Cada vez hay mayor conciencia sobre la importancia de una alimentación saludable para el bienestar general, y hoy se la reconoce como uno de los pilares fundamentales para cuidar la salud a lo largo de la vida. En ese contexto, empiezan a ganar protagonismo ciertos alimentos que no siempre son tan conocidos, pero que se destacan por sus propiedades nutricionales realmente sorprendentes. En esta oportunidad, se pone el foco en uno en particular, famoso por aportar incluso más calcio que la leche y por ofrecer beneficios que lo convierten en un aliado clave para fortalecer el organismo.
Se trata del amaranto, un pseudocereal altamente nutritivo y cada vez más presente en la cocina actual. Es considerado uno de los cultivos más antiguos de América e incluso de la humanidad, ya que se encontraron restos arqueológicos en tumbas de la región andina que datan del 4000 a.C. Además, civilizaciones como la maya, la inca y la azteca le dieron un lugar central en su alimentación y en sus rituales.
Por lo que dieron a conocer en el sitio web especializado CuerpoMente, el valor nutricional del amaranto es tan destacado que llegó a ser considerado uno de los 36 vegetales con mayor potencial alimenticio para la humanidad, gracias a su combinación de riqueza en minerales, alto contenido de proteínas, gran rendimiento agrícola y resistencia a condiciones climáticas adversas como la sequía. Además, se presenta como una excelente fuente de proteínas de origen vegetal, con un aporte superior al de muchos cereales tradicionales, lo que lo convierte en una opción ideal para quienes buscan mejorar la calidad de su alimentación sin recurrir exclusivamente a productos de origen animal.
Pero si hay un nutriente que lo vuelve verdaderamente extraordinario es el calcio. El amaranto aporta más calcio que cualquier otro cereal, un dato clave para la salud ósea y el fortalecimiento de dientes y músculos. A esto se suma su contenido de magnesio, hierro —incluso en mayor proporción que las espinacas—, zinc y selenio, minerales que contribuyen al buen funcionamiento del sistema inmunológico y al equilibrio general del organismo. Como si fuera poco, sus proteínas tienen un alto valor biológico, ya que contienen todos los aminoácidos esenciales en proporciones óptimas, lo que favorece una mejor absorción y aprovechamiento por parte del cuerpo.
Incluso la Universidad de Harvard reconoció su valor, puesto que en un artículo incluyó al amaranto dentro del grupo de granos integrales y pseudocereales recomendados para una alimentación saludable, por su densidad nutricional y su aporte de proteínas, fibra y minerales.
Es recomendable para personas con gran desgaste corporal y también para quienes realizan actividades intelectuales, como estudiantes. Su bajo índice glucémico, junto con los hidratos de carbono complejos, la fibra y las proteínas, da un aporte constante de energía al cerebro y mejora la concentración.
Contribuye a regular el colesterol en sangre y aporta grasas de buena calidad, principalmente poliinsaturadas. Además, contiene compuestos fenólicos con efecto antioxidante y betasitosterol, que ayudan a reducir el colesterol y también resultan útiles en casos de hiperplasia benigna de próstata.
Gracias a la combinación de calcio, magnesio y fósforo, ayuda a fortalecer el sistema óseo y a prevenir problemas como la osteoporosis.
Contiene escualeno, una sustancia antioxidante con efecto protector sobre la piel, el sistema circulatorio y los intestinos, que durante años se obtuvo del hígado de tiburón y hoy se valora especialmente en su versión vegetal.
Aporta hidratos de carbono de buena calidad, no contiene gluten y tiene bajo índice glucémico, por lo que es apto para personas celíacas y también puede ser incorporado por personas con diabetes dentro de una dieta equilibrada.
Su alto contenido en fibra contribuye al buen funcionamiento del intestino y al cuidado de la microbiota, favoreciendo la salud digestiva.
Es importante recordar que, antes de incluir cualquier nuevo alimento a su dieta, consulte con un médico especialista.


