La violencia vicaria se ha convertido en una de las expresiones más complejas y devastadoras de la violencia de género en México. Este tipo de agresión no se ejerce directamente contra una persona, sino a través del daño, la manipulación o la sustracción de sus hijas e hijos, con el objetivo de causar sufrimiento emocional, control y sometimiento. Aunque aún no está tipificada en la legislación nacional, su reconocimiento legal avanza y ya existen casos judiciales que han marcado precedente en entidades como Coahuila.
De acuerdo con el dictamen aprobado por la Cámara de Diputados en marzo de 2023 para reformar la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la violencia vicaria es toda acción u omisión cometida contra una mujer por parte de quien tenga o haya tenido una relación de pareja, con la intención de causarle daño mediante el uso de sus hijas e hijos.
Este tipo de violencia busca romper el vínculo materno-filial, generar desapego y provocar afectaciones emocionales profundas, tanto en las mujeres como en niñas, niños y adolescentes.
Especialistas señalan que la violencia vicaria puede presentarse de distintas formas, entre ellas:
En muchos casos, el agresor busca forzar el contacto con la madre o someterla mediante el incumplimiento deliberado de sus responsabilidades parentales.
Las consecuencias de la violencia vicaria son profundas. Las mujeres pueden desarrollar cuadros de ansiedad, depresión, aislamiento social y trauma psicológico. En el caso de niñas y niños, la exposición a este tipo de violencia afecta su desarrollo emocional, su sentido de seguridad y sus vínculos afectivos.
Organismos de derechos humanos advierten que este fenómeno suele pasar desapercibido, ya que se disfraza de conflictos familiares o disputas legales, cuando en realidad constituye una forma grave de violencia de género.
Actualmente no existe un registro oficial que cuantifique el número de víctimas de violencia vicaria en el país. No obstante, organizaciones como Cimacnoticias han documentado que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) brindó acompañamiento a al menos 150 mujeres víctimas en 2022.
Por su parte, la Secretaría de Salud registra casos de violencia contra niñas, niños y adolescentes atendidos en hospitales, aunque sin clasificar específicamente si se trata de violencia vicaria.
En enero de 2024, un juez de control en Saltillo, Coahuila, vinculó a proceso a una mujer por violencia familiar en su modalidad de violencia vicaria, en lo que se considera el primer caso de este tipo en la entidad.
La Fiscalía argumentó que los hijos fueron utilizados como medio para causar daño emocional al padre, mediante la negación reiterada del contacto y conductas orientadas a romper el vínculo paterno-filial. El caso se sustenta en el artículo 251 del Código Penal de Coahuila, que ya reconoce la violencia vicaria como una modalidad de violencia familiar.
Aunque colectivos feministas y especialistas celebran el avance en el reconocimiento de esta violencia, algunas organizaciones advierten sobre el riesgo de judicializar conflictos familiares complejos sin un análisis integral.
A nivel nacional, la violencia vicaria aún no está tipificada, pero el decreto aprobado en 2023 podría publicarse próximamente, lo que abriría la puerta a su reconocimiento formal y a una mayor protección para mujeres, niñas y niños.


