El Ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, Rubén Ramírez Lezcano, firma un documento junto al Comisionado Europeo de Comercio y Seguridad Económica, MaroEl Ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, Rubén Ramírez Lezcano, firma un documento junto al Comisionado Europeo de Comercio y Seguridad Económica, Maro

Una tabla de salvación para Europa, una ráfaga de racionalidad para el Mercosur

2026/01/18 02:43

ASUNCION.- No fueron demasiadas las ocasiones en las que Brasil y Argentina coincidieron en impulsar un proyecto común, dentro o fuera del Mercosur. Desde que en noviembre de 1985 Raúl Alfonsín logró sentarse con su par brasileño José Sarney, y juntos comenzaron a imaginar la integración de la región, los cortocircuitos fueron siempre moneda corriente en el bloque regional, consolidado en 1991, ya con el riojano Carlos Menem en el sillón de Rivadavia.

El acuerdo con la Unión Europea no fue, por cierto, la excepción de esta sucesión de desencuentros. Logrado en primera instancia en 2019, luego de veinte años de idas y vueltas, en aquella madrugada en la que el entonces canciller Jorge Faurie informó entre lágrimas la novedad al presidente Mauricio Macri, las distancias entre los gobiernos del bloque metieron el acuerdo en un pantano político infranqueable y nunca fue ratificado.

Durante el gobierno de Alberto Fernández, era el presidente de Uruguay Luis Lacalle Pou el que hablaba del Mercosur como un “lastre”, y les pedía-sin éxito- a sus pares “flexibilizar” el relacionamiento externo del Mercosur para permitirle acordar con países extra-zona, en su caso con China. Años después, Milei retomaría la prédica de Lacalle Pou para impulsar un Mercosur más “flexible”, sin tanta burocracia y abierta a aceptar acuerdos sin el imprescindible consenso absoluto de sus pares. Antes y ahora, Brasil sigue siendo un escollo para conseguir esos cambios.

El presidente argentino Alberto Fernández (D) posa para una foto con su homólogo uruguayo, Luis Lacalle Pou (I), antes de la Cumbre de Jefes de Estado del MERCOSUR y Estados Asociados en Puerto Iguazú, Argentina, el 4 de julio de 2023.  (Photo by NELSON ALMEIDA / AFP)

Desde la UE, en tanto, la diversidad de miradas de sus 27 países miembro también fue postergando las decisiones, y el denominado “Pacto Verde”, imposiciones ambientales que Europa sumó a la negociación como condicionante para avanzar, retrasó aún más los planes de la confluencia.

Separados por un océano ideológico y con una relación personal sin vuelta atrás, Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva decidieron al fin ponerse de acuerdo en algo y resucitar el acuerdo, aunque por razones distintas. El argentino, porque su incesante prédica favorable a los acuerdos comerciales forma parte de su credo libertario, más allá de su escaso feeling con la “burocracia de la UE”. El brasileño, porque el pacto con la UE representa un triunfo personal en su batalla ideológica y política contra Donald Trump, que tiene a Europa como uno de sus nítidos adversarios, y una punta de lanza para intentar conseguir su reelección y un cuarto mandato, en octubre próximo. Una luz atrae a ambos mandatarios: quienes firmaron acuerdos con la UE (Sudáfrica, Turquía y México, por caso) recibieron en poco tiempo el doble o más de la totalidad de inversiones europeas que tenían antes de acordar.

La paradoja, para Milei, es que el acuerdo con la UE “multilateralista” que desde siempre lideran Francia y Alemania le llega en pleno romance político con el trumpismo, que lo salvó del naufragio financiero y lo ayudó a ganar las elecciones legislativas de octubre pasado. “Menos timming no podían tener. Trump está de punta con Europa, y Javier es un trumpista de la primera hora”, reconoce un viejo amigo del Presidente.

Milei previó estar en Asunción el menor tiempo posible, y el “triunfo” político es de Brasil, más allá de que la decisión de faltar a Asunción y organizar una “cumbre paralela” en Río de Janeiro un día antes dejen al presidente brasileño en una postura que sus pares del Mercosur interpretan como caprichosa, actuando en modo “revancha” contra sus socios Milei y el paraguayo Santiago Peña - otro de los aliados del trumpismo- luego del fracaso de la cumbre de presidentes de Foz de Iguazú, dónde Lula esperaba firmar el acuerdo con la UE.

El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, de izquierda a derecha, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente de Paraguay, Santiago Peña, el presidente de Argentina, Javier Milei, el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, y el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Mauro Vieira, posan para una foto grupal durante una reunión para firmar un acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur en Asunción, Paraguay. (AP Photo/Jorge Saenz)

Presionada hasta el extremo por el imprevisible Trump, que querría verla desaparecer como unidad, y con una guerra entre Ucrania y la Rusia de Vladimir Putin desde hace casi cuatro años, Europa toma este acuerdo como un salvavidas para su alicaída imagen en el escenario mundial. “Es sumamente importante y positivo. El acuerdo crea una zona de libre comercio entre las mayores del mundo. Los más beneficiados serán los consumidores en Europa y los países del Mercosur que tendrán una mejor oferta de bienes y servicios a mejores precios. También es importante que fortalezca las relaciones entre Europa y el Mercosur en un tiempo de menos previsibilidad”, dijo ayer a LA NACION el embajador de Suecia en Argentina, Torsten Ericsson, uno de los 600 invitados a la ceremonia de firma en esta ciudad.

Para presidentes como el español Pedro Sánchez o el canciller alemán Friedrich Merz, el acuerdo es también un triunfo político en tiempos internos turbulentos. Con el francés Emmanuel Macron sin margen interno para apoyar el pacto (el acuerdo es criticado casi por todo el arco político en Francia) emerge la figura de la italiana Giorgia Meloni, socia política de Milei aunque preserve sus relaciones diplomáticas con Lula da Silva. “Es uno de los liderazgos más inteligentes en Europa”, la elogian en Itamaraty, luego del cambio de postura de la presidenta de Italia, que permitió destrabar el acuerdo en el Consejo de Europa.

En Europa coinciden: nada de pelearse con Brasil, por lejos el vecino más poderoso del barrio sudamericano. Por eso, Von der Leyen puso su mejor sonrisa ayer, junto a Lula en Río de Janeiro. Y ensayó una postura idéntica hoy, en el calor de Asunción, junto al resto de sus nuevos socios.

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