El 26 de diciembre de 2022, día de San Esteban, Hanif Kureishi (Bromley, Inglaterra, 1954), uno de los autores neurálgicos de su generación y exponente notable de la literatura angloindia, sufrió un episodio doméstico en cierto modo absurdo, pero no por ello menos terrible: bebía una cerveza mientras la TV proyectaba imágenes de su archirrival futbolístico –el Liverpool, siendo él hincha del Manchester United-, y de un instante a otro, sin que nada lo anunciara, se desvaneció y terminó en el piso. La anécdota no merecería mayor atención, de no ser porque la caída tuvo consecuencias demoledoras: Kureishi despertó con el cuello contorsionado, en medio de un charco de sangre y sin poder controlar una sola parte de su cuerpo. “Me había disociado de mí mismo”, escribiría apenas unos días más tarde.
Y es precisamente ese el desafío que se le impuso brutalmente al autor de El buda de los suburbios: no permitir que su nuevo estado, la tetraplejía a la que tres años más tarde continúa dándole pelea –haciendo cada mes pequeños avances para recuperar al menos parte de la movilidad de sus miembros-, lo convirtiera cien por cien en alguien diferente.
La reacción de Kureishi, hay que decirlo, fue inmediata, sorprendente incluso para quien ha dado de sobra muestras de un vigoroso carácter: desde el hospital –el primero de varias instituciones que lo alojaron en Roma y luego en Londres-, comenzó a dictarle a su pareja Isabella y a sus hijos un registro pormenorizado, de a ratos desgarrador, de lo que sentía, de sus temores, de sus deseos casi desesperados, y al mismo tiempo de una suerte de espontáneo balance de vida que se le impuso sin que pudiera o tuviese razones para evitarlo.
Este libro, entonces, titulado en castellano A pedazos, es la suma de esas reflexiones, del primer año de ese combate que en mayor o menor medida quizá no vaya a terminarse nunca. El viejo socio de Stephen Frears, el escritor que escandalizó a medio mundo desnudando una de sus relaciones y maquillándola con unos mínimos trazos para convertirla en ficción, entrega aquí todo lo que le queda, sin retacear el odio –para con el destino, para con el azar que lo eligió a él en lugar de cualquier otro- pero tampoco el agradecimiento, sin dejar de conmoverse una y otra vez por todos los que lo apoyaron y siguen haciéndolo.
A pedazos es varios libros al unísono. Una crónica feroz, sin duda, pero también la involuntaria autobiografía de un escritor que se ha ganado el derecho de ocupar un pedacito del centro del mundo. Y también es, si se quiere, el primer eslabón de una cuenta regresiva; una con un final abierto, que acaso muy pocos se hubiesen atrevido a imaginar.
A pedazos
Hanif Kureishi
(Anagrama)
Traducción de Mauricio Bach
250 páginas
$ 41.900

