La Cuaresma cambia la mesa en muchas casas mexicanas. Se compra más pescado, más marisco y también se repiten recetas que parecen fáciles hasta que salen mal: camarón chicloso, salsa demasiado ácida, pepino aguado o un picor que tapa todo. El aguachile entra en esa categoría. Tiene fama de ser rápido, pero exige atención.
Bien hecho, es un plato fresco, preciso y con carácter. No necesita una cocina larga, pero sí decisiones correctas: qué camarón usar, cómo limpiarlo, cuánto tiempo dejarlo en el limón y cuándo mezclar la salsa para que no pierda fuerza. El punto de partida: el camarón
El aguachile depende del camarón mucho más de lo que depende del chile. Si el producto está viejo o mal descongelado, no hay salsa que lo rescate.
Lo ideal es usar camarón crudo, firme y de olor limpio. Puede ser fresco o congelado; si es congelado, conviene descongelarlo lentamente en refrigeración y escurrirlo muy bien antes de usarlo. Si suelta agua, diluye la preparación.
Para un aguachile casero que rinda para 2 a 4 personas, funciona bien trabajar con 500 gramos de camarón mediano.


