Carlos M. Reymundo Roberts, Agustina Lanusse y Coco Oderigo conversaron en Quequén sobre el trabajo de ambos en EspartanosCarlos M. Reymundo Roberts, Agustina Lanusse y Coco Oderigo conversaron en Quequén sobre el trabajo de ambos en Espartanos

“Espartanos”. Historias conmovedoras de presos que lograron rehacer su vida a través del rugby, el estudio, el trabajo y la espiritualidad

2026/01/22 04:04

QUEQUÉN.- La lluvia caía sin clemencia el sábado a la tarde en el puerto de Quequén, al sur de la provincia de Buenos Aires, pero de algo estaba segura la comisión directiva del Club de playa La Virazón: no habría tormenta de viento o agua que impidiese a la gente acercarse al parador para escuchar la entrevista que esta cronista realizaría una hora más tarde a Carlos M. Reymundo Roberts (periodista de LA NACION) y Eduardo “Coco” Oderigo (creador de Espartanos, fundación que intenta reinsertar a los presos en la sociedad a través del rugby, el estudio, el trabajo y la espiritualidad), autores del libro: “Espartanos. Reescribiendo Historias”, publicado en 2025 por Sudamericana.

Sobrevivió al campo de exterminio nazi y al día siguiente plasmó esos horrores en carbonillas sobre papel

Y acertaron. A las 19, cuando la lluvia comenzaba a ceder y los rayos del sol a aparecer, el comedor del balneario colapsó de grandes y niños sentados y parados (no entraba un alfiler más) y de decenas de personas que en la terraza se agolpaban, muertas de frío, cerca de las ventanas que daban al exterior, ávidas por escuchar a estos dos grandes oradores narrar con una mezcla de profundidad y humor, historias únicas de presos, voluntarios, empresarios y políticos a quienes el contacto con Espartanos les cambió la vida. Literalmente.

Un pájaro carpintero

“Hago lo que me apasiona y lo vivo como un privilegio. Soy un testigo de lujo de cómo las personas privadas de la libertad son capaces de hacer un vuelco para bien. Tengo clarísimo que soy un simple instrumento. Esto viene de arriba”, respondió Oderigo, señalando con el dedo al cielo, cuando se le preguntó cómo la cárcel había tocado su existencia. “Muchos reclusos me comentan: “Me regalaste una vida cuando me miraste a los ojos y me dijiste: “Vos podes”. Es que es así, es infinito lo que un hombre puede lograr cuando alguien cree y confía en él”, agregó. Y de eso justamente se trata Espartanos: de personas que siguen apostando por quienes delinquieron, regalándoles segundas oportunidades.

Entrevista a Coco Oderigo y Carlos M. Reymundo Roberts, quienes contaron su experiencia con

Dueño de una personalidad testaruda y pragmática, explicó que de chico, en su casa, era tan insistente y demandante que le quedó el apodo: Hincha Coco. “No soy el más talentoso ni el más inteligente. Pero soy como el pájaro carpintero que insiste y logra lo que quiere”, bromeó.

Ni hablar en el penal de San Martín donde todo comenzó. Durante la hora y media de entrevista, Oderigo contó las innumerables trabas que le puso el director de la Unidad 48 cuando quiso comenzar con los entrenamientos de rugby. “Me gusta que me digan que no. El no porque no. Eso para mí es un motor, un lindo desafío para enfrentar”, señaló.

-Carlos, en el libro explicas que Espartanos divide aguas, que trabajar en este proyecto durante un año fue para vos un antes y un después. ¿Por qué?

-Lo que sucede en la cárcel con tantos voluntarios que regalan cariño gratuitamente, produce un vuelco inevitable en el corazón.

A Roberts se le quebró la voz cuando compartió la historia de Cri Cri, un preso por momentos, insoportable que había hecho buenas migas y decidido adoptar como madre postiza a Laura Micheletti, una voluntaria que va cada viernes a rezar el rosario. “Yo no tuve mamá y me hubiera gustado tener una como vos”, contó Roberts que le dijo un día el prisionero a Laura. “Desde ahora, en la cárcel, vos serás mi mamá. Y a partir de este momento quiero cambiarme el nombre. No soy más Cristian. Me voy a llamar Augusto”, contó el periodista.

Carlos M. Reymundo Roberts

El cuento corto es que, conmovida, Laura se puso a llorar porque Augusto era el nombre de su bebé que había muerto años atrás, unas horas después de nacer; un acontecimiento que marcaría su vida para siempre. “No sé por qué Cri Cri eligió ese nombre; en la cárcel nadie conocía mi historia, jamás la había comentado”, dijo Laura fuertemente impactada. ¿Un guiño del destino?”, se preguntó Roberts.

¿Casualidades o causalidades?

Durante una hora y media, los autores se pisaron los talones para narrar testimonios conmovedores que recoge el libro que están plagados de sincronicidades. “Creo que no hay una página en que no haya un milagro”, señaló Oderigo mirando de reojo a su compañero más escéptico a calificar los tantos hechos como “sobrenaturales”.

Muchísimos niños y adolescentes, amuchados en el piso, escucharon fascinados los relatos. Oderigo se dirigió especialmente a ellos: “Anímense a cuestionar a sus padres; no acepten el no porque no, pidan explicaciones pero también bánquense las respuestas”, los arengó este líder nato que muestra una pasión irrefrenable por detectar y moldear personas como él, con una enorme capacidad para empujar proyectos que parecen imposibles y romper muros.

Coco Oderigo

A las 20.30, el sol rosado se recostaba en las aguas azulinas de la playa, cuando la charla encontró su fin luego de la ronda de preguntas. Un clima de fiesta reinaba en La Virazón. Caras sonrientes, saludos y abrazos. La gente hizo fila para comprar ejemplares que luego firmaron los autores. El feedback que recibió esta cronista al día siguiente fue impactante. Algo importante y hondo había ocurrido. En algunas personas, el deseo de salir de su metro cuadrado y ayudar a los más vulnerables; en otras, la gratitud por saberse afortunados de haber crecido con tantas oportunidades. En muchos, los relatos de amor, entrega y redención fueron una fuente de inspiración.

Y en la mayoría brotó una sincera admiración por Coco Oderigo: “Un fuera de serie”, dijeron. Los quequenienses agradecieron a los dos autores haberse tomado un par de días para llegar hasta este puerto. Sus historias sacudieron, interpelaron y encendieron corazones. Escuchar cuentos de gente que hace el bien hizo mucho bien. A todos.

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