“Este refugio funciona como una navaja suiza: es pequeño y compacto, pero tiene todo lo necesario”, cuenta el arquitecto Chris Collaris, de i29 architects, sobre Lounge Lodge, la tiny house escondida entre la vegetación del parque RCN de Noordster, cerca de Dwingeloo, en los Países Bajos.
“Trabajamos junto a Jatin Chaletbouw, constructor de este tipo de viviendas, en un proceso súper colaborativo que nos permitió afinar cada detalle sin exceder un presupuesto ajustado. Partimos de un sistema constructivo que ambos conocíamos bien, pero quisimos ir un paso más allá: probar pequeñas variaciones dentro de ese mismo lenguaje para darle carácter propio, simple pero con intención”, remarcó Collaris.
Ubicada en un entorno verde y sereno, esta tiny house aparece como un refugio compacto que sorprende por la eficiencia de su diseño y la calidad de la experiencia que propone. Construida sobre una leve elevación, el volumen se orienta hacia el paisaje y establece una relación directa con la naturaleza que la abraza.
Aunque cuenta con solo 20 m², su interior está resuelto con una lógica impecable: una cocina completa, un estar íntimo, una mesa plegable y un área de descanso conviven sin competir entre sí, demostrando que el confort no depende de los metros cuadrados, sino de decisiones inteligentes y bien pensadas.
La interacción entre interior y exterior es central en el proyecto, expresada a través de un gran ventanal corredizo orientado al sur. “El color verde del exterior no solo ayuda a que la vivienda se funda con el entorno: al atravesar ese límite, siempre aparece en la mirada y acerca aún más la naturaleza hacia adentro. Es casi un degradé que va del interior al exterior”.
Si algo tenía claro el arquitecto era que las habitaciones y el baño debían ser lo más compactas posible. “Elevamos la altura interior tanto como pudimos —sin exceder lo necesario para poder trasladar el lodge en un tráiler— y esa ganancia en verticalidad fue lo que permitió sumar una segunda habitación”, recordó.
Otro desafío era resolver cómo acceder al entrepiso con tan poco espacio disponible. La solución fue integrar una mini escalera dentro del mueble de cocina, con un giro que permite subir de manera cómoda pese a su tamaño reducido. “Es realmente pequeña, pero muy divertida de usar. ¡A mis hijos les encanta!”, confesó entre risas el arquitecto.
El entrepiso, ubicado sobre la zona de descanso y el baño, suma un segundo lugar para dormir y aporta una sensación de capas que amplía visualmente el interior. Gracias a ese recurso, la tiny house puede alojar hasta cuatro personas sin perder fluidez. Compacta por fuera y sorprendentemente generosa por dentro, muestra cómo un formato mínimo puede convertirse en un refugio contemporáneo pensado para el bienestar.



