Ernest Hemingway firmó el ejemplar de "El viejo y el mar" dos semanas antes de su muerteErnest Hemingway firmó el ejemplar de "El viejo y el mar" dos semanas antes de su muerte

La última dedicatoria de Hemingway llegó al Museo del Premio Nobel

2026/01/24 17:00
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Un ejemplar de El viejo y el mar firmado por Ernest Hemingway durante su última internación médica fue entregado ayer al Museo del Premio Nobel, en Estocolmo. El volumen, que contiene una dedicatoria manuscrita fechada el 16 de junio de 1961 (apenas dos semanas antes de la muerte del escritor), se convierte así en el primer objeto vinculado al autor estadounidense que pasa a integrar la colección de la institución.

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La presentación se realizó en una ceremonia pública organizada por el museo, que incluyó una conversación sobre la pieza y una lectura de fragmentos de la novela. El libro había permanecido durante más de seis décadas bajo resguardo de las Hermanas Franciscanas de Rochester, en Minnesota, y hasta ahora no había sido exhibido.

La dedicatoria está dirigida a la hermana Immaculata, nombre religioso de Helen Hayes, una de las enfermeras que atendió a Hemingway durante su estadía en el Hospital Saint Marys, asociado a la Clínica Mayo. En la primera página, el escritor dejó escrito: “Para la hermana Immaculata: este libro, con la esperanza de escribir otro tan bueno para ella cuando mi suerte como escritor vuelva a funcionar bien. Y lo hará”. La última frase aparece subrayada en el original.

“Para la hermana Immaculata: este libro, con la esperanza de escribir otro tan bueno para ella cuando mi suerte como escritor vuelva a funcionar bien. Y lo hará”, reza la dedicatoria firmada por Hemingway

En diálogo con The New York Times, el curador senior del Museo del Premio Nobel, Ulf Larsson, señaló que el valor del ejemplar reside en la densidad simbólica que concentra. “Este objeto es una incorporación extraordinaria a nuestra colección porque está cargado de historias”, afirmó. “Si uno quiere hablar de la vida de Hemingway, de su lucha y de su destino, este es el objeto perfecto”.

En 1954, Hemingway había sido distinguido con el máximo galardón al que puede aspirar un escritor: el Premio Nobel de Literatura. El reconocimiento consagró definitivamente su lugar en la literatura del siglo XX. Pero pocos años después, ese prestigio contrastaba con un presente personal cada vez más frágil. A comienzos de la década del 60, el escritor llegó a la Clínica Mayo en busca de tratamiento para una depresión severa. Ingresó por primera vez en noviembre de 1960 y volvió a ser internado meses después, ya en 1961, cuando fue sometido a terapia de electroshock. Pero apenas seis días después de recibir el alta médica, el 2 de julio de 1961, se suicidó en su casa de Ketchum, Idaho.

Tras su muerte, el libro quedó en manos de la comunidad de religiosas franciscanas. Según reconstruyó el diario local de Rochester, InForum, el ejemplar fue pasando de una hermana a otra dentro de la congregación y permaneció durante años guardado primero en una bóveda del hospital y luego en dependencias del convento.

Su historia volvió a emerger hace cinco años, cuando una de las religiosas le mencionó la existencia del libro a Curtis DeBerg, profesor universitario retirado y estudioso de la vida y la obra de Hemingway. DeBerg es autor de dos libros sobre el escritor y actualmente trabaja en una nueva investigación biográfica.

Hemingway se suicidó el 2 de julio de 1961

DeBerg explicó a The New York Times que las palabras de la dedicatoria le resultaron inquietantes. “¿Se estaba engañando, pensando que iba a poder volver a escribir después de todos esos tratamientos de electroshock?”, dijo. “¿O estaba pensando, en el fondo: ‘nunca volveré a escribir un libro como este’?”.

El investigador también se preguntó si el tono optimista de la dedicatoria pudo haber estado dirigido a transmitir a los médicos que estaba en condiciones de recibir el alta. Según consignó The New York Times, el 26 de junio de 1961 el jefe del área de psiquiatría de la Clínica Mayo autorizó su salida al considerar que el paciente “se había recuperado lo suficiente de su depresión”.

Meses más tarde, durante una visita al Museo del Premio Nobel en Estocolmo, DeBerg advirtió que la institución no contaba con objetos personales de Hemingway. “Les dije que tenía algo que podía interesarles”, contó. “Y a las pocas horas respondieron preguntando qué tenía”.

La propuesta fue luego trasladada a las Hermanas Franciscanas, que aceptaron donar el libro. Para la congregación, explicó la hermana Marisa McDonald al New York Times, ya no tenía sentido que el ejemplar siguiera guardado sin acceso público. “Parecía una pena que estuviera encerrado en una bóveda donde nadie iba a poder verlo nunca”, señaló.

Desde el Museo del Premio Nobel adelantaron que el libro será exhibido “lo antes posible”, según explicó su curador senior, Ulf Larsson.

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