Es tiempo de Carnaval. En Europa (donde estas fiestas nacieron de la mano de las Saturnalias), aún signados por el frío. Entre nosotros, beneficiados por un calor que -cosas de la vida vista desde el hemisferio sur- pareciera llevarse mejor con esta tradición más bien jocosa, descontracturada, incluso licenciosa. Pero aquí tenemos, bien abrigados y prestos para rendir honores a la ocasión, a varios “Joaldunak” navarros, engalanados con gorros y abrigos de piel. Cada uno lleva dos cencerros ajustados en la espalda, destinados a hacerse oír entre bailes, cantos (y seguramente entre más de un trago). Durante los tres días que dura el carnaval de la ciudad de Ituren, al norte de España, se intenta preservar el sentido telúrico del festejo: celebración del cambio de estación, de la renovación entre siembra y cosecha, y de la existencia como un ciclo que nos incluye y supera.


