“Como todo desafío, la sustentabilidad enfrenta algunos temas que la limitan, sin dudas uno de ellos es el financiamiento. El talento, la tecnología y la forma de alinearlo con el negocio están, aunque presentan sus desafíos. Hay potencial y herramientas, pero muchas veces faltan incentivos financieros”, explica Julián Costabile, socio de Sustentabilidad en SMS Buenos Aires. “En este sentido, las líneas de préstamos verdes y sostenibles otorgados por bancos locales e internacionales ayudan, aunque necesitan mucho más volumen y diferenciación con las tradicionales. Por otra parte, el mercado de bonos ‘etiquetados’ es decir aquellos cuyos fondos van a destinos específicos ligados con la sustentabilidad, existen y están bien organizados, aunque también requieren un mayor volumen de emisores. Las empresas deberían ver la gran oportunidad ofrecida por estos instrumentos para posicionarse, y en ese sentido vemos en toda la región mucha actividad. En Argentina todavía son pocos los que usan las herramientas, y sin duda 2026 será una gran momento para quienes quieran diferenciarse utilizando estos mecanismos”, considera Julián Costabile.
¿Cuál es el dilema más frecuente entre aspiraciones de sustentabilidad y realidades operativas o de mercado? ¿Hay ejemplos de cómo se está resolviendo?
Creo que uno de los dilemas que enfrenta una gestión sostenible es la alineación con el negocio y la percepción de impacto en la comunidad. Sin dudas generar un “caso de negocio” en materia de gestión sostenible es clave. Entender cómo los procesos de producción, compra, financiamiento y venta generan un impacto positivo en el menor consumo de materiales, la inclusión de pequeños proveedores, entre otros, es el ideal buscado, ya que lo hace sostenible. Sin embargo, mientras la antigua RSE migra a este concepto de sostenibilidad alineada al negocio, también ocurre que las comunidades locales y organizaciones de impacto siguen demandando un apoyo a sus objetivos, no siempre alineados con el negocio, pero igualmente muy valiosos. La caída de la cooperación internacional y menor presencia de fondeo de los Estados vuelve a presionar sobre empresas que no podrán simplemente responder “esto no está alineado con mi negocio”. Creo que es un tema que pensábamos superado, pero vuelve a la mesa de trabajo. Una posible forma de resolverlo es identificando un mapa claro de inversión social estratégica, es decir, donaciones a proyectos de organizaciones de la comunidad, pero con seguimiento y análisis de su impacto.
¿Qué oportunidades de negocio vinculadas a la sustentabilidad considera más prometedoras para los próximos años, y cuáles requieren apuestas más fuertes o cambios regulatorios para concretarse?
Creo que la apertura económica de Argentina trae oportunidades de hacer un “catch up” tecnológico, y ahí muchos sectores podrán incluir tecnología y equipos de última generación que generan ahorro energético, de materiales, o incluso de generación de energías limpias. Muchas oportunidades se abren cuando el país se integra al mundo y en cada negocio aparecen iniciativas de inversión, antes postergadas, que ahora cobran sentido económico, y también en materia sostenible. A su vez, el financiamiento de estas iniciativas aparece como la gran oportunidad de los años que vienen. Una macro ordenada y acceso a fondos internacionales especializados en estos temas, permiten pensar a empresas de agro, industria, construcción sostenible y otras, en recibir financiamiento a 7 o 10 años. Deberán estar bien preparadas para medir su impacto ambiental o social, pero sin duda el acceso a este nuevo perfil de inversores lo vale.
En un contexto en el que discursos globales -y locales- cuestionan la urgencia o la legitimidad de la agenda sostenible, ¿qué impacto percibe en la toma de decisiones empresariales?
Vemos que se abre una discusión más honesta sobre el tema, quienes no tengan incentivos ni demandas concretas podrán evaluar con más libertad hasta dónde impulsar una agenda de negocios sostenibles en su organización. Y resulta interesante porque desde esa mayor libertad de decisión (no estoy “obligado” a ser verde por regulación) vemos muchas más empresas interesadas en consolidar sus estrategias y darles un sentido para sus empleados, clientes y comunidad. Se dan cuenta de que no es por obligación sino por consolidar una estrategia coherente de largo plazo que deben organizar bien sus prioridades y metas en este tema. Creo que viene un tiempo más rico, de menos conversación sobre regulaciones y más sobre impacto y creación de valor.
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