En un artículo publicado en The New York Times, el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, lanzó una dura advertencia sobre las recientes acciones en Venezuela. Afirmó que la captura del presidente Nicolás Maduro y los bombardeos de Estados Unidos en territorio venezolano representan “otro capítulo lamentable en la continua erosión del derecho internacional y el orden multilateral establecido después de la Segunda Guerra Mundial”.
El mandatario contextualizó estos eventos como una profunda preocupación por la estabilidad regional y global. Enfatizó que América Latina “no se someterá a proyectos hegemónicos” y busca un futuro próspero y pacífico, basado en la autodeterminación de los pueblos y el rechazo a la intervención unilateral.
Lula Da Silva sostuvo que las acciones unilaterales, como los bombardeos de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, “amenazan la estabilidad en todo el mundo, perturban el comercio y la inversión, aumentan el flujo de refugiados y debilitan la capacidad de los estados para enfrentar el crimen organizado y otros desafíos transnacionales”. Argumentó que la aplicación selectiva de las normas internacionales crea un escenario de anomia que erosiona el sistema global, lo que puede afectar gravemente la paz y la seguridad.
Aunque Lula reconoció la responsabilidad de líderes por socavar la democracia, enfatizó que “no es legítimo que otro Estado se arrogue el derecho de administrar justicia”. En ese sentido, defendió que el futuro de un país, como Venezuela, “debe estar en manos de su pueblo”, además de rechazar imposiciones externas y abogar por la igualdad soberana entre las naciones. Destacó que es “particularmente preocupante” que estas prácticas se apliquen en América Latina, región que busca paz mediante el rechazo a la fuerza y la defensa de la autodeterminación.
El presidente brasileño criticó que las grandes potencias han intensificado sus ataques a la autoridad de las Naciones Unidas. Argumentó que cuando el uso de la fuerza se convierte en regla, la paz y la estabilidad mundiales se ven amenazadas. En ese sentido, condenó la división del mundo en zonas de influencia e incursiones neocoloniales, calificándolas de “obsoletas y perjudiciales”. Subrayó que “sin normas acordadas colectivamente, es imposible construir sociedades libres, inclusivas y democráticas”.
Para Venezuela, Lula subrayó que “solo un proceso político inclusivo, liderado por los propios venezolanos, conducirá a un futuro democrático y sostenible”. Regionalmente, defendió una América Latina “próspera, pacífica y plural”, al impulsar una agenda positiva que supere diferencias ideológicas. Esta incluye la inversión en infraestructura, la creación de empleos de calidad, el comercio y la cooperación contra el hambre, la pobreza, el narcotráfico y el cambio climático.
Lula enfatizó que su gobierno mantiene un diálogo constructivo con Estados Unidos y destacó que ambos son las dos democracias más pobladas de América. Es así que consideró fundamental aunar esfuerzos en planes concretos de inversión, comercio y combate al crimen organizado para enfrentar los desafíos hemisféricos.
En tanto, instó a líderes globales a comprender que “un mundo de hostilidad permanente no es viable” y que, por muy fuertes que sean, no pueden basarse únicamente en el miedo y la coerción.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.

