Hoy, 18 de febrero, se celebra el Miércoles de Cenizas. En esta fecha, todos los fieles católicos comienzan la Cuaresma, que concluye con la Semana Santa.
Se trata de una fecha de suma importancia para la Iglesia católica en la que la ceniza simboliza la humildad ante Dios y la reflexión y arrepentimiento de los pecados.
Al igual que lo que sucede en los viernes de la Cuaresma, es un día en el que rige la abstinencia de comer carnes y una oportunidad para ofrecer a Dios un sacrificio en pos de lograr una conversión espiritual.
Para conmemorar el Miércoles de Cenizas es posible compartir algunas frases referidas a la fecha o elevar una oración vinculada a este día reflexivo.
Evangelio (Mt 6,1-6.16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.
Joel (2, 12-18): Ahora dice el Señor: Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque Él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad, y se arrepiente de sus amenazas. ¡Quién sabe si él no se volverá atrás y se arrepentirá, y dejará detrás de sí una bendición: la ofrenda y la libación para el Señor, su Dios! ¡Toquen la trompeta en Sión, prescriban un ayuno, convoquen a una reunión solemne, reúnan al pueblo, convoquen a la asamblea, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial! Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, los ministros del Señor, y digan: “¡Perdona, Señor, a tu pueblo, no entregues tu herencia al oprobio, y que las naciones no se burlen de ella! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?” El Señor se llenó de celos por su tierra y se compadeció de su pueblo.

