Tras la aprobación en Comisiones Unidas del Senado del dictamen de reforma al Artículo 123 constitucional, la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales abrió un nuevo frente de debate. Más allá del anuncio, la discusión se ha centrado en el rediseño de las horas extraordinarias y en sus efectos reales sobre el tiempo efectivo de trabajo.
De acuerdo con un reporte de El Economista, un análisis técnico de la firma Loyo Pérez y Asociados advierte que la reforma, lejos de garantizar el descanso, institucionaliza una “jornada elástica” que podría extender el tiempo efectivo de trabajo hasta las 52 horas semanales, con un costo más bajo para las empresas.
En entrevista con El Economista, Jorge Loyo, especialista laboral y socio director de la firma, señaló que el dictamen presenta una “esquizofrenia jurídica” que pone en riesgo la salud ocupacional del trabajador mexicano.
Más horas extra, pero más baratas
El punto del análisis radica en el impacto económico del exceso de jornada. Bajo el marco vigente, después de la novena hora extra el pago debe ser triple. Con el dictamen aprobado, esa frontera se recorre. El especialista explicó:
Como anteriormente reportamos en Xataka México, el Senado aprobó en lo general y en lo particular la reforma que reducirá la jornada de 48 a 40 horas, pero mantiene el esquema de seis días de trabajo por uno de descanso. El dictamen establece que por cada seis días laborados deberá disfrutarse al menos un día de descanso con goce de salario íntegro, sin fijar explícitamente un modelo de cinco días laborales por dos de descanso.
Además, la transición será gradual hasta 2030: en 2026 se mantendrán las 48 horas; en 2027 bajará a 46; en 2028 a 44; en 2029 a 42; y finalmente en 2030 se alcanzarán las 40 horas semanales. También se amplía el límite de horas extraordinarias de nueve a 12 por semana, pagadas al doble dentro del tope legal y al triple si se excede.
Presión financiera y posible subregistro
Otro de los flancos débiles detectados por Loyo Pérez y Asociados es la ausencia de incentivos fiscales. Según su análisis, al reducir el tope de horas ordinarias manteniendo el mismo salario, el costo por hora para las empresas se incrementa de manera inmediata en 20%. Para Jorge Loyo, esa presión financiera, sumada a la implementación gradual, podría empujar a pequeñas y medianas empresas hacia el subregistro laboral.
Como también informamos, la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur) advirtió que la reducción podría representar un impacto de hasta 66,000 pesos por trabajador para los negocios, principalmente por ajustes fiscales y mayores cargas sociales. Su presidente, Octavio de la Torre, afirmó:
Descanso en horas, no en días
Aunque el dictamen busca alinearse con estándares de la Organización Internacional del Trabajo, el especialista entrevistado por El Economista señaló que se ignoró la salvaguarda de las 11 horas de descanso consecutivo entre jornadas.
En el debate legislativo, la propuesta para establecer dos días obligatorios de descanso fue rechazada. Legisladores de oposición calificaron la reforma como “insuficiente” o una “justicia a medias”, al no blindar constitucionalmente el esquema cinco por dos.
Desde la mayoría se ha defendido la gradualidad como un mecanismo para dar certidumbre económica y evitar impactos abruptos. Sin embargo, colectivos laborales y especialistas advierten que medir el descanso en horas y no en días podría mantener semanas laborales de seis días con redistribución flexible. Loyo concluyó:
La discusión ahora avanza hacia la Cámara de Diputados. Sobre el papel, México camina hacia la semana de 40 horas. En la práctica, el debate está en si ese límite será real o si la jornada efectiva podrá llegar hasta las 52.








