó al descubierto un cálculo estratégico de largo plazo: consolidar la posición de Estados Unidos en el Ártico, una región cada vez más central para la competencia entre grandes potencias, tanto por sus recursos críticos como por su valor militar y geopolítico.

Desde la perspectiva de Washington, Groenlandia encaja en una lógica más amplia de control territorial y proyección de poder. “El llamado ‘corolario Trump’ de la Doctrina Monroe busca extender la influencia estadounidense no solo hacia el sur, sino también hacia el norte”, explicó Henry Ziemer, analista del Center for Strategic and International Studies (CSIS). En ese marco, la isla es vista como un flanco estratégico clave en un escenario de creciente rivalidad con Rusia y China.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está discutiendo opciones que incluyen una acción militar para tomar el control de Groenlandia, aumentando las tensiones que Dinamarca advierte que podrían destruir la alianza de la OTAN

Con 2,166 millones de kilómetros cuadrados —una superficie apenas menor que la de la Argentina— y tan solo 56.000 habitantes, Groenlandia es el territorio con menor densidad poblacional del planeta. La mayoría de su población es de etnia inuit. Aunque su jefa de Estado es la reina Margarita II de Dinamarca, la isla cuenta con un gobierno autónomo encabezado por un primer ministro y un Parlamento propio de 31 miembros. Esa combinación de enorme territorio, escasa población y autonomía política la convierte en un espacio particularmente vulnerable a las presiones externas.

El debate sobre la independencia es central en la política local, pero tiene un límite estructural: la economía. Cerca de la mitad del presupuesto anual de Groenlandia proviene de transferencias de Dinamarca, un respaldo clave que hoy no tiene un reemplazo claro. La pesca constituye la base de las exportaciones, pero muchos dirigentes consideran que los recursos naturales bajo el hielo podrían ser la llave para una mayor autonomía económica —y eventualmente política—, en un contexto internacional que mira a la isla con creciente interés estratégico.

Gas, petróleo y tierras raras

Mientras en la superficie predominan el hielo y la nieve, lo que hay debajo del suelo es lo que despierta mayor atención global. Según estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos, en las aguas de Groenlandia podría haber unos 17.500 millones de barriles de petróleo y 4,19 billones de metros cúbicos de gas natural. La isla mantiene actualmente cuatro licencias activas de exploración de hidrocarburos, que vencen entre 2027 y 2028, aunque no existe producción comercial en marcha.

El atractivo va más allá de los hidrocarburos. Bajo tierra se estima la presencia de unas 38,5 millones de toneladas de tierras raras, minerales esenciales para turbinas eólicas, motores eléctricos, sistemas de defensa y dispositivos electrónicos. En un contexto de fuerte dependencia de China —que domina gran parte del procesamiento global—, el acceso a estas materias primas se convirtió en una prioridad estratégica para Estados Unidos y sus aliados.

Trump ha intensificado sus planes sobre el territorio danés autónomo y rico en minerales en el Ártico desde que el ejército estadounidense capturó al líder venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026

Sin embargo, la explotación enfrenta obstáculos significativos. Groenlandia sigue siendo una región ampliamente subexplorada y con altos niveles de incertidumbre. “El hecho de que Groenlandia esté poco explorada significa que tiene un potencial importante, pero también que el riesgo es mucho mayor que en regiones con una larga historia minera”, explicó Simon Jowitt, director del Centro Ralph J. Roberts para la Investigación en Geología Económica de la Universidad de Nevada. “No es el lugar al que yo iría si buscara resultados rápidos”, advirtió.

Jowitt también advirtió que el principal obstáculo no es geológico sino económico y logístico: “Prácticamente todo –energía, caminos, puertos, mano de obra– debe construirse desde cero. Eso hace que los costos iniciales sean extremadamente altos y que los plazos de retorno sean muy largos”. Según el especialista, incluso con precios elevados de minerales críticos, muchos proyectos tardarían más de una década en volverse rentables, un horizonte que choca con las urgencias políticas y estratégicas de Washington.

El renovado interés de Estados Unidos reavivó tensiones con Dinamarca y la OTAN

Además, el Parlamento groenlandés aprobó en 2021 una ley de tolerancia cero frente a la minería de uranio, lo que afectó directamente a varios proyectos de tierras raras, ya que el uranio suele aparecer como subproducto. “La legislación limitó el desarrollo de iniciativas que podrían haber atraído inversión internacional”, señaló Anne Merrild, profesora y experta en el Ártico de la Universidad de Aalborg.

Desde el punto de vista ambiental, Merrild subrayó que “los ecosistemas árticos son frágiles: los procesos biológicos son lentos y las perturbaciones pueden persistir durante décadas”. Esa fragilidad alimenta el escepticismo social, marcado por el recuerdo de antiguas explotaciones que dejaron daños ambientales y sociales en algunas comunidades. Aun así, la minería no es rechazada de plano: “Es vista como un posible pilar económico, siempre que no comprometa la pesca, la caza, el acceso a la tierra y el entorno”.

Tanto Jowitt como Merrild coinciden en que el potencial económico de Groenlandia no puede separarse de su dimensión política y estratégica. “La minería puede ser una herramienta de autonomía, pero también un factor de dependencia si el control queda en manos externas”, advirtió Merrild.

Un flanco militar clave en el Ártico

Para Trump, sin embargo, el atractivo de Groenlandia trasciende ampliamente la viabilidad económica de corto plazo. La isla ocupa una posición estratégica entre América del Norte, Europa y el Ártico, y junto con Islandia y el Reino Unido controla rutas marítimas clave entre el océano Ártico y el Atlántico medio.

“Estos corredores son puntos de estrangulamiento fundamentales para los submarinos nucleares rusos”, explicó Ziemer, al destacar el valor militar de la región.

La base espacial Pituffik aparece en la imagen mientras el vicepresidente J.D. Vance la visita, el viernes 28 de marzo de 2025, en Groenlandia

Estados Unidos ya cuenta con una presencia significativa en la isla a través de la base espacial de Pituffik, una instalación clave para los sistemas de alerta temprana y defensa antimisiles. Además, el Acuerdo de Defensa de Groenlandia de 1951 le permite a Washington establecer nuevas bases y áreas de defensa en coordinación con la OTAN. “Hay muy poco que Estados Unidos necesite de Groenlandia que no pueda lograrse dentro de los marcos de seguridad y cooperación ya existentes”, subrayó Ziemer.

El cambio climático agrega una dimensión adicional. El retroceso del hielo marino no solo facilita el acceso a recursos, sino que abre la posibilidad de nuevas rutas de navegación capaces de acortar hasta 15 días los trayectos entre Asia y Europa. Para la Casa Blanca, Groenlandia aparece así como una plataforma avanzada desde la cual proyectar poder y dominar futuras líneas de comunicación marítima transárticas.

Tensiones con aliados y competencia global

El creciente interés estadounidense no estuvo exento de fricciones. En 2018, Washington intervino para que Dinamarca financiara la remodelación de aeropuertos en Groenlandia y evitar que una empresa china asumiera ese rol. En 2020, el primer gobierno de Trump anunció un paquete de ayuda de 12,1 millones de dólares y abrió un consulado estadounidense en Nuuk, una decisión celebrada localmente pero criticada en Copenhague, donde fue leída como una señal de presión política.

China también intentó ampliar su presencia, incluso con un proyecto –luego cancelado– para instalar una estación terrestre de satélites cerca de Nuuk.

Rusia, por su parte, reforzó su despliegue militar y económico en el Ártico, donde posee una extensa costa y bases estratégicas, especialmente en el mar de Barents. Moscú además disputa con Canadá y Groenlandia los derechos sobre la dorsal submarina de Lomonosov, una cadena montañosa de 1721 kilómetros que atraviesa el Polo Norte.

Ante el creciente interés de las otras potencias, Estados Unidos aumentó su apuesta en los últimos años

Para Ziemer, el principal riesgo para Washington no es económico, sino político y estratégico. “La negativa de Estados Unidos a descartar el uso de la fuerza para adquirir Groenlandia puso a la OTAN en modo de crisis”, advirtió. Aunque el secretario de Estado, Marco Rubio, sostuvo que la intención es comprar el territorio y no recurrir a la fuerza militar, la ambigüedad generó inquietud en Europa y en Canadá. “Existe el riesgo de una espiral de escalada retórica que termine debilitando la cohesión de la alianza atlántica, en beneficio de Rusia”, alertó.

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